CAPITULO DIECISIETE

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—Ameliaaaaa... ¿Por qué tardas tanto en el baño? — gritó Alex pegado a la puerta —¡Amelia!

—¡Alex, por el amor de Dios, cálmate! Me estoy terminando de bañar — se escuchó la voz amortiguada de Amelia desde el otro lado.

—Es que tardas un siglo, vale — insistió él impaciente.

—Alex, por favor, déjala bañarse tranquila — tracé de calmarlo tomándolo por el hombro.

—Tengo unas ganas increíbles de ir al baño y ella se está tomando todo el tiempo del mundo — se devolvió para volver a golpear la madera — Ameliaaaaa...

—Ya, listo, me bañé — dijo Amelia abriendo la puerta e indignada, aun secándose con la toalla.

—Al fin saliste. Quítate — le dijo Alex empujándola suavemente para pasar rápido.

—Se dice permiso, ¿sabes? — le recriminó ella.

Como respuesta, Alex le sacó el dedo del medio antes de cerrarle la puerta en la cara.

—Y eso que es mi CASA — soltó Amelia alzando la voz para que la escuchara bien.

—¡TE ESCUCHÉ! — gritó Alex desde adentro.

—Amelia, ve a tu cuarto a vestirte — le dije aguantándome la risa — Y deja de pelear con Alex.

—Pero si él empezó — protestó señalando la puerta, justamente cuando Alex salía del baño y le volvía a sacar el dedo del medio como respuesta.

—Amelia... — la miré serio.

—Voy, voy... — dijo volteando los ojos antes de encerrarse en su habitación.

Para evitar que Alex la siguiera fastidiando, me lo llevé a la mesa del comedor.

—Alex, de verdad pareces fastidiado hoy, anda insoportable — le dije sentándome a su lado.

—La insoportable es ella — me respondió agarrando una manzana del frutero — Literalmente.

—Lo sé — asentí sonriendo.

—¡Chicos! — nos llamó Amelia desde su cuarto.

—¡Qué! — respondimos Alex y yo al unísono.

—¿Pueden venir un momento?

—¿Para qué? — preguntó Alex.

—Necesito que me den su opinión sobre algo.

Nos levantamos de la mesa y fuimos directo a su habitación. Al abrir la puerta, vimos a Amelia luciendo un vestido azul oscuro pegado al cuerpo, muy elegante.

—¿Cuándo te compraste eso? — preguntó Alex examinándolo.

—Ayer por la noche — respondió ella dándose una vuelta.

—Te queda bellísimo — le dije sinceramente — ¿A dónde van a ir?

—A un restaurante bonito.

—Oh, te va a ir excelente — comentó Alex.

—Cualquier cosa extraña que veas o si te sientes incómoda, me avisas — le recordé.

—Claro, les estaré avisando por el grupo.

Tras darle nuestra aprobación, salimos de la habitación y le cerramos la puerta para que terminara de maquillarse y arreglarse. Alex y yo estábamos en su casa desde temprano acompañándola. Eché un vistazo al reloj de la sala, eran las cinco de la tarde. Amelia saldría más tarde con Maxwell.

—Estoy lista — anunció saliendo minutos después.

—Quedaste perfecta — le sonreí.

—Oigan, chicos... cambiando de tema, quería hablar con ustedes con respecto al viaje que tengo pendiente después de graduarme — comentó Alex sentándose en el sofá.

—Sí, lo de Canadá — recordó Amelia — Por cierto... ¿cuándo te vas exactamente?

—Me voy dentro de dos meses — reveló Alex.

—Oye, al menos todavía nos queda tiempo para compartir bastante antes de que cada quien tomé su camino — le dije reflexivo.

—Sí, totalmente. ¡Ah, oigan! — dijo Alex mirando de repente la pantalla de su teléfono.

—¡Qué! — volvimos a responder al unísono.

—Ya anunciaron el siguiente reto del Festival. La música va a ser de género urbano —nos contó emocionado — Tenemos que hablar con el resto del equipo y ponernos de acuerdo sobre qué días vamos a ensayar, porque solo tenemos dos semanas.

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El sol ya se había escondido y eran las siete y media de la noche cuando llegamos a la academia. Amelia llegaría más tarde porque todavía estaba en su cita con Maxwell. Mientras la esperábamos, me senté en el suelo al lado de Alex para empezar a estirar.

El profesor estaba coordinando algunos detalles de la pista en el equipo de sonido. A lo lejos pude ver a Vivian y a Albert juntos. Jorge tampoco había llegado todavía. Al cruzar miradas con Albert, noté de inmediato que todavía seguía furioso conmigo por la paliza de la otra noche.

—Se ve que te ama — me susurró Alex mirando hacia donde estaba Albert.

—Sí, me ama demasiado — le respondí socarronamente mientras terminaba mi estiramiento de piernas.

—Cambiando de tema... ¿has hablado con... Ojitos Claros?

—Sí, he hablado con ella. Quedamos en ir por un helado mañana. Quería ver si se podía hoy, pero voy a salir tardísimo de aquí, así que lo dejamos para mañana.

—Sí, fue la mejor decisión. Es mentira que vamos a salir temprano de este ensayo. Imagínate, Amelia no ha llegado y Jorge tampoco.

—Por eso mismo. Hablando de Amelia, deberíamos llamarla para ver a qué hora va a llegar por fin.

—Déjame llamarla... — Alex se levantó a buscar su teléfono, que estaba cargando en una esquina del salón — Listo. Vamos a marcarle a ver si atiende, porque anda más enamorada que yo en esta vida.

Llamada a: Amelia

—Jelou, ¿qué se les ofrece? — nos respondió al otro lado de la línea.

—Necesitamos que te apures y vengas. Ya están preguntando por ti — mentí, aunque la verdad nadie había preguntado aún, pero la necesitaba en el ensayo — ¿Cuánto te falta?

—Estoy en camino. Ya sé que me extrañas, Dylan, pero no llores por mí, que voy cerca.

—Sí, claro, te estoy extrañando muchísimo — le dije sarcástico — Apúrate a llegar.

—Está bien, ya voy.

Fin de la llamada

Unos treinta minutos después llegó Amelia, pero Jorge seguía sin aparecer, aunque mandó un mensaje diciendo que venía en camino. Para cuando Jorge finalmente cruzó la puerta, ya eran las ocho de la noche.

En cuanto estuvimos todos reunidos, comenzamos a seleccionar la música para la coreografía. Decidimos hacer una mezcla de dos canciones que prometía romperla en el escenario: 1, 2, 3 de Sofía Reyes y Hey Ma de Pitbull, J Balvin y Camila Cabello.

El amor de Dylan #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora