Miró a esos 4 parados delante de ella. Detrás de ellos una sombra pasó sin mirarlos y se posó delante de ella. La miró a los ojos. Ciel Phantomhive sentía algo dentro de ella, no tenía idea de qué era, pero sí estaba algo molesto por saber que ella, quien había cuidado por un largo tiempo, tenía que irse con esas criaturas que no eran sus favoritas. Prefería a los demonios, sí que lo hacía si ponían una escala o algo así.
-Arwyn… - Susurró; ésta lo miraba atentamente.- Tienes que ir con ellos.- Dijo.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas; en realidad no quería dejarlo ahí solo. Nuevamente solo. En su estómago se realizó un nudo y también en su garganta.. Siempre había deseado irse, pero eso era tan inesperado, que le provocaba un enorme malestar. Cuando lo conoció, era realmente frío, cortante y distante. Y ahora continuaba siéndolo, pero menos. Al parecer, conocerla fue una de las mejores cosas que llegó a sucederle, pero ahora al dejarlo, no tenía idea si volvería a ser aquél niño que perdió todo el amor en un dos por tres.
-Joven Phantomhive, yo no quisiera dejarlo así…
-Tienes que ir. No es de mi total agrado, pero Sebastian me ha informado perfectamente, y creo que es mi mejor decisión. Pero claro que te debería preguntar.- Mirándola atentamente a sus ojos ambos se entendieron- ¿Quieres ir con ellos…. Con los de tu especie?
Era demasiado pronto, claro que Arwyn no podía creer que todo ello estuviera sucediendo tan de repente. Miró al mayordomo, quien tampoco se mostraba realmente tan feliz.
-No lo sé.- Fue lo único que se le ocurrió decir.
William, quien no estaba para esas cosas sentimentales, rompió el hielo.
-Somos del departamento de shinigamis; nos encargamos de recoger las almas que tienen su tiempo final…
-Los juzgamos de acuerdo a su récord cinematográfico y antes de ir con dios nosotros nos encargamos de checarlo.- Se emocionó al querer explicar el de cabello carmesí.
El shinigami de en medio con un aspecto serio lo golpeó en la cabeza con un curioso aparato que parecía.. Emm… Era difícil explicarlo, era muy extraño.
-Sólo la vas a confundir más, Sutcliff- La miró; ella se heló- Vendrás con nosotros. Somos iguales a ti… Pero tú necesitas ser entrenada para comenzar con tu trabajo.
La joven miró a su amo y suspiró. Realmente no quería dejarlo solo, pero parecía no tener de otra que acompañar a ese cuarteto de uniformados con lentes. Sus manos temblaban y sus piernas también; estaba muy nerviosa por dentro, más se mantenía firme frente a todos.
-Entonces… ¿Cuándo me iré?- Inquirió.
-Te irás hoy mismo. En este mismo instante… Si tienes algo más que hacer antes de partir, es mejor hacerlo de una vez.- William contestó.
Ella, con la mirada baja, se dirigió hacia su amo, se arrodilló y lo miró a los ojos.
-Ve. Yo estaré aquí siempre; sabes dónde encontrarme.- Le dijo.
Sus ojos comenzaron a inundarse a la vez que iba a ver a su joven amo, Ciel Phantomhive, por una última vez siendo ella. Bajó la mirada mientras las lágrimas caían a la refinada madera. El joven Phantomhive tomó su barbilla con suavidad levantándola y provocando que sus ojos se miraran.
Por primera vez, la miraba con ternura… Reflejados en los ojos de ambos.
-Yo siempre estaré aquí. Aunque eso signifique no verte por un largo tiempo, aquí me podrás encontrar siempre. Tu casa es esta.- Le dijo.
Los brazos de Arwyn lo rodearon abrazándolo ligeramente; inesperadamente el joven bocchan correspondió a su abrazo con ternura acariciando su cabello suavemente.
-Prometo que volveré. Joven Phantomhive.- Susurró- Papá…
Eso era lo que sentía; siempre lo había visto como un padre. Sólo así, y esa era la oportunidad que decía al expresarle sus verdaderos sentimientos. Por primera vez el sentimiento de estar conmovido y ser amado como parentesco apareció en su corazón.
Asintió.
-Contigo siempre estaré.
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Instruyendo al Shinigami
Fiksi PenggemarTodos conocemos a William T. Spears... Uno de los shinigamis más reconocidos en su trabajo. Pero... ¿Qué sucederá si se vea interrumpido por su linda aprendiz? Ciel Phantomhive ha adoptado a una nueva sirvienta.. Una chica que, sin saberlo, es una...
