CAPITULO CATORCE - FIESTA DE GRADUACIÓN

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Al llegar a la escuela, nos adentramos a la cancha de baloncesto. Había muchísima gente y todos se veían muy elegantes: las chicas luciendo vestidos largos o cortos hermosos, y los chicos con esmoquin o camisas de vestir. Varios estaban bailando, otros conversando cerca de la barra, pero lo más importante era que todo el mundo se estaba divirtiendo. La decoración lucía fabulosa.

—Me encanta cómo decoraron la cancha. El neón se ve increíble — comenta Amelia mirando a su alrededor.

—Estoy totalmente de acuerdo contigo — le digo.

Caminamos hacia la zona donde estaban Emmanuel, Fabricio y el chico tímido a quien, por cierto, se me volvió a olvidar el nombre.

—¡Hey, chicos! Se ven geniales — nos saluda Emmanuel, mientras noto cómo Fabricio se le queda mirando fijamente a Amelia.

—Ustedes también — les respondo.

—Amelia... Te ves espectacular. De verdad estás hermosa — expresa Fabricio al verla.

—Gracias... — le responde ella dándole un abrazo suave — Tú... te ves muy bien.

Me da gracia la tensión silenciosa entre ellos. Sé que Amelia le tuvo mucho cariño, pero si él está saliendo con alguien más, es obvio que ella no le va a dar entrada. Hoy traía un vestido largo color verde esmeralda que le quedaba precioso; sin exagerar, se robaba las miradas de media fiesta.

Nos quedamos observando el ambiente un rato. Alex acompañó a Amelia por unas bebidas y Fabricio fue detrás de ellos, así que me quedé a solas con Emmanuel y el chico tímido.

—Necesito hacerte una pregunta... — le digo al tímido.

—Sí, dime.

—Me vas a odiar, pero se me olvidó tu nombre de nuevo.

—Es Patrick — se ríe.

—Ok, gracias por decírmelo otra vez. Prometo no volvértelo a preguntar — le sonrío al ver que le da un sorbo a su bebida.

Tras estar un rato hablando sobre lo que planeamos hacer ahora que nos graduamos, empezó a sonar We No Speak Americano. Todos se acercaron al centro de la cancha haciendo un círculo gigante para bailar. Por mi parte, me la pasé riéndome con los chicos al ver cómo varios ya estaban pasados de copas. La noche estaba siendo muy divertida.

Sin embargo, a lo lejos distingo a Amelia y a Albert caminando juntos hacia el pasillo oscuro de los salones. Trato de afinar la vista porque las luces de neón no me dejaban ver bien.

(¿Qué carajos estará haciendo con él?), me pregunto.

Empiezo a abrirme paso entre la multitud de gente. En el camino me cruzo con Alex, me acerco a su oído y le susurro lo que acabo de ver. De inmediato, los dos caminamos hacia allá.

—No deberíamos seguirlos... — le digo a medio camino.

—Solo nos vamos a acercar un poco a chequear — me responde él.

—Está bien... vamos.

Los seguimos hasta la puerta de un salón que dejaron entreabierta. Nos pegamos a la pared para escuchar. Desde donde estábamos apenas se oía el retumbo de la música de fondo; sonaba Calabria.

—Albert, suéltame el brazo, por favor — escucho la voz de Amelia desde adentro.

—Si le hace algo, lo mato — susurra Alex apretando los dientes. Le hago una seña para que guarde silencio y podamos oír mejor.

—Nunca vas a olvidar lo que pasó, ¿verdad? — dice Albert — Todavía existo en tu corazón.

—Ya no eres nada para mí — le responde Amelia con firmeza — Solo dime qué hacemos aquí y por qué me trajiste a este salón. Además, estás con Vivian.

El amor de Dylan #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora