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"- ¿Pei-Xiong? La fiebre de TaoChen ha vuelto a subir, podrías llevarnos al hospital..."
-Disculpe, pero el dueño del teléfono está demasiado borracho en este momento...
"- ¿Huh? ¿...podría decirme en donde se encuentra?"
-Oh, bueno, si, ahora mismo está en el hotel.
La simple mención le hizo sentir un bajón emocional demasiado directo, casi como si su corazón hubiera dejado de latir por un milisegundo, apretó el móvil en su oreja y se quedó totalmente mudo, sabía que no debería sentirse de ese modo, pero había creído en él cuando le dijo que deseaba establecerse.
-Disculpe, pero puedo preguntar, ¿Cual es su relación con él? Estaba pensando en llamar un taxi pero no tengo su dirección.
"-Ah... y-yo... soy un... amigo muy cercano de él, ¿Está muy ebrio?"
-Si, de hecho, parece que estaba celebrando con una señorita muy bonita, ¿Podría venir por ellos?
¿Celebrando mientras su hija estaba enferma?
¿Quería morir?
"- ¡No! Déjelos allí o llame un taxi, me da igual."
Y colgó la llamada, así sin más, estaba tan enojado que podría romperle las piernas pero sobre todo se sentía algo deprimido, mientras él estaba allí cuidando de su hija, el Pei estaba disfrutando de su noche con Xuan Ji como si nada importara, porque estaba seguro de que era con ella con quien salió, ¿Entonces, por qué le dijo que salieran juntos si pensaba seguir con la omega? Le había hecho sentir expectativas sobre ambos para luego romper sus sentimientos con una nueva traición.
Igual que en el juicio contra He Xuan.
Era tan frustrante.
-Mami, no me shiento bien, ¿Ya viene papi?
-Taochen... -volteó a verla con cierta inquietud en su mirada, no se preocuparía más por ese mujeriego, primero debían ir al hospital para que trataran a su pequeña tesoro- Papi debe estar descansando, mañana lo verás.
-Okey...
El desanimo en la voz de la pequeña casi le robaba una risita, la manera en que aceptaba todo como si fuese una viejita precoz era simplemente encantador; sin embargo, aunque debía concentrarse en la salud de su hija, mientras equipaba un pequeño bolsito para llevarse al hospital, no dejó de pesar en Ming. Un mensaje en su teléfono le sacó de sus pensamientos, corriendo a revisarlo, pero para añadirle limón a la herida se encontró con que no era él, la esperanza de que fuera un malentendido comenzaba a desaparecer.
Tras leer el remitente tomó una decisión.
"-Si esos dos pasan o no la noche en un hotel, ¡No me preocuparé!"