Usa se había levantado bastante agotado, había pasado una buena parte de la noche hablando con su novio para intentar solucionar de la mejor manera posible lo que había dicho a pesar de que era verdad, aún no sabían si era un beta a pesar de que era casi obvio que si lo es. Pero también comprendía que no quería serlo y que eso le causaba cierto conflicto que él como alpha no es capaz de entender.
Como sea, se había disculpado e intentado comprender lo que acompleja a Fil, no lo entendía del todo pero intentaría no mencionarlo más. Al menos hasta que su casta esté asegurada.
Su madre, luciendo mucho más radiante que él, demasiado como para ser un domingo a la mañana, pareció recordar algo mientras almorzaban, terminando por querer hablar mientras comía, apurándose en masticar, ahogándose en el proceso. Su padre se limitó a reírse de ella con una mirada demasiado enamorada que incluso le daba un poco de impresión.
Se pregunta si él se ve igual de enamorado cuando mira a Fil.
--A la mañana salí a comprar para cocinar...--Francia tenía esa manía de levantarse muy temprano por la costumbre de hacerlo en la semana por el trabajo, siendo que a las ocho de la mañana ya estaba haciendo algo productivo junto a su esposo, quien no estaría tan enérgico como ella pero incluso somnoliento iba a hacer las tareas del hogar con su esposa--...Y me encontré a uno de los nuevos vecinos en la tienda, el chico que vimos el otro día ¿Lo recuerdas? --Canadá, incluso aún más cansado que el mismo Usa, asintió sin siquiera escuchar lo que su madre preguntaba--Bueno, los invité a él y a su hermano a cenar esta noche ¿Que opinan?
Ahora el ahogado fue Usa.
Maldita sea contigo, destino.
Mentiría de una manera demasiado horrible si dijera que no estuvo toda la tarde revisándose a si mismo en el espejo, sabiendo que se veían todos los días en el colegio incluso cuando no estaba arreglado, pero esto era diferente.
Se sentía diferente.
Se sentía mal porque de alguna forma lo comparaba a cuando sus padres conocieron a Filipinas, cuando esta era una situación que no era siquiera parecida.
Argentina no era Filipinas.
Pero al mismo tiempo se sentía bien, porque también sentía que Argentina empezaba a ser parte de su vida, como si hubiera estado esperando ese momento desde que se conocieron. El momento en el que ese hermoso omega pueda empezar a ser parte de su día a día.
Aunque si se detenía a pensarlo, no tenía porqué ser algo malo si o si, también existía la posibilidad de mantenerlo cerca sin nada romántico ni sexual de por medio. Esa idea le gustaba.
¿Cómo no lo había pensando antes? ¡Podían ser amigos! Nada se lo impedía, era una idea perfecta.
Si, eso iba a hacer, iba a ser su amigo, o al menos un vecino con que se pueda hablar de vez en cuando. Pueden llevarse bien. Puede ser parte de su vida sin tener que alejar a Fil de por medio.
Le encantó esa idea, a su lobo no tanto, pero admitía que algo era algo.
No sabe con exactitud porqué es que ese pensamiento se había estado escurriendo de sus posibilidades desde que los hermanos llegaron a su casa.
El mayor, que se presentó como Uruguay, se veía como un alpha de muy buenos modales, se la había pasado hablando con sus padres y de vez en cuando con su hermano, terminando por caerle bien a toda la familia.
Le gustaría haber entablado una conversación también, pero apenas estaba pudiendo respirar en esos momentos por ciertas feromonas a su lado.
No era tan malo como el día en el que su preciado vecino había decidido mantener relaciones con cierto australiano al que había vetado su nombre de dentro de su cabeza, ese día había sido catastrófico para su instinto, pero eso no quitaba que era terrible lo que sentía en este momento.
Ira, furia, incluso llegaba a percibir un ligero toque de tristeza en ese agrio aroma. Todo ese olor venía del omega a su lado.
Desde que llegaron los hermanos a su casa es que se había mantenido esa mirada odiosa a su persona en los ojos de su destinado. Había sido amable con su familia y había respondido cada tanto a la conversación de la mesa, pero aún así el enojo casi era palpable.
