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La ciudad no había cambiado.

Seguía rugiendo bajo el cielo gris, indiferente al duelo de un chico de dieciséis años con fuerza sobrehumana.

Pero algo en Peter Parker sí había cambiado.

No era felicidad.
No era paz.

Era... decisión.

Harley estaba sentado en el borde del edificio, balanceando las piernas con una calma que no parecía realista para alguien que no tenía poderes.

—Entonces —dijo Harley—, ¿siempre te lanzas al vacío cuando tienes una crisis existencial o solo cuando hay testigos?

Peter, ya con la máscara puesta, miró hacia abajo.

—Normalmente sin testigos.

—Qué decepción. Me gusta el drama en vivo.

Peter soltó un suspiro leve. Luego saltó.

El aire lo envolvió. La caída libre duró apenas un segundo antes de que la telaraña saliera disparada y su cuerpo se balanceara entre los edificios.

Se sentía... oxidado. Como si llevara semanas sin hacerlo.

Quizá emocionalmente era cierto.

Aterrizó de nuevo junto a Harley.

—Bien. Sigo sin estrellarme contra el suelo. Es un avance.

Harley asintió con aprobación fingida.

—Tu club de fans invisible estará encantado.

El comunicador en el traje vibró.

—Espero que esa reactivación biométrica no haya sido un error técnico —dijo la voz de Tony Stark.

Peter giró los ojos bajo la máscara.

—Hola, señor Stark.

—Ah, está vivo. Excelente. Estaba a punto de enviar una banda escolar motivacional.

Harley intervino, acercándose al comunicador.

—Yo habría dirigido la banda.

—Lo sé —respondió Tony—. Por eso no lo hice.

Peter negó con la cabeza.

—¿Qué ocurre?

Tony cambió el tono.

—Actividad menor en Queens. Nada catastrófico. Pero quiero ver cómo reaccionas en campo después de tu mini retiro espiritual autoimpuesto.

Peter entendió lo que no se estaba diciendo.

Quiero asegurarme de que estés bien.

—Voy en camino.

Cortó la comunicación y miró a Harley.

—No tienes que quedarte.

Harley se encogió de hombros.

—No tengo poderes, pero sí curiosidad científica y pésimas decisiones sociales. Iré a nivel de observador lejano no autorizado.

Peter lo señaló.

—Nada de acercarte.

—Relájate, araña. No soy suicida

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