Capítulo 2 parte A

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"¡Abuela! ¡Abuela! ¿Dónde estás?" comenzó a gritar el pequeño Kyle desde el momento en que su padre abriera la puerta de la Mansión Baker; y precisamente abriéndose paso entre las piernas del castaño, el pequeño emprendió la carrera hacia el interior de aquel hogar.

Terrence rió divertido de ver al chiquillo entrar y salir por todas las habitaciones de aquella casa sin éxito alguno.

— ¡Kyle, ven! Déjame quitarte el abrigo — solicitó el guapo hombre.

En cambio, el hijo le prestó la menor de las atenciones, ya que el pequeño tenía una misión.

Entonces, el mismo Kyle comenzó a deshacerse de su propia vestimenta: guantes, boina, bufanda y al último, el pesado abrigo sin detenerse para nada, haciendo que la pobre mucama corriera detrás de él atrapando las prendas que el chiquillo arrojaba por doquier ya que nada detenía su emocionada carrera ni la búsqueda de su querida abuela paterna.

En eso, una voz dulce contestaba al llamado urgente fingiendo molestia:

— Pero, ¿quién es el que grita tanto? Quisiera yo saber.

— ¡Abuela Eleanor! — volvió a gritar el niño cuando distinguió la presencia de la elegante dama parada sobre el umbral de la puerta del despacho y mostrándole la más maternal de sus sonrisas.

— ¡Mi niño querido! ¡Ven, aquí!

Ni tardo, el chiquillo corrió nuevamente hasta el otro extremo de la sala para arrojarse a los brazos de la hermosa mujer y llenarle el rostro con infinidad de besitos.

La Diva Baker que ya no tenía la misma fuerza de antes, trastabilló un poco ante el impulso atrabancado de su bello ángel.

Terrence, al ver eso, reaccionó rápidamente; y corrió para tomar a su madre en brazos y sostenerla, llamándole la atención a su pequeño torbellino y poniendo en su rostro un gesto fruncido:

— ¡Kyle! Te he dicho que con tu abuela debes tener más cuidado, hijo.

— No lo regañes, Terry.

La dama abrazó a la criatura afirmándole a su unigénito:

— Adoro que mi chiquillo sea tan efusivo.

— Perdón, papá. Perdóname, abuelita.

El niño corrigió su falta mientras estiraba los brazos hacia los de su padre para que éste lo pusiera en el suelo.

— No te preocupes, cariño.

Eleanor le sobó la cabecita.

— Tú puedes hacer lo que quieras de tu abuela.

El chiquillo ya no respondió y mejor dirigió sus pasos hacia el enorme árbol de Navidad que la señora Baker había ordenado se instalara precisa y exclusivamente para su nieto.

Padre y abuela notaron que el niño no tocaba nada; sólo miraba asombrado los hermosos adornos que de aquel árbol pendían.

Posteriormente, los adultos observaron como el chiquillo cruzaba sus piernitas y se sentaba sobre ellas lentamente en el piso quedando de frente al árbol navideño.

Sin embargo, la famosa actriz percibió en el pequeño cierta nostalgia; por ende, preguntaba con preocupación a su compañero de oficio.

— ¿Qué pasa, hijo? ¿Qué tiene Kyle?

Terrence no respondió de inmediato, sino que la tomó del brazo y la alejó un poco de ahí para que su hijo no escuchara lo que estaba por compartir.

— Susana al parecer no se ha sentido bien —, él había hecho una mueca llena de ironía, — y ordenó que no se pusiera ningún tipo de adorno de estos — señaló mirando al árbol y luego alrededor de la casa.

— ¡Pero...!

Eleanor alteró la voz; y Terry le hizo la señal de guardar silencio; más, su madre no aguantó y estalló diciéndole bajamente:

— ¡¿Qué le pasa a esa mujer?!... ¡Kyle es un inocente, no puede hacerle eso! Además, de que sus problemas entre ustedes dos no tienen nada que ver con él.

— Al parecer ella no lo ve así. Además...

El castaño se quedó callado por breves momentos mirando el angustiado rostro de su madre que parecía percibía la mala noticia que estaba a punto de darle:

— Creo que... regresaré a casa.

— ¡¿Qué estás diciendo, Terry?!

Y ahí ¡sí! se enojó la Baker al indagar:

— ¡¿Por qué?!

El actor enmudeció, se encogió de hombros, respiró profundo y volvió su mirada hacia su hijo para decir con verdad:

— Por él.

— Pero, hijo —, le reprocharon. — ¿Estás seguro? Yo creo que sólo le harás más daño a la criatura si haces eso. Tus discusiones con Susana son cada vez más fuertes; ella ya no tiene prudencia alguna. Aún recuerdo esa última cena tan embarazosa que te hizo pasar delante de Robert y toda su familia; y ¿acaso le importó que hubiera invitados para hacerte ese gran escándalo? — preguntó y solita respondía: — No.

— Sí, madre, tienes razón; pero todo sea por la felicidad de mi hijo.

— Hijo — lo llamó precisamente la mujer abrazándolo y sintiendo más pena por la infelicidad del suyo propio.

— ¿Abuela? — interrumpió el chiquillo la muestra de afecto. — ¿Cuál es mi regalo? No lo veo — dijo el niño con angustia y mirando hacia los obsequios.

— ¡AH! — exclamó la mujer dejando de lado su pesar para sonreírle divinamente a su nieto: — Esa es una buena pregunta, que sólo tú, jovencito, descubrirás. Pero vayamos a sentarnos, hijo — hizo referencia a Terry, — para que le demos algunas pistas a Kyle y pueda encontrar su regalo.

Acto seguido, la dama tomó la pequeña mano del chiquillo y avanzaron hacia donde estaba el árbol mientras que el castaño les siguió, pero él se desvió hacia la sala.

En el suelo, la abuela increíblemente se sentó al lado del niño en frente de todos los envoltorios.

En cambio, Terrence se acomodó en el gran sofá observándoles cuando comenzaban a tomar cada una de las cajas, y Eleanor fingía descubrir el regalo del pequeño.

La mucama entró con un servicio de té y sirvió una taza para el actor que recibió agradecido.

De pronto, Terry, comenzó a recorrer el árbol de Navidad y perdió su mirada en la estrella de Belén que estaba en la punta de éste.

Sin ninguna dificultad, Eleanor se levantó, se acercó a su hijo y se sentó a su lado; y desde ahí, los dos observaban muy sonrientes de la felicidad que Kyle les proyectaba en lo que trataba de abrir la gran sorpresa.

NAVIDAD SIN AMORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora