CAPITULO DIECISÉIS

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Dyland...

—Hoy es un lindo día para ir a ayudarte al hospital, madre. ¿Puedo ir contigo? — le digo abrazándola por la espalda para convencerla.

Hoy tengo el día libre y quiero ver si la acompaño a su turno.

—Sí, hijo, claro que puedes venir conmigo — me responde mientras termina de cocinar el desayuno.

—¡Sí! —exclamo entusiasmado.

—Pero... ¿por qué tanta emoción, hijo?

—Tengo tiempo sin ver a Hasly y tampoco he sabido mucho de los doctores. Necesito ponerme al día con todos. Y de paso te ayudo en lo que necesites; cualquier cosa que me pidas, me llamas.

—Jajaja, está bien, hijo. Disfruta tu desayuno — se ríe dándome un beso en la frente — Yo me voy a cambiar. Termina de comer y te arreglas para irnos.

—Está bien, mamá. Te amo.

—Yo más, mi amor.

De camino al hospital nos encontramos a uno de los médicos que atiende a Hasly, quien además es un gran amigo de mi madre.

—¿Ese no es el doc? — le pregunto a mi madre señalando hacia la acera.

—¿Quién, Alfredo? — se asoma por la ventana.

—Sí, Alfredo.

Nos estacionamos justo al lado de donde él estaba esperando un taxi.

—Doc, suba, lo llevamos — le digo bajando la ventana.

—Hola, Dylan. ¿Cómo estás, Ciara? — nos saluda al abordarse en la parte trasera.

—Muy bien, ¿y tú, Alfredo? — le contesta mi madre.

—Bien, bien. ¿Preparados para el turno de hoy? Por lo que me contaron, llegaron muchísimas personas esta mañana y el hospital está lleno. Llegamos a buena hora.

—Sí, eso me dijeron también.

Nos quedamos en silencio escuchando la radio durante el resto del camino. Al llegar al recinto, mi madre y Alfredo se bajaron en la entrada principal mientras yo iba a buscar un puesto para estacionar. Como advirtió el doctor, el estacionamiento estaba a reventar, pero a los pocos minutos encontré un lugar.

Aparqué, me bajé y me fui directo hacia el consultorio de mi madre. El vestíbulo principal estaba repleto de pacientes. Me acerqué a la recepción para ver cómo estaba el movimiento y, a lo lejos, vi a mi madre caminando a paso rápido de un lado a otro. Hoy definitivamente iba a ser un día ajetreado.

—¿Cómo estás, Jenny? Por lo que veo, hay muchísimo trabajo. ¿Desde qué hora está toda esta gente aquí? — le pregunto a la recepcionista.

—Hola, Dylan. Algo cansada, pero aquí vamos. ¿Y tú, hijo? ¿Cómo vas con los entrenamientos? Con respecto a los pacientes, algunos están desde ayer en la madrugada y otros llegaron hoy temprano.

—Me imagino el agotamiento... Con los entrenamientos voy excelente; hoy nos cancelaron la práctica, así que me vine para acá. ¿Desde qué hora estás de turno?

—Entré esta mañana. En la madrugada estaba Sandra.

—Uf, no me imagino, ella debe estar extenuada.

—Así es. Por cierto, Dylan, ¿le podrías llevar estos expedientes a tu madre?

—Claro, dámelos y se los subo. Menos mal que el jefe me deja andar por aquí colaborando.

—Sí, eso es lo bueno. Toma — me entrega una pila de carpetas — Nos vemos luego.

Con los papeles en mano, tomo el ascensor hasta el piso donde se encuentra el consultorio de mi madre. Al salir al pasillo me cruzo con Lukas, el hermano de Hasly.

El amor de Dylan #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora