Mi madre no apartaba la vista del televisor desde el incidente. Estaba tan conmocionada, porque le parecía inverosímil que algo como eso ocurriera en nuestro vecindario, y precisamente en la escuela a la que yo asistía. Ella estaba tan interesada por el tema, quería saber cada nuevo detalle, yo en cambio, quería olvidarlo todo.
Sin duda había una gran agitación, en el ambiente reinaban los gritos, el llanto y el dolor. Cada vez que entraba una cuadrilla de policías, salía otro grupo de oficiales que resguardaban a los estudiantes hasta la salida. Afuera, los servicios médicos atienden a los estudiantes que presentan crisis nerviosas. También, vi a varios padres que se arribaban al campus para saber cuál es la situación de sus hijos.
La cabeza me comenzó a dar vueltas, me sentía rebasada por la situación. Fui a buscar mi bicicleta, para regresar a casa. Pedaleé lo más rápido que pude.
Cuando llegué a casa, abrí la puerta principal de golpe, y desde el pasillo pude oír la voz de mi madre —Contesta, Ruth —llamaba insistentemente por la bocina del teléfono—. Por favor, Ruth. Su voz parecía casi una súplica.
Al verme, suspiró con alivio como si le hubiera vuelto el alma al cuerpo. —¡Ruth! —gritó con efusividad y me dio un cálido abrazo—. Gracias al cielo estás bien.
—¿Por qué no me contestabas? —preguntó, aunque me parecía más un reproche—. Estaba preocupada.
—Los policías me sacaron tan rápido que no pude tomar mi mochila ni mi celular —le expliqué.
—Qué bueno que estás a salvo —exclamó con alivio y volvió abrazarme.
—Ruth, baja para cenar. —La voz de mi madre me sacó de mi trance.
Mi mamá preparó su especialidad: comida congelada. Todo se mantuvo en silencio hasta que ella rompió el silencio: —Pase a la escuela por tus cosas. Aquí está tu celular.
—Gracias —le dije. Pude notar que mi celular estaba apagado, seguramente se había quedado sin batería.
—Ruth, todo esto debe ser terrible para ti —comentó mi madre acercando su silla a la mía—. Si quieres un hombro para llorar o simplemente alguien que te escuche, sabes que cuentas conmigo para lo que necesites.
—Gracias —Separaba los chícharos del resto de la comida. Nunca me gustaron.
Después volvimos al silencio, hasta que el sonido de la televisión captó la atención de mi madre —Mira están diciendo algo —dijo señalando al televisor. —Sube el volumen —me pidió.
AYER LE INFORMAMOS DEL TRÁGICO TIROTEO OCURRIDO EN EL INSTITUTO COLUMBUS. LAS AUTORIDADES HAN DADO A CONOCER MÁS DETALLES. SE SABE QUE AL MOMENTO HAN FALLECIDO CUATRO PERSONAS, DOS ESTUDIANTES Y DOS PROFESORES; UNA PERSONA MÁS SE ENCUENTRA HERIDA DE GRAVEDAD. EL JOVEN QUIEN COMETIÓ ESTOS TERRIBLES ACTOS, SE QUITÓ LA VIDA.
—Elton —Un nudo se formó en mi garganta al enterarme que mi amigo se había suicidado.
—¿En serio conocías al chico que lo hizo? —preguntó, tomándome de imprevisto.
—Sí —contesté, mientras mantenía la vista sobre mi plato—. Una vez vino aquí.
Mi madre se quedó mirando a la nada haciendo memoria —Claro, ya lo recuerdo —exclamó al tiempo que chasqueaba los dedos—. Se veía buen chico —dijo con un dejo de desilusión.
Asentí.
—Ay, linda que todo esto haya ocurrido en tu escuela y que haya sido precisamente tu amigo el perpetrador, debe ser muy agobiante —exhaló con pesadez—. ¿No quieres que llame a tu psicóloga?
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Fragmentos de mi vida
Teen FictionDespués de un trágico evento que acabó con la vida de varios estudiantes; una chica ha tenido que lidiar con los señalamientos en su contra, que la culpan por la muerte de algunos de sus compañeros solo por estar relacionada con el perpetrador. Rut...
