CAPITULO TRES

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—Si sabes que quedan solo tres días, ¿no? — me soltó Alex, agitando el envase de las palomitas de maíz mientras caminaba hacia el sofá — Tienes que tratar de organizarte mejor y practicar, Dylan. El tiempo vuela.

—Lo sé, lo sé. Créeme que lo sé — respondí, hundiéndome en el sillón de su sala — Pero se me complica demasiado. Entre las materias de la escuela, los entrenamientos de básquet y las cosas de la casa... no me dan las horas del día.

Alex dejó el envase en la mesa de centro y se sentó a mi lado. Su expresión burlona cambió por completo a una de total empatía.

—Sé que... bueno, sé que desde lo que pasó con tu papá todo se volvió cuesta arriba. Te afectó muchísimo y ahora tienes demasiadas responsabilidades encima, sobre todo con el cuidado y el apoyo a tu mamá. Al final, ahora son ustedes dos contra el mundo. Pero ey... —me dio un suave golpe en la rodilla — ya sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. En las buenas y en las malas, hermano.

Sentí un nudo pesado formándose en mi garganta. Las palabras de Alex me tocaron una fibra muy sensible que llevaba días intentando ignorar.

—Sí, lo sé. Gracias... Sabes, en verdad necesito contarte algo — admití, tomando un respiro profundo para intentar contener las lágrimas que ya amenazaban con salir.

—Dylan... — Alex colocó una mano firme y cálida sobre mi hombro, obligándome a mirarlo — Sabes que puedes confiar en mí con los ojos cerrados. Cuéntame lo que te está pasando. Aquí voy a estar. Si necesitas desahogarte y llorar, pues entonces lloramos los dos, no pasa nada. Pero recuerda siempre una cosa, si fuiste capaz de llegar hasta dónde estás ahora después de todo lo que has vivido, puedes con lo que te pongan enfrente.

—Gracias, de verdad — volví a tomar aire, tratando de estabilizar mi voz — Ayer... ayer por la noche estaba acostado en mi cuarto, escuchando la música que voy a bailar el sábado. Todo iba bien, hasta que de la nada comenzó a sonar Arcade. Fue como un golpe en el pecho. En un segundo se me vino a la mente el día del accidente. Todo completito. Me di cuenta de cuánto lo extraño, Alex... De cuánto me hace falta mi padre. A veces me cuesta respirar pensando en que ya no está aquí con nosotros. Me carcome la culpa de saber que él no pudo sobrevivir... y nosotros sí.

Alex no se movió, pero vi cómo sus ojos se ponían llorosos de inmediato, escuchándome en absoluto silencio.

—Todavía recuerdo cuando tenía quince años — continué, la voz me temblaba, pero necesitaba sacarlo — Íbamos camino a un restaurante para cenar en familia. Yo iba en el asiento de atrás, distraído, y mis padres iban adelante, hablando de cualquier cosa. De repente... apareció ese camión. Ese día estaba lloviendo durísimo, el pavimento era un espejo de agua. Me acuerdo perfectamente de las últimas palabras que mi padre me dijo antes de cerrar los ojos.

Me quedé sin palabras por un momento. El dolor físico de recordar me cerró la garganta, pero la mirada de apoyo de Alex me dio la fuerza para continuar.

—Sigue, Dylan. Desahógate — me animó Alex con la voz quebrada.

—Mi padre no logró ver el camión a tiempo por la lluvia. Cuando se dio cuenta, trató de esquivarlo dando un volantazo, pero perdimos el control. El auto dio demasiadas vueltas, el sonido del metal rompiéndose fue espantoso. Cuando logré abrir los ojos entre el humo, los vi. Vi a mi padre y a mi madre colgados de los cinturones, ambos cubiertos de sangre por el impacto. Me quité el cinturón como pude y me acerqué desesperado. Mi mamá estaba inconsciente, pero no tenía heridas graves. Mi papá... mi papá se llevó la peor parte. Logró mirarme un segundo. Sus últimas palabras fueron: "Hijo... no tengas miedo. Siempre voy a estar para ti. A pesar de que físicamente no lo esté, siempre estaré viviendo en tu corazón y en cada uno de tus recuerdos".

El amor de Dylan #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora