El dolor une corazones [Andrómeda]

11 1 0
                                    

Volví a Hogwarts después de estar dos días fuera. Había despertado en la casa de un tal Zack, había sido bastante amable aunque no me conociera. No recordaba nada, pero por lo que me había contado me había pasado de copas. Él estaba detrás mío y vio todo lo que había pasado en cuestión de segundos.
Un grupo de chicos, se me acercaron, aprovecharon mi situación y me drogaron. Luego de eso, me sacaron de la discoteca y me habían llevado a un callejón. Zack al ver esto salió detrás de ellos y vio lo que estaba a punto de pasar. Estuvieron a punto, de abusar de mi... el grupo apenas sintieron la presencia de alguien más salieron corriendo, dejándome tirada.

Zack me recogió en brazos, me subio a su auto y conducio hasta su casa a las afueras de Londres. Apenas sabía su nombre pero me salvo y me había dado algo de dinero para que pueda volver a casa, ya que estaba muy lejos. Le agradecí infinidad de veces.

Apenas entré a mi sala común, no fui hacia mi cuarto, ya que compartía habitación con mi hermana Narcissa. No quería que me viera en ese estado y que comience con las preguntas.
No se en qué momento mis pies se estaban dirigiendo al cuarto de Tom. Cuando llegué, dude en tocar la puerta, pero lo hice. ¿Porque mierda tardaba tanto en abrir?

Andrómeda es de madrugada, debe estar durmiendo

El idiota se la pasa estudiando, no puede estar durmiendo. La puerta se abrió minutos después, encontrándome con un Tom recién levantado, frotándose los ojos y el pelo totalmente alborotado. Obviamente se lo vio muy confundido cuando entré.

—¿Andrómeda?

—La misma -sonreí con sarcasmo y entre sin esperar respuesta- Mira, no vine a discutir, es lo que menos quiero justo ahora.

—¿Entonces? ¿Qué haces aquí?

—Fuiste la primera persona a la que pude acudir, no quiero que mi hermana me vea en estas condiciones, y menos contarle que paso en las últimas 48 horas -no se en qué momento comencé a llorar, pero ahí estaba, mostrándome vulnerable ante el chico que odiaba- Si quieres me voy, me da igual la verdad.

—¿Que pasó? ¿Qué te pasó? -dijo con el ceño fruncido-

Le conté todo, fue como un desahogo que realmente necesitaba. Él me escucho con atención, sin quitar su mirada de mi. Vi una libreta encima de la cama y frunci el ceño, ¿que habría dentro? Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando Tom habló y se puso delante de la libreta. Como si quisiera que no la vea.

—¿Estas bien? ¿Necesitas ir al médico? ¿Comida, agua, algo?

—Un poco de agua no me vendría mal.

Agaché la mirada y cuando volví a verlo sostenía una botella de agua. La agarre y le di un trago. Nunca había apreciado tanto un trago de agua.

—Supongo que te lo echaron en la bebida -dijo refiriéndose al momento en el que me drogaron- Pero te encuentras bien, no tienes taquicardia, ni te cuesta respirar. Te ves bien.

—De alguna manera estoy bien, viva y respirando -dije con algo de sarcasmo, ya era parte de mi hacerlo, no importaba la situación-

—Joder Andrómeda, ¿en serio? ¿Estas bien?

—Eso creo... me siento bien y puedo caminar normal.

—Bien... -mi mirada va hacia su mandíbula apretada- Te... Te tocaron? Abusaron de ti?

Oh no, no esa pregunta

—No... pero casi lo hacen -dije mirando el suelo-

—Joder... -dice y tras ver como duda unos segundos, acaricia mi pómulo. Automáticamente sentí como crecía una especie de tensión tangible en el aire-

Inconscientemente sonreí, y lo mire muy fijamente. No sabía que pasaba, pero me gustaban sus caricias.

—Tom, en serio estoy bien.

—Yo... Lo siento... -dice acariciando mi rostro-

—No fue tu culpa, no tienes por qué disculparte.

—No es por eso... Siento como te traté la última vez, y más en público. Supongo que a veces tienen que pasarnos cosas así para darnos cuenta de que la hemos cagado...

—Si, estoy de acuerdo. Lamento también haber sido una inmadura de mierda. A veces actuó o digo las cosas sin pensarlas dos veces.

—Supongo que los dos la cagamos. Deberíamos dejarlo atrás, ¿no crees?

Andrómeda no la cagues, acepta.

—Seguro, comenzar de nuevo.

Que alivio había sido eso. Saber que ya no habrían rencores entre nosotros y trataríamos de arrancar con el pie derecho.
Tom entresonríe mientras todavía acariciaba mi pómulo. No me pregunten en qué momento pasó, pero cuando me di cuenta lo estaba besando. Él correspondió.
Apenas me separo del beso lo miro a los ojos y comienzo a reír.

—Voy a serte sincera, hace mucho tenía ganas de hacerlo.

—Joder, y yo de que lo hicieras.

Creo que íbamos a llevarnos mucho mejor... Definitivamente.

Entre los dos: Cartas de amor a Andrómeda Donde viven las historias. Descúbrelo ahora