Capítulo 7

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-¿Estás loco, Carlo?- El tono incrédulo en la voz del hermano mayor dejaba en claro que no creía lo que sus oídos escuchaban, esperaba que las palabras del nombrado hubieran sido una tontería y una simple broma, pero al ver la seriedad reflejada en los celestes del menor, soltó una risa irónica a la vez que chocaba la palma de su mano con su frente. -No, no puedo creer lo que estoy escuchando ¡Enloqueciste!-

-Toni, piénsalo- Habló de manera serena estacionado el coche en un callejón donde no pudieran verlos.

-He dicho que no- Contestó seriamente el rubio bajando del vehículo, alejándose a paso rápido con intenciones de no esperar a su consanguíneo y así no seguir hablando sobre aquello.

El cenizo de inmediato bajó y dio un pequeño trote hasta alcanzar al contrario, sinceramente no creía que su idea llegaría a molestar de tal manera a su mayor. Salieron por el otro extremo del callejón y procedieron a caminar en silencio las dos cuadras hasta el estacionamiento donde habían dejado su coche y así finalmente poder ir a casa.

-Pero- Probó refutar de nuevo pero fue abruptamente cortado al tomar la palabra el mayor mientras agitaba sus mano para que se callara.

-Esta bien, esta bien, déjame que lo piense otra vez... No- Inicio con un tono despreocupado mientras se hacia el pensativo para luego terminar con un rotundo no expresado de manera frívola.

-Sería más fácil todo si lo hiciéramos a mi manera- Murmuró con disgusto el cenizo, acomodándose en el asiento de copiloto y poniéndose el cinturón de seguridad una vez llegaron al coche.

-¿Más fácil? Por favor, deja de decir estupideces Carlo- Le respondió esta vez con un tono hostil que no disimulaba para nada su irritación.

-No son estupideces Toni, si lo hacemos no tendrás que sufrir más- Pronunció con tranquilidad para persuadir al más bajo.

-¡Pero tú sí!- Vociferó con cansancio el italiano mayor, volteando a verlo con preocupación manifestada en su rostro. -¿Crees que como hermano mayor puedo dejar que eso pase? ¡No puedo ni quiero permitirlo!-

El ambiente dentro del auto fue uno bastante silencioso y tenso, después de las palabras de Toni ninguno se atrevía a abrir la boca para hablar, ni siquiera a mover un solo dedo para prender la radio y terminar con aquel sofocante silencio. Podía percibirse la incomodidad del menor por su insistencia de observar a través de la ventana y no querer cruzar miradas con el contrario, mientras que con el mayor podía notarse su molestia al apretar fuertemente sus manos sobre el volante y su ceño fruncido sin quitar la vista del camino.

Varios minutos después llegaron a la gran casa de los Gambino, Toni estacionó el vehículo en la parte de afuera de la cochera y sin decir nada bajó dejando a un pensativo e incómodo rubio cenizo detrás. El rubio dio unos pasos y se detuvo para girar un poco y observar como su menor lentamente bajaba algo distraído, el primogénito de los Gambino soltó un suspiro para quitar toda tensión de su sistema y relajó sus músculos mientras esperaba que Carlo se acercara hasta él. Una vez pasó a su lado, Toni lo detuvo pasando un brazo por detrás de la ancha espalda del menor, quien ante aquella acción volteó a verle confundido y curioso.

-Este tal Pogo me fue entregado a mi, así que yo me encargaré de alguna forma de esto- Pronunció con calma sonriéndole levemente. -Y si no es así, sabes muy bien lo que debes hacer-

-No puedo hacerlo...- Murmuró bajando su cabeza, mostrando su vulnerabilidad frente a su hermano mayor.

-¿Y tú crees que yo sí?- Le dijo de vuelta formando una mueca de tristeza, el daño era inevitable con aquel ser que le obligaron a tener. -Me estás pidiendo que te pase este payaso que básicamente te destruye por dentro y que si te sales de control me veré en la obligación de lastimarte. No Carlo, no puedo, se supone que soy el mayor y debo asegurarme de cuidarte y eso haré, así que esa idea queda totalmente descartada- Decretó deteniendo sus pasos y obligando a que el más alto también frenara a un par de metros de la puerta de entrada.

