EXTRA

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6 años después...

Tenemos un día maravilloso, excepto para Amelia, para ella es una jornada de puro estrés. Hoy es su primer desfile de modas oficial. Anda de un lado a otro ultimando vestuarios, coordinando a las modelos y afinando detalles. Trato de ayudarla en lo que puedo, pero a veces es mejor darle espacio y apoyarla a la distancia. Al terminar de dejar todo listo en el recinto, me voy a mi casa. El desfile es por la noche, así que busqué un traje que me queda impecable; me veo bastante guapo y elegante.

Llamada entrante: Alex...

—Dímelo.

—Hola, guapo. ¿Estás listo para la noche de hoy? — dice al otro lado de la línea.

—Yo nací listo. Amelia anda vuelta loca del estrés; intenté calmarla, pero no hubo caso. De todas formas, aquí le llevo un regalo.

—Ya voy pasando por tu casa para irnos juntos. Yo también le llevo un detalle sorpresa. ¿Y si los juntamos?

—¿Los regalos? — pregunto mientras me aplico mi perfume favorito.

—No... los carros. Obvio que los regalos — al escucharlo, ruedo los ojos

—Claro, como te trae tu mamá... No podemos darle dos carros a Amelia.

—Sí, ¿y? ¿Qué tiene de malo que me traiga mi mamá? Más bien, de milagro estoy aquí. Entonces... yo tengo papel de regalo. Al llegar a tu casa arreglamos bien la envoltura y se lo entregamos.

—Apúrate y termina de llegar...

Fin de la llamada.

Colgué para terminar de arreglarme. Me acomodo el cabello y le mando un mensaje a Clara para confirmar si ya está lista.

Bajo rápido a la cocina al escuchar el timbre; sabía que era Alex trayendo la sorpresa.

—Listo, ya nos podemos ir. Son las ocho de la noche, estamos perfectos de tiempo —anuncia.

Tomo las llaves y salimos rumbo a la casa de Clara. Ella ya nos esperaba afuera luciendo un vestido hermoso color azul oscuro que se ajustaba perfecto a su figura, con su cabello peinado en ondas sueltas. Al subirse al auto, me da un beso tierno y me regala una sonrisa radiante.

—Te ves hermosa, mis ojitos claros... — le digo admirándola detalladamente.

Sus mejillas se sonrojan de inmediato. Pongo el auto en marcha, ya que Amelia debía estar esperándonos impaciente.

Al llegar al evento, la ubico tras bambalinas.

—¡Chicos! ¡Sí llegaron! — nos abraza a todos dejándonos casi sin aire — Estoy súper emocionada, de verdad.

Saluda a Clara rápidamente y de inmediato vuelve a perderse entre los organizadores y las modelos.

Nos acomodamos cerca de la pasarela. Justo a las ocho en punto, la música retumba en el lugar. Sale Amelia a inaugurar su evento luciendo un vestido largo dorado espectacular, tacones plateados y el cabello suelto cayéndole hasta la cintura. El desfile comenzó y las modelos fueron saliendo con sus distintas colecciones. Todo resultó un éxito rotundo.

Al finalizar el show, nos quedamos con ella para ayudarla a recoger. Luego nos fuimos a una fiesta de celebración que le había organizado Maxwell. Ellos seguían juntos desde aquella época; el amor entre los dos se mantenía intacto. Se notaba en la forma en que se buscaban con la mirada y en cómo se iluminaban al abrazarse.

—¿Nos vamos, mi amor? — le pregunta Maxwell, dándole un delicado beso en los labios.

Amelia asiente con una sonrisa y lo toma de la mano.

En la recepción había muchísima gente, desde el equipo de producción hasta los patrocinadores de la marca de Amelia.

—¡Hey! — les llamó la atención. Ellos se voltean a verme.

—Mañana tengo la final, espero que estén todos ahí — les recuerdo.

—¡Cierto, mañana es la final! — repite Amelia emocionada.

—Es lo que acabo de decir — sonrío, rodeando la cintura de Clara con mi brazo.

—Allá vamos a estar sin falta — asegura Alex.

