Capítulo 13

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-¿Quiénes eran?- Interrogó con intriga el señor de la casa fijando sus orbes celestes en el rostro de sus hijos.

Los cuatro miembros de la familia Gambino estaban reunidos al rededor de la mesa almorzando tranquilamente en un cómodo ambiente hasta que el silencio fue roto por la grave voz del Don de la mafia lanzando aquella pregunta al aire.

-Son dos de las mejores personas que hemos conocido en nuestra estadía en Marbella- Respondió simple el menor de los cuatro, sin quitar su atención de su plato.

-Uno empezó siendo nuestro empleado y terminó siendo nuestro más leal amigo y mano derecha- Añadió el hermano mayor con una sonrisa en su rostro al rememorar sus vivencias en aquella corrupta ciudad española y las amistades que habían forjado. -Y el otro pasó de amenazarnos constantemente con matarnos a querer incluso dar su vida por nosotros-

-Me alegra que consiguieran buenos compañeros- Comentó la rubia mujer sonriendo con felicidad.

El par de hermanos se miraron por unos segundos compartiendo una pequeña sonrisa por los recuerdos con sus compañero. Alrededor de media hora de ese mismo día habían acompañado a Igor y José al aeropuerto junto al señor Gambino quien les entregó a sus hijos el par de desconocidos para él, después del incidente en el taller el dúo Gambino reservó un vuelo a Londres para que el ruso y el español fueran a tantear el terreno y así forjar nuevamente el imperio en una nueva ciudad, un nuevo comienzo en otro país.

-Entonces otra vez se irán lejos- Murmuró algo decaída la única mujer. -Espero que se comuniquen con nosotros una vez al mes por lo menos- Reprochó

Ambos le sonrieron a su madre a manera de tranquilizarla, intentarían no perder la comunicación con sus progenitores, pero sabían que los primeros meses en aquella nueva ciudad inglesa serían algo duros para adaptarse e ir tomando posición con el tipo de trabajo que desempeñaban, el resurgir del imperio les tomaría bastante tiempo y dedicación.

-¿Cuando se van?- Interrogó el hombre clavando sus ojos celestes en sus hijos.

-Mañana- Contestó de forma directa el rubio cenizo.

-Queremos empezar nuevamente con nuestro negocio, así que nos vamos mañana mismo para no hacer esperar a Igor y a José- Informó con calma.

-De acuerdo- Respondió simple el señor de la casa, intentado que aquella naciente tristeza no se notara.

Por debajo de la mesa la mujer tomó la mano de su esposo buscando confortación tanto como para ella como para él, su hijos otra vez se irían a un lugar desconocido con un negocio bastante riesgoso, un sitio lejos de su protección. Se miraron de reojo y se sonrieron levemente, a pesar del pequeño temor por lo que ya les tocó pesar a los menores en España confiaban en ellos y en que todo estaría bien, al menos la rubia mujer se encargaría de rezar por el bienestar de sus hijos.

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El agradable viento de la tarde casi noche golpeaba con suavidad sobre el rostro del par de hermanos, habían salido a pasear una última vez por aquellas calles que hace tiempo los vieron crecer, asegurándose de llevarse consigo el recuerdo de aquel lugar que siempre fue su hogar y aún que les hubiera gustado quedarse un poco más en su bella Italia, no querían hacer esperar mucho a sus amigos.

Ya habría tiempo de volver cuando el negocio de las pirulas estuviera estable.

-Imagina Toni, la próxima vez que volvamos aquí nuestros nombres serán reconocidos y no sólo por ser hijos o nietos de un importante mafioso, sino por nuestra propia reputación- Habló con emoción el menor de los dos y con una sonrisa que llegaba hasta sus emocionados ojos claros.

-¿Crees que seguiremos juntos en el futuro?- Interrogó un poco desganado el rubio con sus orbes celestes clavados en el paisaje que ofrecía el cielo a punto de oscurecer.

-Por supuesto, estamos juntos en esto- Respondió de inmediato y sin dudar.

-Ya, pero recuerda que ahora no somos solo dos, no creo que sea seguro para ti estar cerca de mi-

-Siempre estaré contigo Toni, a menos que ambos nos cansemos del otro y queramos tomar caminos separados... Pero hasta que llegue ese momento, estaré a tu lado-

Guardaron silencio unos minutos escuchando únicamente el ruido de la ciudad y segundos después un suspiro cansino por parte del de baja estatura, ocasionando que el menor volteara a verle con un toque de preocupación destilando por sus ojos celestes.

-Ya verás que cuando estemos en Londres todo volverá a ser como antes- Tomó la palabra el rubio cenizo cruzando un brazo sobre los hombros de su consanguíneo y así atraerlo ligeramente hacia él con una pequeña sonrisa, intentando animar a su mayor.

-Si claro, solo súmale que ahora un payaso psicópata con ganas de matar a todo el mundo vive en mi cabeza y toma el control de mis acciones- Puso sus ojos en blanco girando su cabeza al lado contrario del más alto.

-Tu confía Toni, somos Gambino, estaremos bien- 

El de mayor edad respiró hondo, queriendo engañar a su mente de que todo sería como su hermano decía, ignoró las miradas de las demás personas y siguió caminando con su menor abrazándole por sus hombros, aprovecharía de estar con su hermano menor todo el tiempo posible hasta que fuera imposible mantenerse a su lado sin dañarlo. Cuando llegara el momento de que no pudiera controlar aquel ente, estaba dispuesto a alejarse lo máximo posible de Carlo, lo que menos deseaba era lastimarlo, pero mientras tanto aprovecharía de estar con él.

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-¿A dónde se habrán metido esos dos?-

-Ya son más de las tres de la madrugada y tienen un vuelo temprano mañana- Habló adormilada la rubia mujer sin abrir poder abrir sus ojos por el cansancio, al querer pasar tiempo con sus hijos no tomó en cuenta que estuvo sobre esforzándose llevándola a estar agotada.

Un lejano sonido de un móvil sonando se escuchó desde la habitación de los dueños de la casa, el hombre al reconocer el tono de llamada de su celular encendió el velador a un lado de su mesa de luz y se sentó sobre la cama matrimonial con sus pierna hacia el suelo, buscando con la mirada sus pantuflas. Aunque a los minutos el móvil dejó de sonar y posteriormente se escuchó un par de golpecitos a la puerta de la habitación.

-Disculpen señor, señora- Desde el otro lado de la puerta habló la reconocida voz del mayordomo de la familia.

-Señor Vercetti, pase- Ordenó el hombre de ojos celestes.

-Permiso, dejó su móvil en el salón y comenzó a sonar, por respeto a su privacidad no quería contestar pero la llamada era a nombre del señorito Carlo- Informó una vez entró al cuarto mirando directamente a los ojos al señor de la casa.

-Entiendo, supongo que todo está bien entonces-

-Me temo que no señor, el número era de Carlo pero la voz al otro lado de la llamada no era de él y tampoco la del señorito Toni- Aquello alarmó al matrimonio, el sueño pareció de golpe abandonar a la mujer que con esfuerzo se sentó sobre el colchón con una mirada asustada en sus orbes esmeraldas, mientras que el esposo apretaba de forma tensa su mandíbula y endureció sus facciones. -Comunicaron que llamarían de nuevo en unos minutos y que querían hablar estricta y únicamente con usted-




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La Nostra GrandezzaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora