Capítulo 5

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-Se han estado metiendo en donde no debían y por eso ahora tienen atenerse a las consecuencias-

Estaba el cielo oscurecido por la noche, aquel edificio abandonado era perfecto para el trabajito que estaban haciendo, uno donde tenían apresados a seis sujetos y que en las próximas horas dejarían de existir.

-¿Van a hablar? ¿Para quién trabajan?- Interrogó el mayor del dúo Gambino llevando su clara mirada por el rostro de todos los implicados.

La respuesta que recibió fue el mismísimo silencio y las miradas fulminantes de todos los secuestrados.

Sin tener mucha paciencia, el menor sacó un arma y con total frialdad apuntó a uno de ellos directamente a la cabeza, y sin rodeos apretó el gatillo.

Un disparo, un cuerpo cayó.

-No tenemos todo el día- Comentó el rubio cenizo con total desinterés mientras los demás intercalaban sus miradas estupefactas entre el mafioso y el cuerpo sin vida desangrándose.

-Ugh... Maldición, ahora no- Soltó en un quejido el mayor de los hermanos, agarrando con una mano su cabeza por el repentino mareo y dolor.

-¿Qué sucede?- Interrogó el menor sin quitar su vista de los demás desconocidos.

-Creo que... que quiere salir...- Informó lentamente descendiendo hasta el suelo para sentarse, veía toda la habitación dar vueltas así que cerró sus párpados para evitar el mareo.

-Perfecto- Dijo con naturalidad y sin ninguna expresión en su rostro.

-¿Cómo?- Murmuró confundido, Pogo era peligroso y Carlo lo sabía muy bien ¿Por qué su respuesta sonó como si fuera una buena noticia? No lograba comprenderlo.

-Podemos dejar que se divierta con estas escorias, déjalo salir- Comentó con desinterés, afianzando su mano en el arma de fuego por si aquel ser se descontrolaba e intentaba algo en su contra, otra vez.

Por un momento todo en la cabeza de Toni se detuvo, miró con asombro a su menor y consiguiendo tener silencio en su mente por unos segundos, hasta que después su vista se volvió a nublar y todo quedó a oscuras.

Los demás sujetos observaban y escuchaban confundidos la escena entre los hermanos, pero enseguida todos quedaron de piedra al oír una macabra y tétrica risa emanando de la boca del rubio tirado en el piso.

-Vaya vaya ¿Qué es lo que intentas?- Interrogó con su típico tono de diversión, pero con una mirada oscurecida y filosa.

-Siempre andas jodiendo con querer matar, pues adelante, diviértete con estos- Respondió el cenizo con simpleza elevando sus hombros con desinterés.

El payaso le observó en completo silencio borrando su típica sonrisa burlesca, chocando con los celestes vacíos del Gambino menor, quien con un movimiento de cabeza le señala un cuchillo que había encima de un mueble ubicado en una esquina de aquella época iluminada sala. El que controlaba el cuerpo de Toni hizo una mueca de confusión ¿Qué sucedía con aquel rubio cenizo? Normalmente se odiaban mutuamente, Pogo siempre quería salir y tener el control, y el italiano menor deseaba que se esfumara de sus vidas ¿Entonces por qué ahora decía de forma tan despreocupada que podría salir? Seguramente algo tramaba pero no importaba, Pogo se encargaría de matarlo igual.

-Ah y no quieras pasarte de listo, un solo movimiento hacia mi y te llevas el tiro asegurado en la cabeza- Informó el cenizo hacia el payaso con un sutil brillo de amenaza en sus orbes claros.

-Soy inmortal, estúpido- Recordó poniendo sus ojos en blanco con irritación. Ese sujeto le sacaba de sus casillas, quería matarlo lo antes posible.

-Ya, pero eso solo te salva de morir, no de ser torturado o sentir el dolor- Comentó formando la misma sonrisa burlona que solía hacer el payaso, consiguiendo que el contrario dibujara una expresión furiosa en su rostro.

-Voy a matarte- Amenazó entre dientes caminando hasta la mesita marrón donde descansaba el cuchillo.

-Lo lamento por ti, pero hoy no podrá ser, payaso de mierda- Dijo de forma burlista, riendo internamente al ver como las manos de su hermano se apretaban fuertemente dejando en claro el enorme enojo que ardía en el contrario.

Una vez el payaso tuvo en sus manos el cuchillo, deslizó dos de sus dedos sobre el filo de la misma y volteó en dirección a los que debía exterminar, exhaló todo el aire de sus pulmones con sus ojos cerrados y de forma inmediata volvió a abrir sus párpados con su característica y ancha sonrisa psicópata. Jugueteó un poco con la filosa arma en sus manos hasta que dejó su vista fija en uno de los secuestrados, el tipo le devolvió la mirada con duda y miedo, no entendía la actitud repentina de aquel rubio, pero no tuvo más tiempo para pensar ya que lo último que sintió fue algo filoso atravesando su cabeza, y sus ojos antes de cerrarse para siempre, vieron la sonrisa divertida del payaso a escasos centímetros.

Otro cuerpo se había desplomado sin vida en aquel sitio.

Los sujetos restantes sintieron calarle en los huesos la risa desquiciada del rubio después de matar a uno de los suyos, el payaso quitó sin cuidado alguno el cuchillo del cráneo del tipo asesinado y pasó uno de sus dedos por la hoja del arma blanca, barriendo la sangre que había quedado sobre esta.

-Pogo disfruta degustar la sangre, pero esta huele mucho a pobre y Pogo odia a los pobres- Habló con un tono cantarín que no iba acorde a su rostro sin expresión, miró de reojo a donde estaba el italiano esperando alguna reacción que le dijera que le disfrutaba lo que estaba haciendo o que estaba mal, pero se sorprendió un poco de ver que miraba todo con desinterés mientras fumaba.

Eso fue algo nuevo para Pogo, por primera vez alguien no le estaba diciendo que estaba mal matar o le intentaba detener, al contrario, sino que vio la oportunidad perfecta para dejarlo salir y que se divirtiera a su manera.

El payaso sacudió su cabeza queriendo quitar aquellas ideas de su mente, no importaba quién fuera, seguramente después le daría la charlita de moral como todos los demás. Después de todo, en palabras del payaso, nadie jamás comprendería verdaderamente a Pogo.

Dejando de lado todos aquellos pensamientos se dispuso a terminar con el trabajo y a extinguir la vida de los restantes, mientras en un rincón el rubio cenizo observaba fijamente los movimientos del contrario, pasando por su mente que quizás no era del todo malo que estuviera Pogo con su hermano. No tendría que preocuparse nunca más porque atentaran contra su mayor y muy dentro suyo sentía que existía la mínima posibilidad de que tal vez Pogo podría terminar aceptando a la familia y ayudaría a alcanzar el gran futuro que deseaban el par de hermanos.

Quizás por primera vez deberían tener una charla donde no se amenazaran mutuamente en cada oración que dijeran.






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