¿Acaso los demás no sentían ese olor tan horrible que el chico estaba esparciendo?
Parecía ser el único que lo notaba.
Eran como flores que no sólo se habían podrido, sino que se habían mantenido tanto tiempo en el agua que incluso habían desarrollado hongos, quedando con un olor pútrido en todo sentido. Usa se ahogaba.
Argentina lo estaba odiando, y él no tenía idea de porqué.
La cena fue una tortura.
Su instinto le pedía, le rogaba, pedir perdón al omega, incluso ponerse de rodillas y llorar en su regazo misericordia si es que era necesario (Su lobo es demasiado dramático, era incluso más notorio al ser un alpha) pero la verdad es que no iba a disculparse sin siquiera saber en qué se había equivocado.
--¿Me pasas la sal?
O si se había equivocado en primer lugar ¿Quizás era algo con otra persona de la mesa? Era un poco egocéntrico pensar que necesariamente era con él su enojo. O eso pensó hasta que Argentina le respondió:
--Alcánzala.
Agradeció a la diosa Luna el que su familia no lo había escuchado.
O más bien sus padres no lo oyeron, pero eso es otro tema.
--Fue una cena maravillosa, de verdad agradezco que nos den una bienvenida tan cálida--Uruguay era todo un caballero, tenía un léxico muy amplio y agradable, no era tan educado que fastidiaba, sino que su amabilidad era tan natural que refrescaba incluso. Se preguntaba si Argentina sería igual si no estuviera furioso con él--Como agradecimiento les cociné un postre, aunque lo dejamos en casa para que sea sorpresa.
Si, Usa estaba seguro de que estaba empezando a amar a su vecino.
A Uruguay, por supuesto.
--¡¿En serio?!--Su madre, que había estado encantada con los dos muchachos durante toda la noche, pareció llegar a su límite de adoración al escuchar eso, ya que si había una fanática de las cosas dulces en este mundo esa era su madre, era pastelera después de todo--No era necesario pero en serio lo agradezco.
--Es un placer, lo mínimo que podía hacer luego de que nos trataran tan bien--Con esa sonrisa amable fue que miró a su hermano, quedando un segundo callado antes de hablar, como si primero le preguntara algo con la mirada--¿Vas a buscarlo?
--Seguro--Sonriente, igual que su hermano, fue que Argentina se levantó, dirigiéndose hacia la salida de la casa--Con permiso, ya vengo.
Usa al fin pudo respirar.
--Oh, Usa, cariño, ayúdalo ¿Si?
Mierda y mil mierdas mas.
--Claro.
La caminata que dieron los dos hasta la puerta fue una de las situaciones más malditamente incómodas que tuvo en su vida, aunque la que ocurrió cuando Argentina estaba abriendo la puerta de su casa la superó por mucho.
Notó como sus manos temblaban, mucho, lo suficiente como para no poder embocar las llaves en la cerradura. Cuando se quiso dar cuenta todo el cuerpo del omega temblaba, se sacudía con levedad.
Se preocupó.
Mucho.
--¿Estás bien?--Lo tomó por el hombro, sintiendo esa descarga eléctrica que sin siquiera saberlo había extrañado, no admitiría lo mucho que disfrutó ese ligero contacto, eso que desde que se conocieron no sentían. Él también tembló--Por favor, responde ¿Pasa algo?
Si aún había alguna duda de que su lobo era dramático, entonces debía ser desechada por completo porque en el momento, el pequeño momento en el que tomó control, tomó de los antebrazos a Argentina y lo dio vuelta, quedando cara a cara.
Lo vio, asustado, sin saber qué hacer.
Argentina estaba llorando.
ESTÁS LEYENDO
『𝔸𝕟𝕘𝕖𝕝 𝕖𝕪𝕖𝕤 』 ᴜꜱᴀʀɢ 🔞
Storie breviUsa siempre había sido muy recatado, pero esos ojos de ángel lo provocan al pasar. ° Usa x Argentina ° Omegaverse
