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El tiempo siempre ha sido inevitable, nadie es dueño de este y nadie puede detenerlo, los cielos oscurecen y vuelven al color azul, las nubes se llena de agua, el viento se vuelve cada vez más frío y en un punto, vuelve a ser a como un inicio, vuelven las flores y las calidad brisas, vuelven los fríos y tormentas, ocurre el infierno y el cielo tan corrido que no saben cuándo inicia uno y termina el otro.

¿Era tiempo de filosofar? Miraba por el balcón de su palacio como las cosas habían ocurrido, cada hermano suyo se fue a una provincia incluyendo a los más pequeños, Bayaceto y Selim, ella y su hermana estaban casadas y a la vez, velaban por la seguridad de sus hermanos, luchaban porque ninguno de ellos sea lastimado, había veces en las que hasta elegir a una simple muchachita del harem era una tarea difícil, asegurar la fidelidad con recompensas y en otros casos, haciendo que se asustarán con solo verlas. ¿Estaba haciendo las cosas bien?
Muchas veces preguntaba al cielo, ¿Sigo siendo yo? Pero la respuesta ya la sabía. No era la misma Raziye, no era igual a antes, al pisar el palacio de su majestad se transformó en lo que era ahora, una sultana, una cruel, una bondadosa, una sultana capaz de asesinar a quien fuera una amenaza, la inocente hija de su madre se fue hace mucho... ¿Eso estaba bien? No sabía exactamente la repuesta pero debía continuar con su labor si quería seguir viviendo, si quería ver a sus hermanos vivir y ser felices.

Los brazos de su esposo eran cálidos, su abultado abdomen quedaba prisionero de sus manos y su labios se encontraban con los suyos después de un largo día de necesidad, amaba a su esposo, el amor que había nacido y crecido a base de una atracción, principalmente, sexual ahora era un fuerte lazo que después de un par de años  era completado con la concepción de un hijo, un hijo que esperaba en su interior hasta el día de su nacimiento.
De todos sus hermanos, su mellizo, Ahmed tenía un hijo, su hermano Mehmed esperaba el nacimiento de su príncipe y Mihrimah... Mihrimah fue la primera en concebir a una sultana más, ¿Era este uno de esos momentos de paz? No, no lo era.
La guerra aún no terminaba, recién comenzaba.

....

Las reuniones en el palacio se convertían en una jauría de leones ansiosos por comerse unos a otros, luchando por sobrevivir, cada uno a su manera.
Aún recordaba las palabras de Mahidevran, ahora más que nunca.

Osmán, su hermano menor, estaba siendo atendido por los doctores, un atentado, una de las criadas lo había estado envenenando poco a poco hasta que fue descubierta.

—No tengo miedo a enfrentarme a ti o a Hürrem. Acabe con tu madre, mi hijo es en principe de la corona el favorito del pueblo para ser sultán, soy más fuerte que tú, tengo a alguien que me defiende, se lo dije a Hürrem y te lo digo a ti.

—Es bueno que lo digas, así también podrás escucharme. Es una pena que uses a Mustafa de escudo, pero recuerda mis palabras Mahidevran, así como no tuviste corazón para matar a mi madre, para intentar matar a unos niños, yo tampoco me tentaré el corazón para acabar contigo, si tengo que pasar por encima de Mustafa lo haré, escucha... Si te atreves a dañar a uno de mis hermanos, desde Murad hasta Cihangir, a cualquiera de ellos... Mustafa probará mi ira, olvídate el lazo que nos une y haré que su sangre corra... Haré... Que tus acciones sean pagadas, recordarás el día que mi madre murió porque la muerte de Mustafa, será tu karma y tu condena

—¿Creés que su majestad te dejará salirte con la tuya?

—¿Quién crees que tendrá su preferencia? ¿Tú? Quiero verte intentar hacer que mi padre te crea.

Su corazón latía demasiado rápido y su furia hacía que su deseo de venganza se hiciera cada vez más intensa. Antes de que los médicos salieran de los aposentos de su hermano caminó por los pasillos hasta el calabozo dónde su esposo interrogaba a la criada.

—Sultana...

—Balibey... No necesitas torturar más, es evidente quién hizo todo esto.

—Sultana debe calmarse, su majestad querrá respuestas y debo darle una explicación clara, la mujer aún se niega a dar su confesión.— Raziye no estaba pensando bien las cosas, abrazó  a su esposo solo para quitar la daga que él guardaba entre sus piernas, quitó está del estuche y se acercó a la mujer con toda la intensión de acabar con su vida, balibey rápidamente la tomó rodeando su cuerpo con cuidado de no lastimar su abdomen.
—¡Sultana! ¡No haga esto, no manche sus manos así!

—¡Suéltame, está mujer debe pagar, mi hermano está luchando por su vida....por su culpa!

—Raziye... Mi amor...— Raziye tenía su rostro rojo, sus lágrimas desbordaban por sus mejillas y era notoria la furia que salía de ella. Balibey la mantuvo en sus brazos hasta que logró hacer que bajara el arma y pudiera tomarla en sus manos. —Si está mujer ha de morir... No será por tus manos, la manos de una sultana no deben mancharse con la sangre de una simple criada... Para eso, estoy yo, mi sultana... Yo mancharé mis manos por tí

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⏰ Última actualización: Jan 04, 2023 ⏰

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O hala kalbinde SolimánDonde viven las historias. Descúbrelo ahora