6

1.6K 97 0
                                        

Peter detestaba a los médicos, especialmente a aquellos que parecían saber demasiado sobre su cuerpo alterado por la araña.

—¡No te escondas, chico! Necesitas atención médica —dijo una voz con desesperación.

—¡No necesito nada! —respondió Peter con brusquedad.

—Bueno, Bruce... ¿recuerdas a Pete? El niño del que tanto te hablaba, el que te admira y...

Peter descendió desde el techo con un gesto tenso.

—Lo haré. Por favor, no digas más —suplicó, avergonzado.

///////////////////////////♡////////////////////////////

—Muy bien, Pete, tomarás este suero durante unos días, junto con estos medicamentos —indicó Bruce, señalando las pequeñas cajas que acababa de sacar del cajón de su escritorio.

Peter odiaba los intentos de los médicos por controlarlo con agujas. Sin embargo, sabía que Bruce no lo haría nunca, menos aún estando Tony presente. Eran colegas, y había cierta confianza entre ellos.

—Pet, ¿nos darías un momento? —pidió Tony con suavidad.

Peter asintió y salió de la habitación. Dentro, los dos hombres continuaron hablando en voz baja.

—Tony, sé lo importante que es este chico para ti. También sé que quieres destrozar a quien le hizo esto... y lo de su tía. Pero, como doctor, debo recomendarte algo: un psicólogo, incluso un tratamiento psiquiátrico.

Tony se quedó inmóvil, desconcertado. Aunque, en el fondo, admitiría que ya había considerado esa opción.

—Sí... la verdad, yo también lo estaba pensando. Creo que lo necesita —mintió, intentando sonar convincente.

—Así es, Tony. Aunque haya pasado poco tiempo, él ha vivido demasiado en cuestión de segundos. Es como... lo que pasó en Siberia, ¿recuerdas?

El nombre bastó para que un escalofrío recorriera a Tony. Cerró los puños con fuerza. Ya tenía a alguien en mente, alguien a quien podía llamar para ayudar a Peter, aunque sabía que también implicaría papeleo y complicaciones.

///////////////////////////♡////////////////////////////

Mientras tanto, Peter sentía que todo a su alrededor se apagaba poco a poco. Sacó su teléfono, que llevaba semanas sin usar, y lo encendió. Abrió WhatsApp y escribió:

Peter: Hola.
Ned: ¡Peter! ¿Eres tú? ¡Dios mío, Peter!
Peter: Sí, soy yo. ¿Alguna novedad que me cuentes, Ned?
Ned: Nada nuevo por aquí, viejo. Solo MJ, cada vez más preocupada por ti. Apareciste en los noticieros como "El asombroso Spider-Man pierde a alguien", pero alguien se encargó de borrar todo eso.
Peter: Podría haber sido el señor Stark.
Ned: ¿Vives con él ahora?
Peter: Algo así. Hablamos luego.
Ned: ¡Claro! Cuídate, Pete. Me preocupas.

Peter salió del chat y fijó la vista en la puerta que había cerrado minutos antes. No pasó mucho tiempo antes de que Bruce y Tony salieran de ella.

—Peter —dijo Tony con voz grave—, tal vez sea momento de un pequeño cambio.

Niebla Donde viven las historias. Descúbrelo ahora