Capítulo 19

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Las niñas crecieron en un parpadeo, y cuando sus padres menos se lo esperaron las tenían corriendo por todos lados en el departamento. Pronto se dieron cuenta que aunque el lugar era muy espacioso, ambos querían que las niñas crecieran en un lugar con más espacio para ellas.

Fue así que empezaron a buscar una bonita casa en las afueras de la ciudad. 

No fue una tarea sencilla, querían un vecindario tranquilo, con buenas escuelas alrededor y vecinos agradables. A Rin le hubiese encantado mudarse al barrio donde se crió de niña, pero quería mantener a sus hijas lo más lejos posible de los desprecios de sus abuelos.

Ellas sabían que los padres de Rin seguían con vida, alguna vez Towa se le acercó después de la visita de Toga e Izayoi.

—Mami, ¿Por qué tus padres nunca nos visitan? ¿Acaso ya están en el cielo?

A Rin se le hizo un nudo en la garganta y no supo qué responder. En ese momento llegó Sesshomaru a su rescate, quien por casualidad escuchó la pregunta de su hija mayor. 

La tomó entre sus brazos y acarició su rebelde cabellera blanca.

—Lastimosamente, los padres de tu madre tienen ciertas creencias que les impiden ser felices, por eso se han alejado de su hija.

La carita de la albina se transformó en una de tristeza. Desde que tenía memoria sus padres la habían arropado a ella y a su hermana con amor y atenciones, sus padres eran lo más importante para ella y que su amada madre estuviera alejada de los suyos porque ellos no la querían, le rompía el corazón. 

Rin pudo ver que su hija estaba al borde de las lágrimas, así que se levantó rápidamente de su asiento y la tomó de los brazos de su marido.

—Está bien cariño, mamá no está sola porque te tengo a ti, a tu hermana y a tu padre. Ustedes son todo lo que necesito para ser feliz —dijo y besó su cabecita con cariño.

Towa abrazó a su madre tratando de transmitir todo el amor y cariño que sentía por ella. 

Después de discutirlo con Sesshomaru, decidieron que lo mejor sería contarle a Setsuna de la situación. La pequeña castaña tuvo una reacción similar a la de su hermana, aunque sus gestos no eran tan expresivos, había heredado eso de su padre.

Las niñas entendieron bien la situación y nunca se volvieron a preguntar la razón de la ausencia de sus abuelos paternos.

Finalmente, lograron conseguir una bonita casa en un buen vecindario, a quince minutos de la mansión de los Taisho.

La casa era espaciosa y amplia, contaba con un jardín trasero con un pequeño estanque para peces, también con una pequeña zona de juegos dónde las niñas podrían jugar y divertirse al aire libre.

No conservaron a todos los sirvientes que tenían en la ciudad, solo unos cuantos pudieron seguirlos. Lastimosamente, Shiori tampoco pudo continuar trabajando con ellos, recientemente le había llegado una excelente oportunidad de trabajar en Inglaterra con una de las mejores agencias de niñeras del mundo. Tanto a Rin como a las niñas les haría mucha falta, puesto que se habían encariñado mucho con la joven, pero la agencia se encargó de enviar a una experimentada y amorosa anciana como reemplazo. Rin encontró en Kaede un gran apoyo en quién confiar a sus niñas. 

La nueva casa tenía muchas alcobas, por lo que le ofrecieron a las niñas tener una la suya propia, pero la idea de estar separadas no les gustó a las pequeñas, por lo que optaron por seguir compartiendo habitación. 

—Es imposible separarlas, realmente no pueden estar la una sin la otra —le comentó Rin a su esposo con una sonrisa en el rostro.

Sesshomaru solo asintió mientras la observaba intensamente con deseo. La llama ardiente en el vientre de la mujer se distribuyó por todo su cuerpo. Una vez más se poseyeron con pasión y lujuria en medio de la oscuridad de la habitación. 

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