La tarde de ese miércoles en el Cementerio de Mármol era nublada y con viento fuerte, haciendo que el frío se calara hasta los huesos.
A distancia, se veía un grupo de personas vestidas todas de negro y escuchaban atentamente las palabras de consolación que un reverendo ofrecía a los familiares y amigos por el eterno descanso de Susana Granchester.
La pecosa se fue acercando a ellos pausadamente.
Podía ver que al frente y de pie, estaba Terrence con rostro totalmente serio; su madre Eleanor sentada a lado derecho de él y le sostenía su mano, y a dos asientos de ella... lloraba desconsoladamente la señora Marlowe.
Candy no quiso llegar e interrumpir, por ende, optó por quedarse a cierta distancia desde donde podía escucharlo todo, hasta las gotas de lluvia que también dijeron presente.
Media hora más tarde, el reverendo dio por finalizada la ceremonia, y conforme se acercaba a Terrence para darle el pésame, el grupo comenzó a esparcirse, quedándose solamente en el lugar, unas cuantas personas.
Candy aprovechó que la demás gente se retiraba para acercarse a los afectados; y la primera en verla fue la señora Baker que caminó hacia su encuentro para recibirse cariñosamente y envolverse en un fuerte abrazo.
— Gracias por venir, querida.
Las damas, también besaron sus mejillas.
— No, señora Baker, gracias por avisarme.
Candy sostuvo la mano de la diva mientras ésta sonreía y acariciaba el rostro de la pecosa.
El castaño, el cual se estaba despidiendo de Robert Hathaway, la distinguió; y con un simple movimiento de cabeza, le agradeció su presencia.
Luego, animándose, Candy se acercó hasta la señora Marlowe para decirle sinceramente:
— Siento mucho la pérdida de su hija.
La mujer aquella, por supuesto, no supo quién era la rubia, por lo tanto, respondía tristemente:
— Gracias a usted por acompañarnos.
De pronto, se quiso saber:
— ¿De dónde conoció usted a mi hija? porque nunca le había visto antes — aseveró.
— B-bueno, de... — Candy tartamudeó.
Al segundo siguiente de recuperado valor, ella contestaba:
— Desde hace mucho tiempo, pero no creo me recuerde.
La señora Marlowe hizo una mueca de sonrisa; y de repente...
— Tía — irrumpió un jovencito como de 15 años; — será mejor que nos marchemos, ya nos esperan en el auto.
La mujer obedeció a su sobrino sin siquiera despedirse ni de la mujer que tenía enfrente ni de nadie más.
Y así como una vez apareciera en la vida de Terrence Granchester, del mismo modo partió, olvidándose con ello y por completo hasta de su propio nieto.
Mientras la pecosa observaba cómo la señora Marlowe se perdía por el camino, también sintió la presencia de alguien a su costado y se giró para mirarle cuando la saludaba:
— Hola, Candy, agradezco mucho que hayas podido acompañarnos.
Terrence prestó atención a lo mismo que la rubia hubo estado mirando.
— No hay nada qué agradecer, Terry.
Éste al escuchar su nombre, buscó los ojos verdes de la mujer que tenía a lado para informarle:
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NAVIDAD SIN AMOR
FanfictionCorría el año 2009; año en el que empecé a formar parte del Mundo de Candy Candy. Terryfics, un yahoo grupo en aquel entonces, abrió una convocatoria en el que me animé a participar. Lo hice con un minific titulado NAVIDAD SIN AMOR que luego de habe...
