Después de un trágico evento que acabó con la vida de varios estudiantes; una chica ha tenido que lidiar con los señalamientos en su contra, que la culpan por la muerte de algunos de sus compañeros solo por estar relacionada con el perpetrador.
Rut...
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Era sábado por la mañana y yo estaba zurciendo el vestuario de unachica de teatro, sentada en la alfombra de mi habitación. Sin querer me pinché el dedo con la aguja, instintivamente me llevé el dedo a la boca y pude saborear el sabor metálico de la sangre. Sentí en mi interior que eso era una señal de un mal augurio. Me recordó a Aurora y el incidente con la rueca, lo que pasó después fue, bueno, muy jodido
Estaba abstraída en mis pensamientos cuando, comenzó a sonar mi celular, era una llamada de Lukas. Él quería que lo acompañara a ver a Derek al hospital, me informó que el día de ayer había despertado del coma al que lo habían inducido, y como ya se encontraba en recuperación, los médicos le permitían recibir visitas. Como yo no tenía mucho que hacer y no se me ocurrió ninguna buena excusa, accedí a ir con él.
Más tarde, Lukas pasó por mí y luego, ambos tomamos el autobús con dirección al hospital. Le comenté que sería buena idea pasar antes por una florería para llevarle un ramo a Derek, Lukas estuvo de acuerdo, así que nos bajamos un par de calles antes de llegar al nosocomio, en una pequeña florería.
—Yo no tengo mucho conocimiento sobre flores —declaró mientras echaba un vistazo por la florería.
Yo aprendí de flores por Dolores. Su esposo era jardinero, desde que se casaron él se había dedicado a plantar diversos tipos de flores y plantas en su jardín. Cuando él murió, hace más de cinco años, Dolores creyó que las flores se marchitarían. Ella siguió cuidando su jardín con tanto esmero como su esposo, y cuando Dolores lo visita en el panteón le lleva las flores que cultiva, siempre claveles, sus favoritos.
—¿Qué te parecen estas? —le pregunté mostrando un ramo de flores de distintos colores; amarillas, anaranjadas y rojizas.
—Perfectas —dijo alzando su pulgar en alto—. ¿Cómo se llaman?
—Gerberas. Son lindas ¿no?
Él asintió. —¿Estas son tus flores favoritas?
—No, me gustan más las nomeolvides.
—¿No me olvides? Nunca había escuchado de ellas.
La señora que nos atendía bajo de una repisa una maceta con pequeñas flores azules y se la mostró a Lukas —Joven, estas son las Nomeolvides.
Él las observó detalladamente —Son hermosas y te quedan bien —habló con una sonrisa en los labios—. Tú eres difícil de olvidar. Lukas acarició mi cabello, se acercó y me besó dulcemente.
Nuestro besó fue interrumpido por el sonido de las uñas de la florista golpeando el mostrador. Cuando montábamos nuestras escenitas románticas, nos olvidábamos del resto. Le agradecimos, le pagamos y salimos de ahí un poco avergonzados.
Lukas miró la hora en su reloj de pulsera.
—Nicole y Lisa me dijeron que vendrían a verlo —comentó Lukas mientras nos adentrábamos al hospital—. No sé a qué hora termina el tiempo de visitas, así que mejor démonos prisa.