El menor de los Gambino resopló admitiendo su derrota con disgusto y Toni simplemente le miró con ternura al percatarse que su hermanito se preocupaba demasiado por él hasta el punto de querer arriesgar su vida. Aunque estuvieron mucho tiempo separados, se alegraba de ver que Carlo no había cambiado demasiado y en especial que seguía con aquel afán de querer protegerlo así como él también velaba por su hermanito.

-Además confío mucho en ti y en que podrás ayudarme a tomar el control nuevamente si las cosas se complican, eres el único que puede hacerlo fratello- Le dijo con una sonrisa disipando todo el ambiente tenso de momentos antes, a la vez que llevaba una mano a los cabellos cenizos del menor para revolverlos juguetonamente.

-Esta bien- Respondió con resignación sonriendo de medio lado y agachándose un poco para que su mayor pudiera jugar con su cabello sin mucha dificultad.

-Ese es mi bambino- Le dio un corto abrazo y rápidamente se alejó pasando su brazo por la espalda del menor, a la altura de la cintura para no romper del todo la unión de hermandad, mientras el más alto pasaba un brazo sobre los hombros del rubio. -Ahora hay que buscar otro tipo de solución-

-Bueno...-

-Toni, Carlo ¿Está todo bien? ¿Hay algo de lo que deberíamos hablar?- Interrogó aquella voz firme y autoritaria cortando la conversación entre los hermanos italianos.

Los celestes del dúo rápidamente viajaron hasta donde provino la voz, viendo a su figura paterna saliendo por la puerta y observándoles con sus brazos cruzados, sus orbes celestes reflejando intriga y una ceja enarcada completaba su gesto de curiosidad ante el comportamiento de sus descendientes.

-Está todo perfectamente, padre- Respondió Toni con calma desviando su mirada con un poco de incomodidad.

Habían pasado años pero aquella mirada analítica de su padre seguía intimidándole igual a cuando era un niño pequeño. Fugazmente miró de reojo a su menor dándose cuenta que no era el único que se sentía así, ya que Carlo estaba jugueteando con sus dedos de manera nerviosa y miraba a todos lados menos al imponente Don Gambino.

El señor Gambino sin cambiar su expresión dio media vuelta para entrar nuevamente a su hogar, aunque no sin antes avisarle a sus hijos lo que había salido a decirles cuando los vio llegar. -Entremos, su madre los está esperando en la cocina-

-¿En la cocina? ¿No debería estar descansando?- Preguntó el rubio con extrañeza y un toque de preocupación, se supone que la condición de su madre era algo delicada y no debería estar haciendo esfuerzos, no comprendía como su padre había permitido que su madre no estuviera haciendo reposo.

-Al parecer, al tener a sus pequeños de vuelta en casa no sólo le mejoró el estado de ánimo, sino también un poco su salud- Pronunció con diversión al recordar que eso fue lo que su amada esposa le había dicho horas antes. Él no iba a negarle a su esposa algo que ella quisiera hacer, después de todo desde pequeños a sus hijos les había enseñado que la palabra de la señora Gambino era ley y obviamente él también respetaría aquello, no quería hacerla renegar y mucho menos deseaba verla enojada. -Vamos antes de que se moleste por hacerla esperar con la comida-

-¿¡La mamma estuvo cocinando!?- Esta vez preguntó Carlo emocionado, casi notándose pequeños destellos en sus ojos claros por la idea de probar nuevamente la comida de su progenitora.

El señor Gambino simplemente asiente como respuesta, mientras los hermanos intercambian miradas con ilusión y empiezan a correr para entrar rápidamente e ir hacia la cocina donde su madre les esperaba con esa deliciosa comida que el par tanto amaba desde pequeños, después de todo para ellos la comida de su madre era la mejor. El hombre de la casa sonríe al ver la actitud de sus hijos, siéndole inevitable el comparar aquella situación con varias escenas del pasado, las similitudes eran innegables.

Finalmente se adentró a la mansión para comer junto a su familia, aunque aquel pensamiento de que algo malo ocurría con sus hijos le dejaba intranquilo.





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