CAPITULO DIECIOCHO

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Estoy exhausto. Anoche llegué a mi casa a las doce de la madrugada solo porque me tocó dejar a cada uno de los chicos en la puerta de sus casas. Hoy no creo que me vaya a levantar.

Me encuentro boca arriba sobre mi cama, perdiéndome en mis pensamientos un rato. De verdad... ¿vale la pena levantarse? El teléfono empieza a sonar y me regresa de golpe a la realidad. Estiro el brazo intentando alcanzar el celular, que reposa sobre la mesita de noche. Entre dormido y despierto, alcanzo a ver que es un mensaje de Clara.

Antes de enfocar bien la vista sobre la pantalla, noto la hora, son las ocho y media de la mañana. Definitivamente es hora de levantarme. Saco fuerzas de donde no tengo y me siento en la orilla de la cama.

Voy al baño y me doy una ducha con agua fría para espantar el sueño. Al salir, tomo el teléfono y le respondo a Clara. Mientras espero su contestación, voy al armario para elegir la ropa que me pondré hoy.

Ojitos Claros

Hoy... como a las 10:00 am, ¿te parece? (08:50 am)

Dylan

Sí, me parece. Pero como a esa hora tengo que estar camino al centro comercial para comprar unas cosas que me encargó mi madre... aun así podemos hacer algo.

(09:02 am)

Ojitos Claros

¿Qué tienes pensado? (09:05 am)

Dylan

Acompáñame a hacer las compras y después vamos por un helado, ¿te parece? (09:07 am)

Mientras espero su respuesta, bajo a la cocina a desayunar algo rápido. Al terminar, lavo lo que ensucié para que cuando mi madre regrese no encuentre nada desordenado.

Ojitos Claros

Ok, te espero. (09:10 am)

Dieron las diez de la mañana y ya me encontraba camino a la casa de Clara. Apenas me estacioné al frente, me di cuenta de que ya estaba afuera esperándome.

—¿Qué dirá tu hermano de que estás saliendo con su competencia? — le digo con una sonrisa burlona mientras aborda el auto.

—A mí también me da mucho gusto verte, Dylan — responde sonrojándose de inmediato — Me dijo... que cómo era posible que saliera contigo. Aunque admite que le caes bien.

—Más le vale que le caiga bien — me río.

Fuimos escuchando música durante todo el trayecto hasta llegar al centro comercial. Me estaciono, nos bajamos, tomamos un carrito de compras y empezamos a buscar todo lo que estaba anotado en la lista de mi madre.

Estuvimos en eso hasta mediodía. Luego fuimos a un buffet que estaba bastante cerca para almorzar.

—Wow, este lugar es bellísimo — comenta asombrada mirando la decoración.

—Sí que lo es, me encanta estar aquí. Vengo muy poco, pero me gusta mucho el ambiente — le digo — Ven, vamos a sentarnos.

Pedimos la comida y nos pusimos a hablar sobre los festivales que se vienen y, sobre todo, de su pasión por la literatura.

—Así que te gusta escribir... — le digo apoyando la barbilla en la mano.

—Me gusta muchísimo, la verdad.

—¿Tienes algo de tu autoría que pueda leer?

—Claro, pero no lo cargo aquí encima; lo tengo en la computadora.

El amor de Dylan #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora