Capítulo 3 parte D

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La cortina de color café que colgaba de una ventana amplia era corrida para dar paso a la claridad del día alumbrando así toda la habitación.

La mujer que yacía sobre la cama, fue despierta por el destello brillante del sol de esa mañana de Navidad que se colaba y se posaba sobre su cara.

— ¡Feliz Navidad, amor! Buenos días — saludó Bryan conforme se sentaba a la orilla de la cama para tomar la mano de la rubia y besársela.

— ¿Cómo te sientes? — preguntó interesado al que le desearon:

— Feliz Navidad, Bryan. ¿Qué hora es? — cuestionó la rubia tallando sus ojos por la molestia del resplandor.

— Las 10 de la mañana, floja. Anda, vístete que ya he ordenado el desayuno.

— No te sentí llegar anoche — aseveró la mujer mientras se apoyaba sobre sus codos y veía que su prometido se acercaba a la puerta para salir.

— De hecho... vengo llegando — él informó. — Me quedé en casa de mi madre, ¿sabes? Es que la fiesta terminó muy tarde y, como me dijiste que querías descansar, no quise interrumpir tu sueño — había dicho comprensivo. — Espero que no te moleste eso.

La rubia se enderezó y salió de la cama tomando su bata y cuestionando:

— ¿Por qué habría de molestarme? Estuviste con tu madre, ¿o no?

— Sí, claro.

— Bien — dijo la rubia acercándose a la puerta del baño. — Dame unos instantes y te alcanzo en el comedor.

Asentida una cabeza, ella ingresó al cuarto privado.

Diez minutos más tarde, la pecosa salió de sus aposentos; se dirigió a su prometido el cual en cuanto la vio venir, se levantó de su asiento para ayudarle con la silla.

Candy se acercó a él y le dio un ligero beso en los labios mientras le extendía un regalo:

— Feliz Navidad.

— Oh, gracias, linda — se emocionó el pelirrojo que se disculpaba: — El tuyo no lo traje conmigo, pero hoy en la tarde, en casa de mi madre, te lo entregaré.

— No te preocupes por eso.

Candy verdaderamente no le dio la menor importancia; y lo demostraría al saborear:

— Mmm, ¿qué ordenaste para desayunar?

— Un delicioso omelette de espinacas, jugo de tomate y pan integral... ¡está delicioso!

Ese menú que aquél le ofreciera estaba delicioso para él, para ella no, y por supuesto, respingaría:

— ¡Bryan, yo no quiero eso! ¡yo quiero comer panqueques, tocino, huevos, papas fritas, catsup!

— ¡Candice! ¡Qué horror! — expresó el chocante. — ¿Qué clase de desayuno es ese? No, no, señorita, usted debe comer nutritivamente. Quiero que mis futuros hijos nazcan sanos y muy fuertes. Así que, anda come y no te quejes más — ordenó el pelirrojo conforme le besaba su cabellera rubia y después se acomodaban cada uno en su lugar.

Pero Candice sólo miraba su plato con verdadera cara de descontento. Seguido, alcanzó la jarra de café, sirvió un poco y preguntaba:

— Bryan ¿no trajiste el diario de hoy?

— Sí, lo dejé en la mesa del recibidor; pero, aliméntate primero... ya después lo leerás — volvieron a ordenar.

La rubia obedeció de mala gana; sus ojos se posaron nuevamente sobre su plato; y tomando el tenedor comenzó a picar la comida y no le quedó de otra más que...comer.

NAVIDAD SIN AMORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora