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--Buenos días.

--Buenos días, amor.

Era dulce, muy simpático y desde que lo conoció se le hizo atrayente su positivismo y su desinteresada amabilidad. Filipinas era una muy buena persona, estaba interesado en él, era atractivo y le gustaba con locura. Por eso fue que empezaron a salir.

Interés, atracción y agrado.

--¿Cómo estás?  ¿Dormiste bien?

--Si, estaba bastante cansado del sábado así que anoche dormí muy bien ¿Tú?

Filipinas era en verdad muy lindo, tenía el cabello teñido de un negro azulado que en realidad le quedaba muy bien, son esas cosas que sólo a él le quedan, ya sea por lo pálido de su piel o porque resaltan las pecas en su rostro, pero lo fantasioso de su cabello era bonito.

--Bien, aunque me desvelé un poco con el trabajo de física.

--Fil, lo hubieras hecho en la tarde, sabes que necesitas dormir.

Desde el inicio de su relación e incluso antes de esta él siempre había mostrado interés en su bienestar en general, en escucharlo, en apoyarlo en todo. Era un novio perfecto, nunca había mostrado celos ni se había mostrado enojado por alguna actitud suya, aunque había dejado muy claro el tema de hablar lo que sea que le afectara.

--Si, lo siento.

--Está bien, cariño, sabes que lo digo por ti.

Usa también se preocupaba por su pareja, por supuesto, escucharlo era un placer y su compañía un deleite, jamás se había sentido inseguro a su lado e intentó siempre hacer feliz a Fil, y venía haciéndolo muy bien hasta donde sabe.

--Amor.

--¿Si, Fil?

--¿Puedo hacerte una pregunta?

Dos años, llevan juntos ya unos románticos dos años.

Fil conocía a sus padres y ellos lo adoraban.

Usa conocía a las dos mamás de Fil y le caían muy bien en realidad.

--Claro.

--¿Quién era el chico de la fiesta?

Su lobo estaba muy encariñado con su novio, le tenía mucho cariño y siempre le insistía en marcarlo en cada época de celo. El lobo de Fil también parecía estar enamorado del suyo ya que por lo que cuenta su novio vivía moviendo la cola cada que se ven. El suyo también se emocionaba en presencia de Filipinas pero estaba raro últimamente.

No quería pensar en el significado de eso.

--¿Argentina? Sólo un chico nuevo, se mudó al lado de mi casa.

--Oh, parece simpático, deberías invitarlo a salir con nosotros, debe ser difícil no conocer a nadie.

"Si sólo supieras lo que estás proponiendo" Fue lo único que Usa pudo pensar.

Asintió y estuvo de acuerdo con lo dicho por Fil, aunque por dentro estaba seguro de que se encargaría de eliminar esa idea por completo.

Que Argentina viva al lado suyo no significaba que tenga que hablar con él, mucho menos convivir, quizás si lo ignoraba entienda que no quiere tener que verlo.

Su lobo podía chillar lo que quisiera y podía sollozar cuanto le dieran las lágrimas, pero él no iba a dejar a Fil, era hermoso, buena persona y lo ama, no hay razón para alejarlo por un capricho de su instinto.

Para caminar Fil siempre le da la mano, a veces lo hace sin darse cuenta y le va hablando con una sonrisa y las manos bien agarradas, como si le dijera que lo sostiene.

Y menos mal que esta no fue la excepción, porque de la nada se sintió un tanto mareado.

Mala idea marearse y depender de alguien que mide casi una cabeza menos que tú.

--¡Usa! Ven, ven, vamos al salón para llamar al maestro.

A rastras, siendo el filipino el que terminó más arrastrado por el peso de su pareja, llegaron al salón.

No.

Esto tenía que ser una broma.

Ahí estaba la razón por la que se había mareado.

Sentado sobre una mesa y con los pies apoyados en una silla, al parecer conversando, o al menos eso parecía estar haciendo antes de que se encontraran sus miradas.

Él también lo sentía, entonces ¿Por qué no estaba para nada mareado?

Se sentó en una silla e intentó tranquilizar a Fil diciendo que quizás no había comido lo suficiente o algo así.

Excusando sus insultos con un dolor de cabeza, aunque ese dolor de cabeza ya estaba empezando a tener un nombre bien marcado.

"Argentina"


『𝔸𝕟𝕘𝕖𝕝 𝕖𝕪𝕖𝕤 』 ᴜꜱᴀʀɢ  🔞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora