Capitulo 4

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—¿Cómo estás? —preguntó María dese su asiento.

—Un poco nervioso ¿y tu? —respondí.

—Igual, además eso es normal el primer día de clases —explicó con una sonrisa—. Ven siéntate para que no esté sola.

Tomé asiento a su lado, charlamos por un rato hasta que llegaron los demás compañeros de clase y luego la profesora de castellano.

Luego de ver nuestras clases, fuimos a la salida para irnos.

—¿Vas para la orquesta? —pregunté mientras cruzábamos el portón.

—Sí, yo iré a mi casa y luego saldré para allá ¿y tu? —Respondió mientras acomodaba su bolso.

—Sí, pero tengo que esperar a mi papá que viene a buscarme —dije mientras me sentaba en unos de los bancos de la entrada.

—Bueno, ¡nos vemos allá! —se despidió y se fue.

Esperé un par de minutos y mi papá no llegaba, procedí a sacar un libro que tenia en el bolso para leer por mientras.

—¿De que trata? —Preguntó un chico, alcé la mirada, lo analicé y recordé que lo había visto en mi salón de clases.

—Trata sobre un hombre que es telegrafista y tiene el don de entender los sentimientos de las personas —Expliqué mientras lo cerraba y le mostraba la portada—. O algo así es lo que estoy entendiendo —lancé unas risas—. apenas voy por el tercer capítulo.

—Tan Veloz Como el Deseo —pronunció el chico leyendo el título de mi libro—.  Por Laura Esquivel, suena interesante.

—Lo es... —expliqué.

—Me llamo Jesús —se presentó y estrechó su mano—. Es un gusto.

—David —tomé su mano y la apreté.

—¿Que haces aquí? —preguntó—. ¿No deberías estar en casa?

—Bueno yo también haría la misma pregunta, ambos estamos en la misma sección.

—Yo espero a mi padre ahí adentro —señaló un silla que estaba cerca del portón pero adentro del lugar—. Y vine porque me llamo la atención el libro que lees.

—Bueno hacemos lo mismo, yo también espero el mio.

—¿Le dijiste que ya terminaste tus clases? —preguntó—. Desde hace rato te veo esperando.

Soy yo o ¿Te está acosando? o ¿Coqueteando Contigo?

—No le avisé —Respondí cortante.

—¿Tienes teléfono para llamarlo—. Preguntó.

¿Porque hace tantas preguntas? Ya me siento presionado.

—No, no tengo, pero él si.

Metió su mano en su bolsillo, saco un teléfono y me lo acercó.

—Ten.

Lo tomé y procedí a marcar, comenzó a repicar hasta que contestaron.

—¿Hola? ¿Quien habla?

Esa voz no era ni la de mi madre ni la de mi padre.

—Por favor con Daniela

—¿Daniela?, Mi niño creo que está equivocado...

Arrugue mis cejas y corte, volví a marcar, contesto la misma persona.

¿Le habrán robado el teléfono a mis padre?

—Ten —Le devolví el teléfono a Jesús—. dicen que estoy equivocado, no se que pasa...

—Bueno ahí llegó mi padre, nos vemos mañana hasta luego —Se despidió montándose en el auto de su padre.

Solo me despedí extendiendo mi mano, respiré profundo y seguí mi lectura, pasaron unos minutos que para mí eran largos así que decidí irme por mi cuenta, a la buena de Dios.

Como mi madre nunca me había dejado salir a la calle a jugar con los vecinos, solo salía cuando íbamos a comprar cosas o iba a la escuela, a la orquesta, o simplemente a acompañar a mi padre a su trabajo.

Pero medio conocía el camino de la secundaria a la orquesta así que partí.

Durante el camino escucho el pito de un carro y reconozco que es el de mi padre, se detuvo junto a mi lado y subí.

—Te estuve esperando hasta ahorita pero como en vista que no llegabas me fui —dije con simpleza.

—Estaba ocupado —excusó—. ¿Como te fue?

—Bien por los momentos, me mandaron a investigar un montón de cosas para hacer hacer un glosario.

Durante el camino hablamos sobre cómo me había ido, llegamos a la orquesta y bajé, ensayé, y como de costumbre volvimos a casa.

[...]

—El concierto será en la cuidad de Cumaná tras los 500 años que estará cumpliendo dicha ciudad —explicó el director de la orquesta.

Estábamos ensayando para ese acontecimiento que sería algo inolvidable, estaríamos participando para algo muy especial, además era un honor, habían echo audiciones a todas las orquestas del estado para que se hiciera un gran concierto, pero la única orquesta seleccionada y preparada, era en la que yo estaba.

—Así que necesito que los que están en la secundaria, hagan una fila en la secretaría para que les hagan un permiso por su ausencia en sus clases —explicó el director.

Me puse de pie y Mariana me siguió, al dar nuestros datos volvimos al salón de ensayo.

—Estoy muy emocionada la verdad —Soltó Mariana con entusiasmo.

—Igual yo —dije con una sonrisa.

—Bueno mis niños vallan a casita, las niñas que se van a planchar su cabello y los demás tienen toda la tarde para preparase para mañana —habló el director nuevamente—: Mañana temprano aquí a las 7 de la mañana, se les agradece la puntualidad.

Al llegar a casa le expliqué a mi madre todo, empecé a arreglar mi maleta, preparando todo lo que llevaría.

[...]

—¡¡Llegó el autobús!! —Gritó la mamá de una compañera de la orquesta y también de la secundaria.

El autobús aparcó en la calle en frente de la orquesta.

—Bueno los más pequeños hagan una fila, caminen al autobús y suban con orden por favor —Explicó el director.

Hicimos la fila y caminamos al autobús.

—¡Esperen! —Volvió a gritos la mamá de mi compañera, todos nos detuvimos—. ¡Una foto! ¡Sonrían! —Nos tomó una foto a todos y luego seguimos camino al autobús.

Busque un asiento y me senté solo, no hablaba con nadie, siempre tuve la sensación que a nadie le agradaba eran pocos los que me hablaban, Mariana se sentó con su profesora de viola, ella tocaba viola, luego en mi lado se sentó la coordinadora de la orquesta, ella si tenía algo de trato conmigo pero no mucho, pero al menos tendría compañía.

Recosté mi cabeza en el asiento y do un suspiro muy largo, cerré mis ojos, luego el autobús arrancó.

La vida de David ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora