1. midlife crisis (Preview)

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Clay Felker era un editor aclamado, conocido por su buen ojo y su agudo ingenio, pero también era un hombre de carácter cuestionable

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Clay Felker era un editor aclamado, conocido por su buen ojo y su agudo ingenio, pero también era un hombre de carácter cuestionable.

En primer lugar, contrató a Olivia Wagner, recién graduada en Periodismo, porque le había llamado la atención por su aspecto físico, en concreto, por sus piernas bien torneadas.

Le asignó la sección inmobiliaria de la revista New York, a pesar de su falta de conocimientos sobre el tema, simplemente porque creía que no podía encargarse de otro tipo de redacción debido a su falta de experiencia general. Un ejemplo paradigmático de cómo los hombres en el poder cosificaban y subestimaban a las mujeres.

Para ese punto 1971 había llegado. Olivia llevaba dos años en su puesto y estaba cada vez más cansada, por desgracia, Felker también se estaba cansando de ella.

—Señora Wagner, está despedida —, informó fríamente su secretaria a la castaña.

Felker consideraba que su trabajo era insatisfactorio, pero ¿cómo podía haber realizado un trabajo de calidad cuando se le había dado una oportunidad tan limitada?

Dos años tirados a la basura, todos esos largos días y noches trabajando sin parar desperdiciados en un trabajo sin futuro que no ofrecía espacio para el crecimiento o la creatividad. Antes de eso no había podido escribir casi nada; estaba muy ocupada cuidando a su hijo y siendo ama de casa lo que le dejaba poco tiempo para perfeccionar sus habilidades de escritura fuera de las tareas escolares. Sus sueños de ser periodista quedaron postergados hasta que logró convencer finalmente a su marido Joe de que enviara a su hijo Samuel a la guardería y entrar a trabajar porque estaban algo cortos de dinero durante su segundo año de matrimonio. Pero el destino quiso que esa oportunidad tampoco prosperara. La decepción y la frustración ardían en el interior de Olivia mientras recogía sus pertenencias de la oficina, preguntándose qué le depararía el futuro.
      
     Olivia llegó a la guardería horas antes de lo esperado. Decir guardería era solo un entendimiento, en realidad era un lugar habilitado en la sinagoga a la que asistían para que las madres sobrecargadas de trabajo pudieran dejar a sus hijos durante breves periodos de tiempo. Olivia abusaba de aquella ayuda, pero eran demasiado amables para decir algo al respecto. Verla aparecerse por ahí a esa hora sorprendió incluso a su hijo.

—¡Hola, cariño! —, dijo la mujer tomando a su hijo en brazos, ignorando por completo a las encargadas del servicio a su alrededor.  Samuel, enseguida se aferró a ella con sus brazos regordetes. —¿Listo para ir a casa?

—Pero si es hora de la siesta —, se quejó Samuel, con la carita arrugada en señal de protesta.

—Se pone de mal humor si no duerme la siesta —, dijo una de las asistentes. Olivia levantó la vista al oír sus palabras y se encontró con una brillante sonrisa.

—Ah, sí, lo sé. Es mi hijo  —, respondió Olivia, intentando sonar despreocupada mientras levantaba a Samuel sobre su cadera. —Pero puede dormir la siesta en casa, ¿verdad, Sammy? —, le pellizcó juguetonamente la mejilla. —¿Cómo estás, Sarah?

Encubierta |Led Zeppelin| | ₊₁₈|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora