—¡Oh, Dios mío!
El chillido alterado de Rebecca es lo único que interrumpe nuestro profundo silencio.
Vivo.
Holden estaba vivo.
Me tambaleo de nuevo hacia atrás. Mi mente está nublada y no soy capaz de pensar con claridad. La visión se me torna borrosa; apenas y soy capaz de definir mi entorno, y un mareo incontrolable hace presencia en mi cabeza para desestabilizarme.
Ya sabía lo que iba a pasar: me desmayaría.
Raph me toma por la cintura con fuerza, porque ya me conocía demasiado bien. Su frente fue a parar contra la mía en un intento de mantenerme firme sobre mis pies.
—No pierdas la conciencia —me imploró.
Pero yo ya estaba más allá que aquí. Debía dejarme ir o el malestar sería terrible. Parpadeé un par de veces, obligándome a permanecer lúcida.
—Respira conmigo, Riley. No te desmayes.
—No puedo —susurré entre jadeos —. Necesito... sentarme.
Él me arrastra inmediatamente hacia atrás, donde mis rodillas chocan contra la cama del cuarto de huéspedes. Aun nublada, logré controlar mi respiración lo suficiente para no hiperventilarme, y le ordené a mi cuerpo que mantuviese mi presión arterial normal.
Mis madres estaban abajo. Sabía que por eso Raph estaba cuidándome de que no perdiera la consciencia, de que me mantuviese de pie.
Pero asimilar las cosas se había vuelto una tarea difícil. Estaba pasando demasiado al mismo tiempo.
Holden estaba vivo.
Nosotros no éramos unos asesinos.
No iríamos a prisión.
La policía podía dejar de perseguirnos de una vez por todas.
Estaba terminado. Todo había acabado.
Podíamos ser libres.
Mi cuerpo sucumbió ante la descarga de adrenalina provocada por la ausencia del estrés. Un extraño e inusual cosquilleo me recorrió la parte superior de mi labio hasta adormecerme por completo la boca. Mis manos sudaban de manera incontrolable. Las lágrimas no paraban de salir sin que yo siquiera pudiese hacerme consciente de que estaban corriendo por mis mejillas. El corazón latía tan fuerte en mi pecho, que creí que me infartaría eventualmente.
—Estoy aquí, Riley —masculló Raph, besando mis manos. Besando mi dedo anular —. No voy a soltarte. Estoy aquí.
Los sonidos se comenzaron a hacer más claros a medida que transcurrían los minutos. Becca lloraba a mi lado, con su rostro escondido entre las manos. Percibí otro sollozo más silencioso desde el otro extremo de la habitación; cuando alcé el rostro, me di cuenta de que Roxanne lloraba en el pecho de Rodrick, mientras él la abrazaba con fuerza, balanceándola de un lado a otro.
Miré al chico frente a mí. Estaba luchando contra sus propios pensamientos para no desvanecerse. Sus ojos castaños brillaban ante las lágrimas que se producían dentro de sus orbes, amenazando con ser derramadas. El esfuerzo sobrehumano que hacía para mantenerse cuerdo por mí, su valentía, siempre me parecería uno de sus más grandes actos de amor.
Acuné su rostro en mi mano, ladeando la cabeza. Pude recuperar la sensibilidad de mi boca para sonreír a medias. Rebusqué en lo más profundo de mi ser por recuperar mi capacidad del habla, hasta que por fin pude mascullar:
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El Contrato
RomanceLos hermanos Williams parecen ser el cliché de la sociedad. Guapos, altos, carismáticos, con un buen talento para el deporte, y una inaudita habilidad para flirtear. Es por eso que su padre pensó que tenían gran potencial, y de ahí surgieron varias...
