Luzbel siempre fue una niña muy particular, a los 4 aprendió diferentes idiomas, uno casi tan perdido como el latín y una lengua muy rara la cuál ni su progenitora ni su abuela le habían enseñado.
La pequeña niña les comentaba de sus sueños y más que nada de sus pesadillas, en esas noches donde predominaban estos sueños oscuros, se hablaba y se leía esta lengua, se veían criaturas impresionantes que de ninguna manera ella había visto en sus libros de dibujar ni en ningún otro que se le permitiera.
Su infancia siempre fue de nutrirse entre libros, ella estudiaba en casa por paranoias de su madre ¿sobre qué? a la fecha no se sabía, tenía clases de piano y de violín ya que era lo que más le gustaba a su corta edad de 5 años, le gustaban otras materias y claro que era sorprendentemente inteligente en ellas, pero lo que más quería y anhelaba...era salir, poder conocer más allá de esas paredes que le impedían complacer la curiosidad de una niña, su mamá al momento de su nacimiento decidió mudarse a una cabaña dentro de un bosque a las afueras de salem y jamás permitió que Luzbel saliera o se adentrara al bosque a menos de que fuera con supervisión.
Su abuela era la menos estricta en esa pequeña familia, a veces cuando su mamá no estaba o salía a hacer encargos, su querida abuela la dejaba salir con dos niños que vivían del otro lado del bosque, se conocieron cuando su madre le encargó recoger ciertas hierbas de su jardín y se encontró dos niños jugando con su gato al límite de lo que ella tenía permitido salir, desde ese día se volvieron inseparables.
Pero que seguridad tenía al estar aquí, si vivían en una ciudad donde habitaban los mejores brujos y brujas de 1692 y que a los mismos se les ejecutaba por los pueblerinos de aquí, muy segura no era por todos los injustos juicios promovidos por religiones extremistas y delirios colectivos e incluso sus amigos a veces le contaban historias surrealistas de demonios acechando, cazando a los humanos que se llegaban a perder en estos bosques, con razón su madre a cierta hora no dejaba que ni por asomo se asomara a las ventanas.
Lo que ninguno de ellos sabía, era que ella ya conocía y había visto a esos llamados demonios, todas las noches cuando dormía se le presentaban en sus pesadillas, a lo que ella podía recordar jamás hubo una interacción en sus sueños pero de lo único que tenía certeza era que esos demonios no eran seres horribles como se describían.
Eran dos mujeres demonio, excesivamente altas con alas grandes y negras, cuernos sobresalientes de sus cráneos y colmillos afilados, por supuesto sus ojos eran tan rojizos y espesos como la sangre, los cuales parecían drenar toda su energía al verlos fijamente que podía dormir por horas largas, y muy pocas veces despertaba gritando con una desesperación inhumana.
Luzbel nunca fue una adolescente normal como las demás y no por los temas físicos o la pubertad, afortunadamente ella leía tanto sobre todo que sabía exactamente que le estaba pasando a su cuerpo cada año desde que inició su pubertad y su primera regla, sin embargo, en algún momento de su vida las cosas mejoraron al cumplir 15, las pesadillas fueron menos recurrentes tanto que sus sueños pudieron ser tranquilos, su mamá la dejo convivir más con aquellos niños que por cierto eran casi de su misma edad, el niño se llama Zoran y la niña se llama Lara y los dos tenían 19 años, decían que eran gemelos pero nunca les vi parecido.
Lara era alta de una altura estándar y delgada, cabello color castaño con destellos dorados, sus ojos color miel, y labios gruesos y bonitos, rara vez y es algo que me parecía singular que en el sol su piel se veía rojiza.
En cambio Zoran era muy alto comparado a su hermana, cabello negro cenizo, sus ojos negros como su cabello chiquitos y rasgados y siempre estaba pálido, llegue a pensar si sufría de algo en la piel porque nunca lo había visto ni sonrojarse.
Y ella, ella era alta tirándole a un metro setenta, su cabello era exageradamente negro pero tenía esta pequeña anormalidad de que cuando se enojaba, o en otras circunstancias descubriendo su cuerpo se volvía ligeramente pelirrojo, su piel era como la leche, sus ojos eran muy expresivos con tonos grises además de que tenía pestañas largas, sus labios tenían una linda forma de corazón, y su cara era muy fina y suave como porcelana.
En fin, tenía 18 años cuando dejó de pensar que su vida solo sería una rutina.
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Ella lo sabía.
RomansaAlguien sabe cuál es el propósito de la existencia? El propósito de cada ser humano en este mundo? Hay muchas leyendas, mitos, frases que quieren darle una respuesta a estas preguntas pero mi más personal y grande frase es la de "Nacimos para mori...
