Laurel.
Porque no se me ocurrió decirle desde un principio que me esperara para comer y ir yo solita andando hacia la tienda de ropa interior. Pero no, a Laurel le gusta complicarse la vida.
Escojo un par de bragas de encaje tirandolas con rabia a la canasta. Solo a mí se me ocurre.
Veo un bonito conjunto color rojo pasión con ligero incluído y me muerdo el labio, indecisa. Color para una noche pasional y intensa. Y aparte con lacitos. ¿Por qué no comprarlos?
¿Y para quién vas a usarlo? ¿Para el vagabundo de la esquina?
Ignoro deliberadamente a mi subconsciente. Hasta parezco loca hablando conmigo misma.
Algún día lo usaré supongo. Para algún chico guapo.
¿Francesco?
No, no, no. Ni en sueños. Never.
¿Segura que no te imaginas usando esto para él?
—¡No!—chillo en voz alta y la gente a mi alrededor me mira como si estuviera loca. Incluso evitan pasar cerca de mí.
Genial. Lo que faltaba.
A pesar de la molestia cojo el conjunto y paso a pagar todo, con la barbilla en alto.
Salgo de la tienda y entro a otra para comprarme crop tops para matar tiempo. Si hay una cosa que ame inmensamente además de los doritos, los libros y la música, son los crop tops. ¿Y por qué no usarlos cuando tengo un cuerpo precioso para lucirlos?
Ya con tres bolsas en una mano y tres en otra estoy agradeciéndole a todos los santos por qué Francesco se llevara las otras. Camino con paso vacilante al área de comida. Respiro hondo y procuro serenarme. Ubico la mesa dónde está sentado concentrado en su móvil. Me apresuro sentandome en el puesto libre y me aclaro la garganta logrando que se enderece y me mire sonriendo a la ves. Le devuelvo el gesto.
—¿Y que tal, ya pediste las hamburguesas?—pregunto colocando las bolsas en el piso.
—Si, pedí dos para tí y para mí—contesta y arquea la ceja cuando voy a protestar—. Estás muy berrinchuda hoy.
—Lo sé. Soy como una niña. Y no tienes derecho a protestar—señalo sería y se ríe ligeramente.
—la verdad no me disgusta—confiesa y miro a otro lado—. Bueno pedí dos para cada uno por que no quiero que te llenes sin razón y te pongas mala y andes vomitando todo—aclara y hago un puchero.
—Qie tierno. Papi se preocupa por su niña berrinchuda—suelto sin pensar y enseguida me arrepiento cuando el ambiente se pone más pesado y nos miramos el uno al otro nerviosos y sin saber que hacer o decir.
Joder, hasta dónde tengo que liarla hoy. Deberían darme el premio de la chica más importuna del mundo.
Sí, estoy siendo dramática.
—Aqui tienen—el mesero deja las hamburguesas y coca cola frente a nosotros, ajeno a toda tensión. Francesco saca torpemente unos billetes de su pantalón, pagandole de una vez.
—Bueno... Comencémos—suelta tratando de aligerar el ambiente—¿Se puede saber que nos vamos a pedir en caso de que ganemos alguno de los dos?—cuestiona mirando su hamburguesa.
—No. Será sorpresa.
—Pero si servirá cómo incentivo—sacude la cabeza—. Sí, es mejor que no sepamos—cambia de opinión sonriéndo de lado y me remuevo inquieta. ¿Que tendrá en mente?—. El que se acabe las dos hamburguesas primero, es el que gana—aclara, señalandome. Nada de trampas.
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Su Mirada
RomansaUna salida al cine, pulceras, miradas, sonrisas, caricias... Corazones acelelados. ¿Que deparará el destino para Francesco y Laurel? Aventurate y enamórate de Francesco Ricci y Laurel Tassone en una historia llena de amor y risas.
