Las despedidas que a muchos les cuesta, se debe a un lazo encaprichado o de costumbre que han adquirido al tiempo que han convivido; tomar un beneficio de alguien o algo, o simplemente anhelar egoístamente lo que uno tener quisiera.
Pero eso es sólo un pequeña parte de lo que el trío dentro de la habitación sentía.
Después de unir sus manos con la de Sebastian despidiéndose, William miró el reloj que en frente de la cama de Arwyn estaba sonando.
Ya era hora; tiempo que los shinigamis se retiraran para continuar con sus respectivas tareas. La joven se separó de aquél par y se dirigió hacia éstos vestidos de traje. Los miró atentamente a los ojos. Suspiró y en seguida asintió.
El rubio, el pelirrojo y el castaño la miraron atentamente.
Éste último estiró su mano hacia ella.
-Estoy lista…- Susurró.
No se atrevió a hacerlo, así que sin mirar atrás tomó la mano del shinigami y mientras la obscuridad y luz los rodeaban, cerró sus ojos. Un inmenso aire los recorrió por completo mientras se metía en todas partes.
Se iba despejando poco a poco dejando ver un hermoso cielo azul, el puente tan limpio y de piedra blanca; Ordinarios edificios a lo lejos; algunos árboles y un atractivo edificio que parecía un ayuntamiento.
Arwyn se sentía verdaderamente sorprendida.
Se giró hacia ellos.
-No nos hemos presentado. Soy William T. Spears.- Mencionó caminando hacia ella y entregándole su propia tarjeta de presentación.
La sostuvo.
-Los presentaré.- Suspiró- Él es Grell Sutcliff…- Señaló al pelirrojo quien sonreía enseñando sus filosos colmillos. En sus manos cargaba una sierra- Ronald Knox es él…- Señaló al rubio con una apariencia más joven que todos los demás. Traía una podadora en manos.- Alan no pudo acompañarnos, pero pronto lo conocerás. Por mientras, te asignaré tu habitación correspondiente. Acompáñame.- Le dijo.
Caminaron hacia el interior de un gran edificio gris con algunas cuantas ventanas. Seguramente las habitaciones deberían de tener sólo 1.
William abrió la puerta y después miró a los demás.
-Ustedes pueden retirarse; vuelvan a sus respectivos puestos en el trabajo y los veré después.- Les indicó.
-¡Sí!- Exclamaron los 2 corriendo hacia donde seguramente deberían de estar.
Arwyn estaba preocupada, más trató de disimular. Miró a Will, quien hizo lo mismo en seguida. Ambas miradas se encontraron y ésta pareció creer que miró en él un leve sonrojo. No tenía idea de porqué lo miraba así, ni él a ella también, pero se sentía graciosamente extraña en su interior.
-Vamos.- William dijo apartando su mirada en seguida.
-Sí.- Ella susurró.
Las enormes escaleras que parecían no tener fin se mostraron detrás de un muro blanco. Ambos caminaron hacia allá… Arwyn sentía curiosidad en saber por qué el edifico era verdaderamente gris por fuera, y por dentro era todo lo contrario. Sin embargo, se reusó en preguntar.
Subieron sosteniéndose de los barandales.
Al llegar aproximadamente al 4to piso, no… 5to piso, se detuvieron.
-Cuando hayas terminado tus tareas vendrás a descansar. Tu horario te lo diré cuando hayas terminado de entrenar.- Le aseguró.
-¿Entrenar? ¿A qué… Te refieres con eso?- Le preguntó.
William no respondió, y continuó caminando guiándola hacia su respectiva y próxima habitación.
Fue la 5ta puerta a la izquierda de ellos en la cual se detuvieron.
-Bien, aquí es.- Siseó.
Al abrir, una cómoda y mediana alcoba se mostró ante ellos.
-Pasa.
Arwyn caminó hacia el interior y miró detenidamente el lugar.
Ni un solo cuadro; un escritorio de tamaño promedio; un estante lleno de libros más con un espacio vacío sólo en la mitad de éste. Una lámpara encima; un buró de madera con una lámpara del mismo estilo sobre ella; y finalmente, una gran, hermosa y limpia cama con sábanas azul y celeste se mostraba delante de ella. Era de un mediano tamaño, más era muy cómoda.
Sonrió; se sentía feliz a pesar de estar lejos de su hogar.
Se giró hasta Will sonriendo.
-Gracias.
Éste volteó levemente la mirada escondiendo sus ojos entre los lentes; se había sonrojado un poco.
-S-Sí… Buenas noches.- Cerró la puerta.
Era el nuevo comienzo de Arwyn, pero no importaba. Extrañaba con el corazón su hogar con Ciel y Sebastian, pero por primera vez sintió en su corazón un hermoso sentimiento de pertenencia en ese mundo. Todo lo que había alcanzado a entender… Ella era una shinigami, debía de estar en ese mundo con los de su “especie”, más no acababa de entender por qué. Miró a la única ventana de la habitación, abrió las moradas y opacas cortinas de ahí y miró afuera. El sol brillaba con inmensidad, los que pasaban por ahí portaban traje y algunos lentes. Era un mundo nuevo, no tenía idea de lo que verdaderamente le esperaría, pero le emocionaba, sí que lo hacía. Próximamente se convertiría en lo que debería de ser, y cuando el tiempo llegara, ella volvería al lado de su joven amo… De su joven padre, y su mayordomo.. Su amigo.
Ciel Phantomhive y Sebastian Michaelis.
William T. Spears pasó por sus pensamientos; lo había visto sonrojarse.
-William… ¿Eh?- Susurró.
Suspiró.
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Instruyendo al Shinigami
FanficTodos conocemos a William T. Spears... Uno de los shinigamis más reconocidos en su trabajo. Pero... ¿Qué sucederá si se vea interrumpido por su linda aprendiz? Ciel Phantomhive ha adoptado a una nueva sirvienta.. Una chica que, sin saberlo, es una...
