CAPITULO SEIS

178 54 0
                                        

 —Ok... eso no debió pasar — les digo a los chicos, rompiendo el silencio de la sala mientras dejo caer la taza sobre la mesa. Ha pasado un día desde el desastre en la academia, pero la adrenalina todavía me corre por las venas — Me dejé llevar, de verdad lo siento. Pero es que... ¡él no tenía que ganar!

Llevo mis manos directo a la cabeza, tapándome el rostro de la pura frustración. Me aprieto las sienes, reviviendo el momento exacto en que mi puño impactó contra la mandíbula de Albert.

—Sí... fue una locura — comenta Alex, cruzándose de brazos mientras procesa con seriedad todo lo que sucedió ayer — Pero miremos el lado positivo. No creo que te suspendan de la academia porque, técnicamente, ya no quedan más retos. A lo mucho, puede ser que nos coloquen con él en algún baile grupal para limar asperezas, o que los directores te den una charla reflexiva y aburrida sobre el control de la ira. Sí, creo que eso sería lo peor que podría pasarte.

—Estoy de acuerdo con Alex, Dylan — le sigue Amelia, asintiendo con la cabeza desde el otro extremo del sofá — Te defendiste. Nos defendiste.

—Es que hizo trampa, Amelia — le respondo, destapándome la cara con impotencia — Sabía perfectamente que tenía que elegir otra música. Desde el ensayo en la cancha tenía ese mal presentimiento en el pecho y debí hacerle caso a mi intuición. Si hubiese ganado alguno de ustedes dos, la historia fuera completamente diferente; estaría orgulloso de ustedes, muchísimo más de lo que ya estoy. Pero no. Tenía que ganar el estúpido de Albert... Vamos a llamarlo así para no soltar una grosería peor en mi propia sala.

—Oye, lo sabemos y sentimos exactamente la misma rabia que tú, Dylan — me dice Amelia con un tono de voz mucho más suave y comprensivo, intentando calmarme — Pero golpear a alguien, por más furioso e indignado que estés, no es la mejor manera de resolver los problemas.

Mientras ella me habla, Alex camina hacia la cocina y regresa con una taza humeante de té de manzanilla para ayudarme a relajar el cuerpo.

—Lo sé — admito, agarrando el té caliente entre mis manos y dejando que el vapor me entibie el rostro — Por eso traté de controlarme al principio. Yo sé perfectamente que soy impulsivo cuando me molesto, que la sangre me hierve rápido... pero siempre trato de respirar y medir las consecuencias. Aunque, siendo sincero, esta vez no lo logré. El detonante fue cuando se metió contigo.

—Casi lo matas, jaja — comenta Amelia con una risita nerviosa para aliviar la tensión —Menos mal que Alex y los demás reaccionaron rápido y lograron separarlos, porque imagínate, si nadie se mete, la situación se iba a poner diez veces peor.

—Jajaja, sí. Aunque tú no te quedas atrás, Amelia... — le digo, dándole un sorbo al té y mirándola de reojo — Tú también estabas furiosa, idéntica a mí. Vi cómo se te transformó la cara en cuanto apareció Vivian en el pasillo.

—Es que... ¡aaafffs! Vivian es insoportable. En cuanto apareció haciéndose la víctima de todo, con esa cara de «yo no hice nada, yo no sé nada» ... Es que así es ella, Dylan. Desde que éramos unas niñas pequeñas siempre quiso llamar la atención de las personas a costa de lo que fuera. Siempre fue una manipuladora.

—Sí, yo también me acuerdo de eso — apoya Alex, apoyándose contra el marco de la puerta — Cuando estábamos más pequeños en la academia, ella siempre buscaba la manera de ser el centro del universo. Es que, si tú no le das un poco de atención voluntaria, ella se las ingenia para dar lástima o armar un drama. Como aquella vez que estábamos en la clase de baile urbano; ella no sabía cómo hacer una transición en el suelo, me le acerqué con buena intención para ayudarla y me cortó la cara, no quiso. Así que cuando intentó hacerlo sola, se cayó espantosamente y empezó a llorar a gritos porque no le salía. ¿Y qué hizo después? Dijo que yo la había empujado a propósito.

El amor de Dylan #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora