Capítulo 5 parte C

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La tarde de ese miércoles en el Cementerio de Mármol era nublada y con viento fuerte, haciendo que el frío se calara hasta los huesos.

A distancia, se veía un grupo de personas vestidas todas de negro y escuchaban atentamente las palabras de consolación que un reverendo ofrecía a los familiares y amigos por el eterno descanso de Susana Granchester.

La pecosa se fue acercando a ellos pausadamente.

Podía ver que al frente y de pie, estaba Terrence con rostro totalmente serio; su madre Eleanor sentada a lado derecho de él y le sostenía su mano, y a dos asientos de ella... lloraba desconsoladamente la señora Marlowe.

Candy no quiso llegar e interrumpir, por ende, optó por quedarse a cierta distancia desde donde podía escucharlo todo, hasta las gotas de lluvia que también dijeron presente.

Media hora más tarde, el reverendo dio por finalizada la ceremonia, y conforme se acercaba a Terrence para darle el pésame, el grupo comenzó a esparcirse, quedándose solamente en el lugar, unas cuantas personas.

Candy aprovechó que la demás gente se retiraba para acercarse a los afectados; y la primera en verla fue la señora Baker que caminó hacia su encuentro para recibirse cariñosamente y envolverse en un fuerte abrazo.

— Gracias por venir, querida.

Las damas, también besaron sus mejillas.

— No, señora Baker, gracias por avisarme.

Candy sostuvo la mano de la diva mientras ésta sonreía y acariciaba el rostro de la pecosa.

El castaño, el cual se estaba despidiendo de Robert Hathaway, la distinguió; y con un simple movimiento de cabeza, le agradeció su presencia.

Luego, animándose, Candy se acercó hasta la señora Marlowe para decirle sinceramente:

— Siento mucho la pérdida de su hija.

La mujer aquella, por supuesto, no supo quién era la rubia, por lo tanto, respondía tristemente:

— Gracias a usted por acompañarnos.

De pronto, se quiso saber:

— ¿De dónde conoció usted a mi hija? porque nunca le había visto antes — aseveró.

— B-bueno, de... — Candy tartamudeó.

Al segundo siguiente de recuperado valor, ella contestaba:

— Desde hace mucho tiempo, pero no creo me recuerde.

La señora Marlowe hizo una mueca de sonrisa; y de repente...

— Tía — irrumpió un jovencito como de 15 años; — será mejor que nos marchemos, ya nos esperan en el auto.

La mujer obedeció a su sobrino sin siquiera despedirse ni de la mujer que tenía enfrente ni de nadie más.

Y así como una vez apareciera en la vida de Terrence Granchester, del mismo modo partió, olvidándose con ello y por completo hasta de su propio nieto.

Mientras la pecosa observaba cómo la señora Marlowe se perdía por el camino, también sintió la presencia de alguien a su costado y se giró para mirarle cuando la saludaba:

— Hola, Candy, agradezco mucho que hayas podido acompañarnos.

Terrence prestó atención a lo mismo que la rubia hubo estado mirando.

— No hay nada qué agradecer, Terry.

Éste al escuchar su nombre, buscó los ojos verdes de la mujer que tenía a lado para informarle:

NAVIDAD SIN AMORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora