Roseanne se encuentra desesperada, necesita la atención de Lisa, necesita que la note. Porque ella es el amor de su vida. Recurre a un método extraño.
ㅡ¿Quién te dio eso?
ㅡUna señora de la feria, es una poción de amor
ㅡ¿Le vas a dar eso a Lisa?
ㅡSi...
El día anterior Jennie no había conseguido que Roseanne le responda, cuando había ido a buscar a la rubia a la salida. Ella ya no estaba, además la había bloqueado en todos lados.
Acepto el reto Roseanne, lo haremos a tu forma.
Está vez se había levantado más temprano de lo normal para poder esperar a la rubia en la entrada de su salón, había conseguido averiguar que la primera clase de Roseanne era Lenguaje.
—¿Jennie? —una Lisa aún muy dormida la había encontrado cuando estaba por salir— ¿Qué haces yéndote tan temprano?
—Voy a esperar a Roseanne en la entrada de su salón.
Inmediatamente terminó su respuesta salió dejando a una pelinegra un poco confundida y aún dormida.
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Roseanne estaba desesperada, quería llegar rápido a su salón. Así no tendría por qué ver a Jennie, además no es como si ella tuviera su horario... Bueno todo eso se derrumbó cuando al llegar a su salón estaba la castaña parada en la puerta esperando por ella.
—Rosie llegaste —una sonriente Jennie se le estaba acercando— Te extrañé.
—Jennie yo... —la llegada del profesor interrumpió lo que iba a decirle.
—Es hora de entrar a clase Roseanne.
Le hizo una seña para entrar a clase y ella le estaba siguiendo como buena alumna responsable.
—Profesor disculpe ¿Puede darle un momento a Roseanne Park? —Jennie habló seriamente.
El profesor Chan se volteó y la miró con el ceño fruncido.
—¿Acaso cree usted señorita Kim que puede venir y solicitar que deje salir por un momento a mi alumna como si tuviera poder aquí?
Roseanne sonrió internamente, el profesor estaba de su lado.
El profesor cerró la puerta del salón en cara de Jennie y cuando parecía que ya reinaba el silencio se escuchó una voz en todo el pasillo.
—¡DESBLOQUEAME POR FAVOR ROSIE! —gritó la castaña mientras iba a su clase.
Una sonrojada Roseanne se escondía con su libro de texto y por otro lado una sorprendida Lisa no sabía que su amiga era capaz de eso.
La mañana continuó como si nada, hasta que el profesor pidió permiso para atender una llamada y la mismísima Lisa se le acercó a Roseanne.
—Roseanne...
La rubia estaba dibujando en una hoja que no se había dado cuenta de la presencia de la Tailandesa.
—Roseanne ¿Me escuchas? —insistió Lisa.
—¿Qué? L-Lisa —Roseanne no podía creer que Lisa estuviera ahí voluntariamente hablando con ella— S-sí, disculpa.