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Con los brazos apoyados en su cadera se miraba al espejo.

Se peinó el cabello muy despacio sin despegar su mirada, parecía concentrado en como el cepillo se paseaba entre sus hebras.

Si, estaba bonito. Le gustaría poder decírselo mientras da vueltas delante del espejo, revisando su apariencia de nuevo esa tarde.

Ese cabello blanco y tan lindo se veía tan bien cuidado ¿Será tan suave como se ve?

Y él ¿Se verá tan acosador como se siente? Espera que no, porque la consciencia lo estaba matando. Acosar a un omega por la ventana de su cuarto lo estaba haciendo sentir bastante culpable.

Y peor se sentía cuando empezaba a pensar en lo atractivo que es.

Aunque no era su culpa, o eso quería pensar ya que su instinto es al fin y al cabo el directo responsable de ver de esa manera a su vecino-compañero-destinado. Quizás debería dejar de sentirse tan mal por ver con esos ojos al omega de la casa de al lado, no por eso caer ante sus bajos instintos, pero si dejar de sufrir cada que se encontraba con la idea de que era bonito.

Argentina dejó el cepillo sobre su mesa de luz, revisando su atuendo por quizás décima vez desde que lo estaba viendo, al parecer sintiéndose satisfecho por la combinación de una falda blanca y una musculosa a conjunto que dejaba descubiertos sus hombros y apenas tapado su pecho.

 Bonito.

Usa no lo sabía (¿Cómo podría cuando estaba tan hipnotizado con el movimiento de la falda?) pero Argentina sabía muy bien que unos ojos del color de las avellanas estaban persiguiendo con esmero cada movimiento que realizaba.

Y si ese alfa no avivaba las cosas, entonces ¿Por qué no las aviva él?

Por eso y por alguna que otra razón más, Usa pudo presenciar como con una sutileza que casi parecía accidental el omega iba agachándose, tonteando en el proceso, jugando con el borde de sus ropas, dejando que su falda se eleve hasta límites insospechados hasta el momento.

Para cuando se volvió a erguir con el fin de buscarlo con la mirada, el alfa había desaparecido por completo.

Rojo como nunca, tapando su boca con una mano mientras que la otra se apoyaba en la pared, oculto para ya no ver más (A pesar de que tampoco había sido tan revelador, el chico traía puestos unos bóxer por debajo de la ropa) 

Un sol.

Tenía un sol tatuado en el muslo izquierdo.


No.

Necesitaba hablar con él.

Dejarle en claro las cosas, que tenía novio, que era fiel, y que si estaba haciendo algo para acosarlo entonces que por favor parara porque nada iba a funcionar.

Aunque lo último seguro que lo omita, no era su culpa ir al mismo colegio, quizás que viva a su lado era una coincidencia muy fuerte, pero no por eso su culpa o lo hacía con intensión de perseguirlo.

No estaba seguro de qué era lo que le iba a decir con exactitud, porque al fin y al cabo Argentina no estaba haciendo nada además de existir.

Y eso le molestaba tanto.

 ¿Por qué le tenía que atraer tanto si siquiera se conocían?

No sabía nada de él, ni su apellido, ni sus gustos, su personalidad incluso. Nada.

Pero sentía la necesidad inminente de estar con él el resto de su vida. Incluso si Argentina no hacía nada.

Bueno, si no hacía nada ¿Qué le iba a reclamar? No es como si le fuera a pedir que se mude o algo así ¿Que se aleje? ¡Pero si el chico ni a hablarle se había acercado! No podía reclamarle nada en realidad.

Aunque quizás esto tendría que haberlo pensado antes de tocar la puerta de sus vecinos.

Se sintió ridículo al escuchar como la puerta se abría junto con unos pasos cortos hacia fuera de la casa, como si estuvieran buscando al idiota que había tocado la puerta para luego irse.

Se veía patético detrás de un bote de basura, escondiéndose de un pobre omega que en si no le había hecho nada realmente.

Se relajó al escuchar que la puerta se cerraba, soltando un suspiro ya un poco más tranquilo. Que vergüenza.

--¿Usa? ¿Qué haces ahí?

Oh mierda. 

Se encontró de frente, o algo así ya que Usa estaba agachado, a un intrigado australiano que extrañado lo observaba.

Si, bueno ¿Como explica esto?

『𝔸𝕟𝕘𝕖𝕝 𝕖𝕪𝕖𝕤 』 ᴜꜱᴀʀɢ  🔞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora