Te amo

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Dejó la taza encima del plato de porcelana, era el juego de té preferido de Arwyn, además, habían hermosos recuerdos inscritos en ello, ella bien sabía que no había nada que temer estando a su lado, todo estaba muy bien, se sentía muy cómoda, como si estrecharan entre sus brazos un cálido abrazo lleno de ternura y sumo cariño, la mirada de Ciel la cautivó notablemente, ese significaba que en sus ojos reflejaba llenaban su alma como nunca antes.

Mientras el ambiente era muy cómodo para ella, William luchaba por dentro tratando de resistir no perder la cabeza debido al incómodo momento que acontecía en su cabeza.

-Lamento que tengas que permanecer despierto a estas horas… Creo que a William y a mí el tiempo se nos pasó…- Comentó.

-No te preocupes, de cualquier modo, me alegro que estés aquí…- Estuvo a punto de beber un sorbo de té, aunque se detuvo y la miró atentamente; Sebastian sonrió divertido;- ¿Cómo que… “A William y a mí”? ¿Qué estaban haciendo juntos?

Ciel le preguntaba como si fuera algún pecado o algo similar.

-Ammm, únicamente lo acompañé a recoger algunas almas, además ya he aprendido bastante, creo que he progresado mucho en esto, y estoy muy feliz por esto…- Lo miró con atención- ¿Acaso…. A ti no te agrada eso?

El joven Conde se sonrojó levemente y negó moviendo rápidamente la cabeza.

-Disculpa, no me refería a eso… Sí, estoy muy feliz por ti, créeme que quiero que te sientas a gusto, estés en donde estés.- Mencionó.

Arwyn le agradeció mostrándole una sincera sonrisa plasmada en sus labios.

Sebastian se acercó a ellos y retiró las tazas de té ya vacías.

-Y ahora, ¿qué es lo que prosigue?- Su “padre” le preguntó.

-Supongo que lo que Will indique, creo que he avanzado mucho, pero prefiero estar completamente segura de saber lo necesario.- Le explicó.

Ciel asintió.

-Entonces me parece muy bien. Mientras tanto…- Miró a William- Espero que no te incomodes después.

El shinigami miró al reloj que posaba encima de la amplia y elegante chimenea… Ya era hora.

-Disculpa…- Se puso de pie y miró a su aprendiz atentamente- Ya es hora.- Indicó.

Eso pareció una muy triste noticia para Arwyn, así que decidió no rechistar. Suspiró hondo y se puso de pie.

Miró a Ciel melancólicamente mientras que él, se puso de pie y la miró de igual manera.

-Recuerda que no es una despedida querida…- Susurró- Yo siempre estaré aquí para ti, y este es tu hogar hasta el final.

Las lágrimas de Arwyn no se pudieron esconder, pero mientras rosaban por sus mejillas, ella sonreía sabiendo que lo que él decía era verdad.

-Gracias por todo papá, prometo volver cuando pueda.- Le dijo sonriendo aún.

Sebastian apareció.

Caminaron hasta la entrada donde, ya afuera, ambos se abrazaron fuertemente sabiendo que esa no era una despedida permanente, pues únicamente era momentáneo el momento en el cual se dejarían de ver.

-Entonces, hasta luego.- Él le dijo con una sonrisa.

-Hasta luego.- Ella contestó sonriendo al igual.

Ya no había pasado mucho, simplemente la noche parecía joven, a pesar de que ya había pasado más de la media noche… De hecho, en realidad, ya había amanecido nuevamente.

Arwyn miraba la luna atentamente, mientras que las nubes comenzaban a juntarse y los truenos despampanantes amenazaban con una tormenta eléctrica.

Dentro de ella, comenzaban a inundarse las pupilas nuevamente, tratar de traspasar esas barreras que eran parte de la piel, permitían a los ojos cerrarse.

Continuaba existiendo entre ellos lo fascinante del momento, a pesar de todo, el permanecería a su lado para siempre, no se apartaría de ella, y a pesar del momento que no pudiesen pasar juntos, lo único que les permitiría todo continuaría siendo lo más especial que les ocurriría, jamás de visitarse, así hasta que se acabara todo ese dolor…

Todo estaba bien, ahora, ella estaba a su lado, nunca… La dejaría sola.

Las primeras gotas comenzaron a caer, mientras también comenzaban a temblar esa chica, continuaban las dudas naciendo dentro de ella, pero también no había alguna otra manera de detener el presente… Ni el futuro.

Pero sí cambiarlo por el momento.

-Las nubes son obscuras ahora…- Susurró- … Siento que no puedo detener lo que siento… Q-Quisiera cambiar algunas cosas pero… Pero…- Sus ojos comenzaron a escurrir el agua que ya no podía resistir más dentro de ella.

Ya no había qué decir nada más… Él sabía qué hacer…

Abrazándola por detrás, dejó que ella hiciera descansar su cuerpo en él acariciando sus manos delicadamente.

Arwyn se sorprendió un poco, sin embargo, dejó que William la consintiera demostrándole todo lo que tenía, no se detuvo, todo lo que él tenía que hacer era simplemente eso: Dejar que ella se dejara llevar y liberar toda esa tensión o cualquier incómodo sentimiento que tenía en ese momento, no terminaría de demostrarle todo su amor, a pesar de la muerte, como en ese momento, sin que ella se lo pidiera, él estaría a su lado para siempre y jamás la abandonaría.

-Gracias..- Le susurró- Will.

Él sonrió susurrándole a su oído:

-Gracias a ti, Arwyn… Me hiciste vivir la vida como nunca antes, me enseñaste varias cosas y eres ti a quien debo de agradecer, no puedo creer que no haya hecho esto antes, fui tan ciego.. Perdónam-..

Los brazos de Arwyn la rodearon fuertemente y dejaron que se envolvieran en el calor más afortunado y esplendoroso que pudieran darse.

Era momento de la verdad, la declaración que habían ansiado por tanto tiempo, y aunque William no estuviera totalmente seguro, sabía que disfrutaría el momento lo máximo que pudiera, no podía detener el tiempo, sin embargo, aún continuaría disfrutándolo hasta el último momento de sus vidas, recordándolo, dejándolo marcado en su memoria y manteniéndolo lo mejor que pudiese.

-Arwyn… Te amo…- Susurró.

El sonrojo, el mismo sonrojo que ella había visto en él la primera vez que lo hizo sonrojarse, volvió a ver en él… Estaba feliz, su corazón latía con fuerza y rapidez, mantenía una espléndida satisfacción y en su estómago el precioso sentimiento de adrenalina, lo sentía.

Desde el inicio él había sido muy directo con ella, y fue la declaración, lo que reafirmó ello. Él no cambiaría, sin embargo, lo hacía porque ambos sabían que amaban como eran… Uno como el otro.

Sus personalidades los habían envuelto en una capa de enamoramiento de esplendor.

-Arwyn… Entiendo si…

-Te amo, William.

Instruyendo al ShinigamiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora