Impresionar al beta sería sencillo, y teniendo en cuenta el sonrojo de Qingxuan y las poco sutiles miradas que le mandaba a su abdomen y brazos, no habría necesidad de perder mucho tiempo en ello. Sonrió como lo tenía ensayado, se acercó y con un to...
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5 días.
Habían terminado de comer hace unos minutos, He Xuan se retiró luego de decir que tenía cosas que hacer en el sótano y Qingxuan se había quedado en la cocina para lavar los platos y limpiar lo que hiciera falta. Después que Xuan llegara temprano de la universidad, por primera vez en mucho tiempo, con un aire frenético, desesperado y lo abrazara de esa forma... el Shi no sabía qué pensar.
Recordó el rostro del alfa y... nunca lo había visto así.
— ¿He-Xiong? —había preguntado muy confundido, ¿Ocurrió algo? El He le había dicho que volvería muy de noche y apenas habían pasado un par de horas desde que lo dejó en casa— Pensé que llegarías tar...
Lo que ocurrió a continuación sólo se había atrevido a imaginar en sueños. De hecho, una parte de su cerebro aún creía que estaba soñando. He Xuan había extendido los brazos, estrechándolo contra su pecho de una forma que al omega le hinchó el corazón.
¿Era posible...?
—He-Xiong...
Nunca lo habían abrazado así.
Aún cuando sus padres estaban vivos, no recordaba ningún abrazo que le hayan dado de esa manera. Siempre era él quien se aferraba a ellos y a su hermano. Incluso con sus abuelos, no podía recordar una sola ocasión en la que lo hubiesen abrazado como si las vida se les fuera en ello. Como si de verdad temieran que los soltase.
Como si su temor más grande fuera separarse de él.
Pudo sentir el miedo en He Xuan, la posesividad a la que recién estaba acostumbrándose, su desesperación y lo que pensó era deseo. Saber que todo eso estaba dirigido a él le mareó un poco y por unos minutos no supo cómo responder. Hasta que sintió al alfa temblar; ¡Temblar!, en sus brazos y rápidamente le devolvió el abrazo, moviendo sus manos por su espalda como gesto de consuelo. Xuan había sido todo lo que deseó por mucho tiempo, un ideal que nunca creyó alcanzar y tenerlo finalmente entre sus brazos, fue un sueño hecho realidad. Y aunque no entendía la situación, sabía que sus sentimientos seguían siendo los mismos y amaba al He.
Aceptaría las condiciones que fueran con tal de estar a su lado.
—Quédate conmigo —murmuró, ferozmente.
Y Qingxuan sintió que todo el aire se le escapaba de los pulmones.