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Bueno, para empezar no es su culpa ni su intención tener que mantener una prenda de un omega en su cuarto, y no lo hace por gusto es claro.

Una playera celeste de algodón, era suavecita y en definitiva le quedaría pequeña si intentara probársela. Pero lo más importante, huele a él.

Sentado en la cama, con una prenda que no es de su pareja, y hundiendo su nariz cada vez más en la tela. Lirios, miel. Las feromonas de Argentina eran deliciosas.

Había intentado todo el día ignorar el hecho de que necesita esas feromonas, había ignorado su cuarto y evitado estar cerca de la prenda. Ahora, cuando debe dormir, no tiene escapatoria.

Argentina desde hace al menos dos horas que está pegado a esa camisa.

Su hermano se hizo el tonto y evitó pensar en la prenda que su hermanito estruja entre sus delicadas manos, así que le llevó la comida  a su cuarto y le dijo que no baje si se siente mal. Argentina no se ha movido de su cuarto ni para ir al baño.

Entiende por completo lo que es obsesionarse con una prenda llena de feromonas y Argentina tampoco ha dicho nada por las remeras de Brasil en su cuarto.

Chocolate y ciertos aromas que le son imposibles de definir, como perfume de hombre y quizás a ropa limpia. no sabe como explicar lo bien que se siente ese aroma.

Jadeaba intentado guardar silencio pero su nariz se bañaba en feromonas y le era imposible parar, se sentía extasiado y de a poco pequeños ruidos escapan de sus labios. Se sentía a merced de una camisa, es tan vergonzoso.

Su rostro se apega a la camisa, de a poco y aspirando cada vez más profundo. El aroma lo envuelve, llega más lejos, se intoxica de lo dulce del olor. Es como aire, no imagina alejarse de tal atrayente hedor.

Se había negado a las feromonas de Usa, negó pertenecerle, negó ser su omega pero ahora y sintiéndose tan lleno no era capaz de imaginar entregarse a otra persona. Era su lobo quien tenía el control ahora, y esta vez no tuvo la fuerza de reprimirlo.

El rechazar el lazo empieza antes con los alphas, notan antes los síntomas, pero para los omegas es más fuerte, se sienten mucho más débiles y solos. Argentina recién siente que puede volver a vivir.

Usa suspiraba intranquilo, había puesto la playera debajo de su almohada cosa de poder oler las feromonas pero no tenerlas tan cerca, pero su cuerpo sudaba y se agita desesperado por volver a tomarla y hundirse en ella. Aprieta la mandíbula y se truena los dedos, conteniéndose para no refregar su rostro contra la prenda del omega.

Prenda, ropa, cualquier pensamiento lleva a ideas que no desea tener, a una imagen en la que el omega se encuentra sin esa playera, sin ninguna prenda. Se reprime, lo intenta y falla, porque su único pensamiento es que el celeste de la playera le quedaría perfecto al blanco de su piel, a esa tersa y bien cuidada piel. A ese angelical omega.

Argentina.

Un escalofrío lo recorrió, el frío de la ventana abierta estaba resonando contra lo caliente que su cuerpo se estaba poniendo en contra de su voluntad.

Se levantó para cerrarla pero su lobo gruñó con suplica de que no se aleje de las feromonas de su destinado, así que terminó tomando la prenda de mala gana para acercarse de a poco y con el cuerpo temblándole hacia la ventana.

No supo porqué, y quiere pensar en que el destino lo obligó a hacerlo pero antes de cerrarla levantó la mirada sabiendo lo que su lobo quería ver pero sin tener idea de lo que encontraría.

Argentina, de espaldas a la ventana y con su precioso cabello blanco despeinado y cayendo por su cuello ocultándole el rostro. En medio del silencio lo escuchó, jadeando, suspirando y cada tanto si afina el oído uno que otro pequeño quejido llega a él.

Entre sus manos una camisa.

Su camisa.

Un gruñido se escapó de su garganta. 

Y Argentina lo escuchó.

Los ojos de ambos se encontraron en la distancia que sus ventanas tienen, avellana puro y brillante y esos preciosos ojos celestes que lo incitan a pecar.

No debe, no debe, no debe.

Argentina ya no era dueño de su mente y mucho menos de su cuerpo, pero una pizca de cordura lo hizo fingir que no sabía que Usa estaba allí, viéndolo jadear mientras se refriega contra su camisa. 

Lo está viendo, y eso lo emociona cada vez más de lo que debería.

Su cadera de mueve en su lugar, fregándose contra las cobijas. Está hirviendo y esos ojos casi dorados que con dominancia lo observan sólo lo hace calentarse más.

Usa estaba hipnotizado, Argentina se había acomodado en la cama y ahora estaba de perfil a él, no lo mira pero sabe que se ha dado cuenta de que está ahí. Ambos saben que se están mirando.

Apretó las piernas y volvió a gruñir.

La camisa está pegada a la parte inferior del rostro del omega, dejando a la vista esa mirada de ángel que se ahoga en calentura. No sabe en que momento él también llevó la playera a su nariz. Otra vez, miel pura y flores, unas feromonas deliciosas que lo hacen sentir que se ahoga, que lo embriaga.

Era como droga, había empezado y no puede parar ¿Cómo dejarlo ahora?

Argentina era droga.

El omega fue despacio, sintiéndose quemar por los ojos que lo observan atentos, bajando la camisa, refregándosela en todo su torso, pezones, costillas y vientre, bajando.

Usa no pudo evitar soltar un gemido cuando lo vio apretar su entrepierna con la camisa en la mano.

Levantó su rostro y gimió. 

Usa sintió que algo dentro suyo se quebró cuando vio esos ojos mirándolo directamente a él.

A él.

Como si estuviera gimiendo para él.

Como si se tocara para y por él.

Como si le perteneciera.

Y en ese momento, así era.

Su diestra bajó, llegando hasta su vientre sólo para poder verlo sufrir, para encontrar la desesperación en su mirar. Y la encontró, halló lo que buscaba, Argentina le rogaba con la mirada que lo haga.

Lo vio apretar más las piernas cuando al fin llegó a su entrepierna.

Ambos se sonrieron y en ese momento, justo ahí, notaron que ya no había vuelta atrás.



『𝔸𝕟𝕘𝕖𝕝 𝕖𝕪𝕖𝕤 』 ᴜꜱᴀʀɢ  🔞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora