Alex...
Dentro de unas semanas me voy a Canadá a comenzar mi vida universitaria. Quiero aprovechar al máximo el tiempo que me queda con los chicos, entrenar para los festivales restantes y seguir conociendo gente, en especial a Natalia. Ella es una chica verdaderamente encantadora; entiende mi sarcasmo y puedo ser totalmente yo mismo cuando estoy a su lado. Me fascina la confianza que hemos construido, pero... hay un problema: aún no le he dicho que me voy.
Llevamos alrededor de un mes saliendo y es evidente la conexión que hay entre los dos. Sin embargo, no tengo idea de cómo confesarle que me marcho del país en un par de semanas. No la quiero perder.
Dylan vino a mi casa para contarme lo que le había pasado anoche. Traía un moretón bastante feo en la nariz. Al parecer, se agarró a golpes por defender a Clara, ya que ella estaba en una fiesta lejos de aquí y la cosa se complicó.
—¿Y así fue como te echaste a perder la nariz? — le digo mientras busco una bolsa con hielo en el congelador.
—¿Qué querías que hiciera? ¿Qué me quedara durmiendo en mi casa tan tranquilo? —me responde un poco estresado.
—Pues... sí.
—Alex...
—¿Qué? — veo cómo me rueda los ojos mientras me recibe la bolsita con hielo — Bueno, está bien que fuiste. Te preocupaste por ella y eso habla bien de ti, pero dime... ¿cuántas veces en este año piensas agarrarte a golpes con alguien, Dylan? — le reclamo mientras saco dos sodas de la nevera y le entrego una.
—Si es para salvar a alguien, me peleo las veces que sean necesarias, y más si es por ella. No voy a permitir que le hagan daño.
—Ajá, ¿y yo dónde quedo? Claro, a Alex dejan que lo maten a golpes — suelto dramáticamente.
—Alex, por favor... Yo también me iría a los puños por ti. Solo llámame y estoy ahí listo.
—Gracias, hermano, sé que puedo contar contigo para meterme en problemas — digo colocándome la mano derecha sobre el pecho en señal de respeto.
—Para eso estamos. Pero por favor, no te metes en peleas tú solo, porque te vas a ir a Canadá y lamentablemente yo no voy a estar allá para cubrirte la espalda — me advierte.
—Lo sé, tengo que aprender a defenderme solo. Yo nada más te doy ánimos desde lejos, jajaja.
—Eso es correcto — me señala riendo — Oye, ¿y cómo vas con Natalia?
—Muy bien. Hoy mismo le voy a decir que me voy a Canadá. Le escribí para que nos viéramos en un sitio tranquilo y poder hablar mejor.
—Me parece excelente idea. Me tienes que mantener al tanto de todo, Alex...
—Claro que sí, hermano. Por supuesto.
—Eso espero. Mira, me tengo que ir. Seguimos hablando luego — me dice, así que lo acompaño hasta su auto.
—Nos vemos, Dylan.
Apenas me iba regresando hacia la casa, escucho a Dylan gritar mi nombre desde la calle.
—¡Hey, Alex! ¡Dile a Natalia que se porte bien contigo! — grita desde la ventana del carro.
Me encuentro en el buffet esperando pacientemente a que llegue Natalia. La verdad, no tengo idea de cómo vaya a reaccionar cuando le diga que me tengo que ir, pero voy a ser completamente sincero con ella.
—Hola, Nati, te ves preciosa — la saludo dándole un beso tierno en la mejilla. Me detengo a observarla y noto que tiene una sonrisa de punta a punta.
—¡Hola, Alex! Gracias. ¿De qué querías hablar conmigo? — me pregunta acomodándose en la mesa.
—Sí... Quería que supieras directamente por mí que me voy a Canadá dentro de unas semanas. Antes de marcharme, quería contártelo en persona — admito, sin poder sostenerle la mirada por un segundo.
—¿Cómo?... ¿Co.... cómo que te vas dentro de unas semanas? — me dice sorprendida, cambiando la f de su rostro.
—Sí, y la decisión ya está tomada, no hay vuelta atrás. La verdad, Natalia, espero que lo entiendas. Sé que hemos estado saliendo y nunca te lo comenté antes, pero a pesar de todo, no te quiero perder.
Se quedó sin saber qué decir. Podía notar el impacto en su mirada por todo lo que le estaba confesando. Respira profundo, me mira fijamente y me dice:
—Sabes... te entiendo. Sé que es una gran oportunidad para ti, así que lo comprendo. Puede ser que esto funcione de alguna manera. Aprovechemos este tiempo que nos queda juntos antes de que te vayas, ¿de acuerdo?
—Claro, me parece una excelente idea.
Nos quedamos platicando hasta tarde. Le conté los detalles de mi viaje y la razón por la que me iba a Canadá. Nos estuvimos riendo y pasamos una tarde muy amena. De verdad me siento en paz a su lado; no quiero que esto se acabe.
La acompañé hasta su casa y de ahí me fui directo a la de Dylan, ya que me acababa de mandar un mensaje diciendo que quería entrenar algo urgente.
—Ok, esto es lo que vamos a hacer — dice Dylan poniéndose los guantes de boxeo en el patio.
—De verdad... ¿esta es tu gran idea?
—Claro. Yo no voy a estar en Canadá, así que tienes que aprender a defenderte tú mismo.
—Está bien... empecemos.
Nos pusimos en el patio trasero a hacer la rutina. Primero estiramos y calentamos bien todas las articulaciones del cuerpo; luego saltamos la cuerda por unos diez minutos. Mientras tomábamos un respiro, Dylan fue a buscar las almohadillas de boxeo. Hasta puso la banda sonora de Rocky Balboa en la corneta para motivarnos.
Estuvimos dándole duro al entrenamiento hasta que se hizo la hora de irnos a la academia de baile.
—¿Cansado? — me pregunta Dylan secándose el sudor.
—No... claro que no — respondo casi sin aliento.
—Bueno, vamos a cambiarnos rápido para irnos, que más bien se nos hace tarde. Menos mal que el entrenador de baloncesto cambió el horario para la mañana; así puedo estar libre con ustedes hoy.
—Claro, vamos.
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El amor de Dylan #1
RomanceSe trata la vida de un chico que a pesar de su pasado, de su esfuerzo y dedicación con amor al básquet, llegó lejos cumpliendo cada uno de sus sueños. Superó la muerte de uno de sus seres queridos y una figura muy importante para él en su vida, tuvo...
