Me lamente de no haber tenido el valor de hablar con Lukas, de darle el pésame. Recuerdo que estaba parado frente a mí, embargado por su tristeza mirándome con sus ojos llorosos. Yo sentí el impulso de abrazarlo y consolarlo. Quería limpiar las lágrimas de sus ojos con la manga de mi suéter, y decirle al oído que el tiempo aminora el dolor.
Pensé todo eso, pero agaché la mirada, no le dije nada, no hice nada, y nada pasó. Debía dejar de pensar en Lukas, su indiferencia me abruma; su desdén alimenta mis inseguridades, y me hace dudar sobre mis sentimientos. Me sentía como una tonta por fijarme en alguien que no me dirigía la palabra.
Tomé mi celular y ví que ya pasaban de las cinco, se me hacía tarde. Aun traía puesta la ropa con la que fui al funeral de Charlie, solo me solté el cabello y me cambié los zapatos por unos deportivos, y salí de mi habitación.
—Voy a salir —anuncié a mis padres, quienes estaban sentados en un sofá viendo la televisión.
—¿A dónde vas? —me preguntó mi padre. Dejó de prestar atención a la televisión y giró su cabeza para verme.
—A pasear en bicicleta —respondí—, Al parque.
— ¿Te acompañamos? —Sugirió mi madre.
—Prefiero no —contesté taimada—. Quiero ir sola.
—Ve con cuidado —dijo mi padre.
—Pero no te demores mucho —Pidió mi madre—. ¡Ponte un suéter!
No fui al parque ni al funeral de Miranda, yo pedaleé mi bicicleta en dirección a la casa de Elton, su familia le había organizado una ceremonia sencilla en casa. Su funeral no sería en una enorme iglesia o una elegante funeraria, porque ellos preferían guardar discreción para evitar represalias. Su familia había respetado el deseo de Elton de ser cremado, después llevaron sus cenizas a su casa y ahí hicieron una misa más íntima solo con familiares y amigos muy cercanos.
Mientras pedaleaba recordé lo que Elton me había dicho sobre la muerte.
—Si muero me gustaría que me incineren —me contó Elton
—¿Por qué? —pregunté con curiosidad.
—Sería como la manifestación física de lo que sufrirá mi alma.
No entendía sus palabras. —¿Qué tratas de decir? —le pregunté.
—Si existe un cielo y un infierno, supongo que me tocará estar allá abajo —dijo con pesadumbre.
—No digas eso —Fruncí el ceño, al mismo tiempo que negaba con la cabeza . —Tú eres buena persona —sonreí con calidez.
—Si tú supieras lo que pienso no dirías eso —habló sin mirarme, con los ojos clavados en el piso.
Yo no entendía qué tipo de pensamientos podría tener que lo hicieran merecer el infierno. —Yo quiero ir al cielo —le confesé.
—El cielo no es para todos —sus palabras me parecían agrias, con un tono de desolación. —No para mí —añadió con una sonrisa delineada en su rostro.
──❀•❀──
Antes de llegar a la ceremonia de Elton, pase a una florería para comprar un arreglo. La casa de los Ramsey era modesta y un poco antigua, tenía un solo nivel y un pequeño jardín delantero. Esa casa era de los abuelos de Elton, su madre, su hermano y Elton se habían mudado ahí cuando su padre los abandonó.
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Fragmentos de mi vida
Teen FictionDespués de un trágico evento que acabó con la vida de varios estudiantes; una chica ha tenido que lidiar con los señalamientos en su contra, que la culpan por la muerte de algunos de sus compañeros solo por estar relacionada con el perpetrador. Rut...
