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Eso es una mentira, Sonic.

El espacio tan reducido la hacía sentir... rara. Sofocada. Sus rodillas se rozaban en ocasiones y eso no podía ponerla más nerviosa. La mirada penetrante del contrario lo hacía aún más incómodo. Parecía estar analizándola. ¿Había peor castigo que ese?

—Me llamo ____. — se presentó amablemente para romper el silencio, aunque algo incómoda y titubeante.

—¿____? — repitió, confuso. Ella asintió. — Qué nombre tan peculiar...

—¿En serio? A mí me parece muy... ordinario.

No sabían cómo seguir aquella conversación. Así que tan solo se dedicaron a examinarse mutuamente, a pesar de ser exactamente lo mismo. No se mostraban incómodos por la mirada fija del otro sobre sí, ya que era como mirarse en un espejo.

—¿Cómo sobreviviste? — preguntó Knuckles directamente.

Debió esperarlo. Ella también lo preguntaría si no estuvieran en medio del peligro. Se re acomodó en su lugar, preparándose para contar su historia.

—Mis padres lucharon para protegerme de la tribu de Garralarga, y nunca regresó. — empezó a titubear, sentía un nudo en la garganta y eso la hizo sentir débil. — Me quedé sola durante mucho tiempo, tratando de sobrevivir por mi cuenta y... un día se abrió un portal raro y pasé por él, ahí fue cuando encontré a Sonic.

Knuckles se quedó en silencio, procesando la información. No le gustaba recordar lo último, ya que en esas épocas trató de matarlo. Porque lo reconoció, y quiso cobrar venganza.

—Lo que hizo tu madre es algo muy noble. — fue lo único que dijo, manteniendo ese semblante sumamente serio.

Se encogió de hombros.

—Supongo. — pero no era hora de concentrarse en el pasado. Se inclinó repentinamente, acercándose un poco a él. El equidna retrocedió por su intensidad. — Knuckles, por favor. No te alíes con Robotnik, te lo suplico.

—¿Por qué debería hacerte caso? — preguntó frunciendo el ceño.

—Por favor créeme, él no es buena persona, es un cínico que solo te usará. Casi logra hacerlo conmigo... — mencionó lo último con cierto enojo. De repente, la puerta de la nave fue abierta por el mismo Robotnik, quien se adelantó y ni siquiera se molestó en esperarlos. Knuckles fue el primero en bajarse, ella le siguió decidida. El frío de la noche le dio valor para detenerlo tomando su mano, frenando su andar. Él se giró, un poco alarmado por el contacto. Ante esa reaccionó retrocedió un poco, pero aún así habló. — Prométeme que lo vas a pensar.

Knuckles pareció meditarlo. No demasiado.

—Lo haré. — y ella asintió, soltándolo.

Esa era la oportunidad perfecta para huir, pero no quería dejarlo solo. Sonic no lo hizo con ella, era hora de seguir su ejemplo. Ahí fue cuando notó que estaban de nuevo en Green Hills, en frente del café Mala Fe. Ambos entraron al interior del establecimiento, mirando alrededor.

Eggman tomó una taza de latte y la probó. — Le falta hongo.

Eso pareció afectarle mucho al Agente Roca, quien estaba frente suyo. — Trajo compañía. — y los miró con algo de desagrado. — Una especie de puercoespines espaciales.

—Te estás desahogando, entiendo. — aclaró, cruzándose de brazos.

Mientras que Knuckles solamente adoptó una postura más derecha.

—¿"Puercoespín"? Soy un equidna, adiestrado desde el nacimiento en todo combate mortal, destinado a restituir el honor a mi tribu y dispuesto a destruir todo lo que se me interponga.

—Bienvenido al equipo. — tomó su mano, y como le pasó la vez pasada al doctor, los nudillos del moreno tronaron horriblemente. Él soltó un grito ahogado, arrodillándose por el inmenso dolor.

—Significa que confía en ti. — aclaró Robotnik con una sonrisa malvada. — Ahora, ¡a renovar el lugarsucho!

—¡Latte! ¡Con leche de cabra austriaca!

Al parecer aquello era algún tipo de contraseña, ya que la barra y la máquina para hacer lattes se convirtió en una mesa y pantalla tecnológicas. ¿Así que esto era lo que estaba escondido? Parecía algo muy bien planeado, con mucha anticipación.

«Qué tontos fuimos al pensar que se había acabado», pensó.

«Qué tontos fuimos al pensar que se había acabado», pensó

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—«Aquí tranquilo, viendo TV». — Knuckles leyó el mensaje enviado por Sonic. De alguna manera hackearon su teléfono y entraron a su conversación más reciente para proyectarla: Tom. Para ver si el erizo era tan tonto como para decirle su ubicación. — Punto, punto, punto. Punto, punto punto. — la equidna volteó a verlo, demasiado conmovida. — Punto, punto, punto.

Cuando ambos hombres se giraron extrañados para hablar entre ellos, ____ le habló con una sonrisa en el rostro. — Eres demasiado adorable, Knuckles.

Notó que las mejillas del rojito tomaron un tono... rojizo. Fue de lo más tierno y estaba tan avergonzado que no esperaba una respuesta, sinceramente solo quiso hacérselo saber.

Cuando Tom le respondió a Sonic, Knuckles volvió a hablar.

—«Otra noche aburrida en casa». ¡El erizo se fue a su casa! — bramó molesto.

Claramente eso era una mentira, era como cuando a veces Sonic y ella se escapaban para ir al Arcade del pueblo.

Falsa, que en latín significa «obvio no». — tecleó sobre la barra que ahora era una pantalla. — Según mi red mundial de espionaje de telefonía celular, está mintiendo. Él está... en el majestuoso interior del este de Siberia.

—¿Cómo llegó ahí tan rápido?

No pudo evitar soltar, bastante confundida. ¿Acaso tendrían un súper vehículo tan rápido como el mismo Sonic? Luego, lo recordó. Sonic tenía sus anillos para viajar de un lado a otro, fue lo primero que tomó en cuanto fueron emboscados por el dúo.

—De seguro lo ayudó ese zorro amarillo, ¡nos quiere engañar a larga distancia! — con sus dedos pellizcó y le dio leves golpes al pequeño holograma de Sonic. — Sí, y tengo más que eso para ti.

Knuckles le dio un tremendo golpe a la holográfica, sobresaltando a todos los que estaban en el lugar.

—¡Erizo mágico chiquito, destruido! — informó. No pudo evitar sonrojarse por lo adorable y gracioso que eso fue. — Ahora, que empiece la búsqueda. — bajándose de la silla, ____ imitó su acción algo desorientada. Robotnik simplemente les siguió. — Espera. ¿No viene tu sirviente, el ordeña cabras? — preguntó girando su cabeza, hacia al moreno recoger los pedazos de vidrios que quedaron después de la paliza que Knuckles le dio a la pantalla.

—No cabe en la nave con nosotros. Yo digo que lo botemos, borremos, a volar.

Ese hombre era un cínico, definitivo.

—¡Desleal! — reclamó.

—Así... es como yo lo hago.

Y no podría esperar menos. Eggman salió por la puerta.

—¿Ves? Te lo dije. — y se adelantó sin esperarle, bastante molesta por la actitud del calvo.

MASTER EMERALD, knuckles the echidna.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora