CAPITULO TRECE - FESTIVAL

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—Estoy llegando tarde al festival...

Después de ayudar a mi madre con unos documentos y otros asuntos en el hospital, además de compartir un buen rato con Hasly, no vi la hora. Me acabo de dar cuenta de que voy retrasado.

Me subo al auto rápidamente para ir a mi casa a cambiarme. Apenas llego, subo directo a mi habitación, me arreglo en un abrir y cerrar de ojos y tomo las llaves. Cierro la casa, me monto en el carro, giro la llave para encenderlo y.... nada.

—No, no, no. Ahorita no, por favor — suplico. Pero el motor simplemente no quiere arrancar.

Llamada entrante: Alex

—¿Aló, Dylan? ¿Dónde andas? ¿Ya vienes? — me pregunta preocupado al otro lado de la línea.

—Sí, ya voy en camino. Estoy justo tomando el metro. Perdón, se me hizo tarde, pero ya voy para allá.

—Dylan, no llegues tan tarde, nada más faltas tú.

—Tranquilo, sí voy a llegar al festival.

—Está bien, me avisas. Nos vemos dentro de un rato.

Llamada finalizada

Salgo del auto casi corriendo hacia la estación del metro. Como quedaba un poco lejos, me costó llegar sin aliento. Observo el reloj y compruebo que todavía me quedan un par de horas antes de que comience el primer reto del festival. Logro entrar a la estación, compro el ticket, me subo al vagón y noto que está repleto de personas.

Sin embargo, entre la multitud observo a alguien en especial. Es la misma chica que vi en la Fiesta de colores.

Me le quedo mirando un instante y confirmo que sí es ella. Su mirada dulce, su cabello lacio y su hermosa sonrisa son inconfundibles. Cuando el tren llega a la estación final, espero a que algunas personas bajen primero antes de salir.

Voy caminando hacia las escaleras de la salida cuando, de repente, me tropiezo de frente con ella y se le caen varias hojas que llevaba en la mano.

—Perdóname, qué pena contigo — le digo apenado.

Al levantar la mirada, sus hermosos ojos claros coinciden con los míos. En ese preciso segundo siento cómo el corazón se me empieza a acelerar.

—Tranquilo, está bien. Muy rara vez me tropiezo con alguien en el metro — sonríe, un poco sonrojada, mientras se coloca un mechón de cabello detrás de la oreja.

—¿Segura de que estás bien? Ven, te ayudo a recoger esto.

Me agacho a ayudarla con los papeles que llevaba y me fijo en cómo va vestida. En ese momento me doy cuenta de que ella también va para el festival.

—Se ve que estás un poco apurada — le digo entre risas.

—No, claro que no. Tú fuiste el que chocó conmigo porque estabas apurado — me responde con picardía.

—Perdóname, de verdad, qué pena — le devuelvo las hojas ordenadas — Oye, por lo que veo, no soy el único que va al Dance Festival. ¿Vas a bailar?

—No, yo no bailo — se ríe tímida — No soy muy buena para eso. Voy al festival a ver a mi hermano. Su equipo va a competir y, por lo que veo, a ti te va a tocar enfrentarlo.

—No sé quién es tu hermano, pero sí, seguro nos tocará batallar. Bueno, vamos, que se nos hace un poco tarde.

Veo cómo sonríe suavemente mientras sus mejillas se tornan rojas. Se ve tan tierna.

(Dylan, por favor, cálmate, apenas se están conociendo), me digo para mis adentros.

Después de casi media hora por fin llegamos al recinto del festival. Nos costó atravesar la multitud porque había muchísima gente. Vamos rodeando la parte trasera del escenario, donde se encuentran todos los camerinos y equipos preparados.

El amor de Dylan #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora