la vida es como un reality

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Francesco.

¿Que haces?;)

Viendo el reality show de las kardashians. Son tan absurdas en algunas ocasiones. Se ponen a gritar cómo lunaticas cuando ven a una simple araña, ¿Puedes creerlo?

Es entendible, puede ser que les tengan fobia o algo.

Claro Francesco, ¿Todas ellas? ¿La fobia se extendió cómo la gripe por cada una de ellas?

Bueno, si nunca en la vida han estado acostumbradas a los insectos, ¿Que esperabas?

Que fueran mucho menos... Dramáticas.

Y se estarán preguntando, ¿Qué diablos haces hablando sobre las kardashians? Y ¿Con quién?

No se sorprendan... Pero he estado mensajeandome con Laurel durante ya una semana y media. Y las conversaciones son tan absurdas y divertidas que todo el tiempo me la paso sonriendo a causa de ello. Me pregunto si a ella también le pasará lo mismo...

O tal vez no...

Obviamente no, ¿En qué diablos estoy pensando?

Somos amigos... Aunque me disguste la idea. Es eso o nada. Y prefiero hablar y estar con ella a no tener ningún tipo de contacto ahora que sé cómo es.

Tan cálida... Tan bonita y gruñona.

Aunque por mi bien no debo pensar en ninguna de esas cosas. No quiero arruinarlo.

Pero joder... Desde aquel día dónde unió su boca a la mía la tengo en la mente a cada instante, la pienso en cada momento. Muero por volver a probar el sabor de sus labios.

Pero debo olvidarme de ello, por el bien de los dos, como dijo ella.

Pero es tan difícil cuándo hay tanta tensión entre nosotros desde aquel día.

Es cómo una pequeña corriente eléctrica que me recorre el cuerpo cada vez que la tengo cerca. Y la forma en la que se acelera mi corazón.... Juraría que se siente como si me fuera a dar un infarto. Es una cosa tan intensa...

Suelto el aire y camino hacia la cocina de la casa de mis padres. Los visito una o dos veces por semana.

—Hola mamá, ¿Que estas haciendo?—le doy un beso en la frente a la mujer de pelo castaño claro que está batiendo huevos en un recipiente.

—Hare un pastel de chocolate cariño. ¿Te quedarás a probarlo?—pregunta enérgicamente, sonriéndome.

—No creo mamá, me iré en unos minutos, quedé con Martin. Hoy es mi día libre—respondo sentandome en el taburete y apoyando los codos en el mesón.

—Ay hijo... ¿Cuándo dejarás ese trabajo de mesero?, Sabes que eres mucho más que eso.

Suspiro y le sonrio.

Reconozco que ya estoy por dejarlo. Ya he estado mucho tiempo allí. Así que intentaré con otra cosa.

—Ya estoy por dejarlo mamá. Sé que no es lo mío.

—¿Y el qué trabajarás está vez?... Ya has intentado con lo de cartero... ¿A quien se le ocurre trabajar como cartero?, ¿Si sabes que la gente se mete a ese empleo porque no les queda de otra?, Eras la primera persona que lo hacía por mero gusto... Eres bien raro hijo—dice en broma y me río abiertamente.

—Era por puro experimento. Pero no sé en qué me meteré esta vez... Me gustan los niños... ¿Y si pido empleo en algo así cómo entrenador, de voley o fútbol, o simplemente dar clases en una primaria?—divago y se le llenan los ojos de lágrimas.

Su MiradaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora