Capítulo 14

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Días después de la discusión que tuvo con su hija en el hospital, Hitomi se encargó de anunciar a la familia Taijiya sobre el rompimiento del matrimonio de sus hijos. Azumi no se sorprendió tanto, después de todo, ella y Sango sospechaban que Kohaku había tenido una aventura con su jefa, aunque había guardado una pequeña esperanza de que las cosas se arreglaran después de que perdió la memoria. Cuando le preguntó a Hitomi si sabía qué había sucedido, esta solo respondió que no era su asunto y que no le interesaba, como si no fuese su propia hija la que se estuviera divorciando.

Le marcó a Kohaku varias veces, pero el muchacho no contestó nunca, así que con su esposo decidieron regalarle una visita a su casa para ver cómo se encontraba. Por más que tocaron la puerta, nadie nunca les abrió, por lo que decidieron forzar la entrada, ya que a estas alturas se estaban imaginando el peor escenario posible. Al entrar a la casa, se encontraron con una imagen en verdad lamentable. Kohaku yacía tirado en el piso de la sala, rodeado de botellas vacías de cerveza, muy mal herido y claramente oliendo a alcohol, en las comisuras de su boca se podía notar los restos del vómito que expulsó la noche anterior.

Azumi corrió a socorrer a su hijo, mientras el preocupado padre llamaba a la ambulancia. Estuvo internado algunas semanas en el hospital por unas cuantas costillas rotas y otras fracturas que él argumentaba, había conseguido en una pelea en un bar.

Cuando lo dieron de alta, sus padres se lo llevaron a casa para cuidar de él, alguna vez Azumi trató de averiguar qué había sucedido con Rin a lo que Kohaku solo contestó:

-Ella es solo una maldita perra infiel.

La mujer se escandalizó al escuchar a su hijo referirse de esa manera a la dulce Rin, su primer amor.

-¿Acaso te dieron un mal golpe en la cabeza? -preguntó con severidad-. Esa no es la forma correcta de expresarse de una dama.

Kohaku soltó una sonrisa burlona.

-Una dama no se acostaría con el jefe de su esposo para verle la cara de estúpido.

Las palabras de su hijo no tenían sentido para ella, sin embargo, recordó al atractivo jefe de Kohaku y sus atenciones para con todos cuando éste estuvo enfermo. Una cosa era que una empresa se preocupara por el bienestar de sus empleados pero que incluso los jefes más importantes los visitaran personalmente era muy extraño. En aquel entonces estaba demasiado ocupada centrando su atención en la sospechosa tristeza de la jefa de su hijo, así que no se percató de lo inusual que era la presencia del otro ejecutivo.

-Cuando hablas de tu jefe, ¿te refieres a aquel apuesto pelíplata?, ¿el hermano de Inuyasha?

Kohaku solo asintió, molesto porque su madre hubiera notado el atractivo del hombre.

-Vaya... -Guardó silencio por un momento-. Debió haber sido muy difícil para ella.

-Madre ¿Qué dices? -preguntó enfadado-, fue más difícil para mí que mi esposa me haya sido infiel.

Su madre lo vió de forma suspicaz.

-¿Y tú no le fuiste infiel? -preguntó alzando una ceja.

-Yo... No... Nu...Nunca. -Kohaku no sabía qué decir.

-Te recuerdo, que un matrimonio es de dos personas y ambas se deben respeto mutuo, fidelidad, cariño, comprensión y muchas cosas más. No estoy justificando las acciones de Rin, ni tampoco las tuyas. Ambos se equivocaron y van a pagar las consecuencias, pero me parece injusto que te expreses así de ella cuando tú también le fallaste.

Kohaku se quiso defender, pero su madre no lo dejó continuar.

-No trates de negarlo, soy tu madre y te conozco, además vi la preocupación en el rostro de aquella mujer cuando te encontrabas delicado. Creo que era la esposa de tu jefe. Vaya, al parecer Rin y tú tienen más en común de lo que creen.

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