—¿Viste lo que Esteban le dio a Amelia después de que terminó de bailar? — me soltó Alex de golpe, apoyándose contra los casilleros mientras esperábamos que se hiciera la hora para la próxima clase.
—Sí, claro que lo vi — respondí con una sonrisa — Le regaló un ramo de flores y una caja gigante de chocolates. El chico está cayendo redondito.
Alex se frotó las manos, entornando los ojos con pura picardía.
—¿Y tú no sabes... sí de casualidad ella ya se comió esos chocolates? Porque tengo un antojo serio.
—No tengo idea, pero mira, ahí viene. Vamos a interrogarla.
Amelia se acercaba a nosotros a paso firme. Al llegar a nuestra mesa, comenzó a organizar sus libros con excesiva calma, pero nos miró entrecerrando los ojos, reflejando una sospecha absoluta ante nuestras sonrisas cómplices.
—Chicos... — nos dijo, cruzándose de brazos — ¿Qué les pasa a ustedes dos? ¿Por qué me miran con esa cara de psicópatas?
—Queremos preguntarte algo de vida o muerte... — le dije, dándole un sutil codazo a Alex para que tomara la palabra.
—Ehh... Sí. A ver, Amelia, vimos que Esteban te regaló unos chocolates premium ayer y queríamos saber si todavía existen o ya pasaron a mejor vida.
Amelia dejó escapar una pequeña risa y negó con la cabeza, metiendo la mano en su mochila.
—Sí, aquí los tengo. De hecho, los traje para compartirlos, porque sé perfectamente con qué clase de monstruos hambrientos me junto. Pero ayer ustedes desaparecieron de la academia y no los vi más. Mejor dicho... me abandonaron — nos señaló acusándonos con el dedo índice y fingiendo indignación.
—¡Claro que no! — me defendí de inmediato, poniendo una mano en mi pecho — Yo no sabía que te ibas a regresar con nosotros. Si nos hubieras dicho algo, o al menos lanzado una señal de humo para avisarnos, jamás te habríamos dejado.
—Sí, tiene razón, pero igual me dolió. Me abandonaron — insistió ella, aunque el brillo en sus ojos delataba que solo quería hacernos sufrir un poco.
—Amelia, por favor, si eres dramática. Deja el show de la reina abandonada, pasa los chocolates y listo, se acabó el problema — le cortó Alex, arrebatándole la caja en cuanto ella la puso sobre la mesa.
Amelia nos miró con un fingido desprecio, pero terminó sonriendo mientras Alex se metía un chocolate a la boca, calmando su ansiedad. En ese momento, la silueta enérgica de Emmanuel se detuvo frente a nosotros.
—¡Chicos! ¿Cómo están? — saludó Emmanuel, desbordando entusiasmo — Como sé perfectamente que a ustedes tres les fascina el baile y llevan el ritmo en las venas, les tengo el plan perfecto. Están oficialmente invitados a la feria cultural de hoy en la noche. Va a estar genial, les va a encantar. Va a haber muchísima gente, música en vivo y hasta podrán mostrar sus talentos en la pista libre. No pueden faltar.
Se le notaba en la cara que se moría por vernos bailar en un ambiente más relajado.
—¡Olvídalo, cuenta con eso! Allá estaremos sin falta — le aseguró Alex, limpiándose los restos de chocolate.
—¡Buenísimo! Nos vemos en la noche, entonces. No me fallen.
Luego de que Emmanuel se alejara entre la multitud del pasillo, nosotros tres empezamos a caminar a paso lento hacia el salón de historia. Cuando cruzamos el umbral, nos congelamos, la profesora ya estaba escribiendo los temas en la pizarra. Habíamos llegado un poquito tarde. Nos deslizamos hacia nuestros asientos en el fondo lo más silenciosamente posible y tratamos de concentrarnos en el imperio romano.
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El amor de Dylan #1
RomanceSe trata la vida de un chico que a pesar de su pasado, de su esfuerzo y dedicación con amor al básquet, llegó lejos cumpliendo cada uno de sus sueños. Superó la muerte de uno de sus seres queridos y una figura muy importante para él en su vida, tuvo...