Alex sí se había ido a Canadá en su momento a estudiar Derecho. Sin embargo, al enterarse del gran logro de Amelia, no dudó en tomar un vuelo para acompañarla en este momento tan especial. Su carrera universitaria ha sido un camino de mucho esfuerzo, pero va firme en su objetivo de convertirse en un gran abogado.

Eran ya las doce de la noche y seguíamos en la fiesta disfrutando y bailando. A las dos de la mañana decidimos retirarnos a descansar. Dejé a Clara en su casa, luego a Alex en la suya y me fui directo a la mía a mentalizarme para el partido de hoy.

Me despierto sintiendo un poco el cansancio de la madrugada, así que me doy un baño con agua fría para espabilarme y reactivar el cuerpo. Hoy es la gran final. Van a ir varios patrocinadores importantes y un cazatalentos de alto nivel; tengo que dar el mil por ciento en la cancha, ya que este torneo es mi trampolín para entrar al Draft de la NBA.

Al llegar al gimnasio, la adrenalina se me disparó. Desde la cancha alcanzaba a ver en las gradas a mis amigos y a mi mujer. Clara se veía hermosa como siempre, luciendo su cabello recogido. Comenzamos el calentamiento intentando canalizar los nervios. El entrenador nos llama para la charla motivacional previa al juego, tomamos posiciones en la duela y arranca el partido.

El inicio fue bastante parejo y táctico. Yo me mantuve enfocado en hacer mi juego. Le filtro el balón a Julián, quien rápidamente se la pasa a Rafael cruzando el área para concretar una bandeja... Las gradas estallaron en gritos y aplausos.

Llegamos al último cuarto con una tensión tremenda. Quedaba solo un minuto y sesenta segundos en el reloj y el marcador estaba empatado. En una jugada rápida, robo el balón, me deslizo entre la defensa y anoto dos puntos decisivos para ponernos arriba.

El tiempo se agota. En la siguiente posesión, llevo el balón por la izquierda, giro la vista calculando el aro y me muevo con decisión. Me deslizo aprovechando una pantalla de mi compañero, supero al defensor evitando su bloqueo y me planto detrás de la línea de tres puntos, casi a mitad de cancha.

Brinco suspendiéndome en el aire con una alineación perfecta hacia el aro. En pleno vuelo, no me doy cuenta de que un rival se encima bruscamente haciéndome perder el equilibrio. Lanzó el balón a ciegas mientras caigo al suelo.

El pabellón entero se quedó en silencio por un segundo... hasta que el balón atravesó limpiamente la red. ¡Entró!

Ganamos el campeonato cien a noventa.

La cancha se convirtió en un caos de celebración. En medio de los festejos, un señor de unos cuarenta años, vestido de traje, se me acerca con una mirada de profunda admiración.

—Dylan, ¿cierto? — me dice extendiéndome la mano.

—El mismo — respondo dándole un apretón firme.

—Tienes un talento brutal, hijo. ¿Te gustaría entrar formalmente al Draft de la NBA?

No me lo podía creer. De verdad estaba pasando: el Draft.

—Me encantaría — contesté sin dudar.

—Prepárate... Porque muy probablemente tengamos aquí al nuevo jugador de los Boston Celtics.

Me limité a sonreír de la emoción, sin saber qué más decir en ese instante. Antes de retirarse, me dejó su tarjeta personal.

—¡Voy a ir al Draft de la NBA! — grité eufórico, corriendo a abrazar a mis amigos y a mi novia.

—¡Esoooo! ¡El próximo jugador de la NBA! — celebró Alex dándome palmaditas en la espalda. Amelia se sumó al abrazo felicitándome entre lágrimas de alegría.

—Felicidades, mi solecito. Te lo mereces más que nadie por todo lo que has luchado para llegar hasta aquí — me susurró Clara al oído antes de darme un beso tierno en los labios.

Y así, seguimos adelante con nuestras vidas, cada uno construyendo su propio camino, pero siempre unidos y celebrando este gran paso hacia la NBA. Mi historia continúa... pero esta etapa no la habría logrado sin cada uno de ellos a mi lado.

El amor de Dylan #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora