Cuando eché un vistazo a mi reflejo en el espejo del elevador, hubiese deseado tener tiempo suficiente de ir a mi apartamento y cambiarme de atuendo, porque parecía una indigente, y hasta creo que era una ofensa para los vagabundos.
Sí, solía ser de las chicas que se mantenía arreglada y salía con buena pinta sin importar el destino, pero no creí que Raph me llamaría de imprevisto para una supuesta fiesta en su apartamento, y sólo cargaba puesto unos vaqueros, una franela que me quedaba bastante holgada con dibujos de bananas sonrientes, y zapatos blancos casuales. ¿Mi cabello? Un nido de pájaros. ¿Mi rostro? Con apenas unos escupitajos de maquillaje. ¿Mi dignidad? No sé.
Esperaba que no hubiese demasiadas personas, o que sólo hayan venido los de siempre. Los que me habían visto llorar, sí, justo ahora seguro luciría hermosísima en comparación.
Cuando toqué el timbre y una chica desconocida abrió la puerta para mí, me di cuenta de que no eran los de siempre.
—Hola —saludé a la extraña —, busco a Raph.
Ella me miró de pies a cabeza. A pesar de la oscuridad, vislumbré una mueca extraña en su rostro antes de llevar una bebida a su boca.
—Está jugando al billar —respondió finalmente, abriendo un poco más la puerta.
Sonreí con falsedad porque me dio toda la mala vibra que una persona podía transmitirme en menos de treinta segundos. Tomé la muñeca de Holden detrás de mí, y lo arrastré dentro del lugar pasando a un lado de ella sin decir nada más.
Las luces estaban apagadas y una canción sonaba con estruendo por los altavoces. Lo único que iluminaba la estancia, eran un par de bombillas que quedaron encendidas en lugares estratégicos, y una hilera de luces led que se extendían por el techo. La verdad es que todo tenía buena pinta, pero presentí que algo no iría bien esa noche. ¿Por qué? Ni idea. Capaz sólo estaba siendo paranoica y me angustiaba la idea de que a Raph no le agradaba que Holden esté bajo el mismo techo que él.
Como sabía dónde quedaba el salón de juegos con la mesa de pool porque follé sobre ella, caminé deprisa hasta la habitación sin mirar en cualquier otra dirección. Probablemente reconocería a un par de personas, pero no quería saludar inmediatamente. De hecho, mi plan era algo así como dejar a Holden con Raph un momento y buscar en el armario de mi chico cualquier prenda que haya dejado aquí un poco más apta para la fiesta que la que cargaba puesta. Claramente no estaba llena de buenas ideas, porque esa era una terrible.
Pero hay que hacer ciertos sacrificios para lucir bonita, ¿no? En este caso, sacrificaría la vida de Hol.
Cuando entro finalmente, pensé que encontraría a puros hombres bebiendo cerveza y jugando tranquilamente, pero de nuevo, me equivoqué. Y me equivoqué bastante.
Vislumbré a Luke entre la gente, y estoy casi segura de que era el único que estaba solo. Y por solo, me refiero a que no había una chica a su lado como si fuese una garrapata. Colton estaba con alguien diferente a Georgina; Rod estaba con alguien que claramente no era Roxanne; el idiota de Ryatt estaba con una chica de aspecto europeo y puedo jurar que se trata de su ex novia.
¿Y Raph? Sí, él también estaba con otra persona.
Y no de manera superficial, como que la chica en cuestión se encontraba a su lado y él la ignoraba. No. La verdad, es que Raph parecía sentirse muy amable y servicial esta noche, porque se inclinó detrás de la mujer, sosteniendo el taco junto a ella hasta darle a una de las bolas sobre la mesa, como si se tratase de una novela de romance barata de la televisión.
Y todo eso justo cuando hice mi aparición dentro de la habitación.
Respiré profundo.
—Ah, qué bien —comenté con falsa alegría —. No fue mala jugada, aunque yo le hubiera dado a la roja, porque también pudiese llevar la amarilla a la tronera.
ESTÁS LEYENDO
El Contrato
RomanceLos hermanos Williams parecen ser el cliché de la sociedad. Guapos, altos, carismáticos, con un buen talento para el deporte, y una inaudita habilidad para flirtear. Es por eso que su padre pensó que tenían gran potencial, y de ahí surgieron varias...
