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Pero al menos te tengo a ti.

Lo que restó del viaje fue muy bonito. Lo pasaron en familia (con la familia Whipple más bien), tuvieron que pasar una penosa plática con Wade sobre el hecho de que ambos ahora eran «prometidos», teniéndole que explicarle todo y forzarlo a prometer que no les diría nada a sus padres. Fuera de eso, todo estuvo bastante bien.

Hasta que volvieron a casa.

Wade se había aparcado una calle atrás para que ellos llegaran a pie con Please Please Please de Sabrina Carpenter a todo volumen. Una canción que intuyó le gustó a Knuckles por el hecho de estar moviendo sus hombros imperceptiblemente al ritmo de la música. Después de darle las gracias y despedirse, caminaron juntos a casa, tomados de la mano.

Sí, su relación había avanzado tanto que ya hasta se agarraban de la mano. El contacto más cercano que habían tenido aparte de abrazos.

Aunque pasaban algunos autos el silencio era palpable, sería aterrador si estuviesen solos.

Ya era bastante tarde, por lo que cuando llegaron a la casa, creyeron que todos estarían dormidos. Desearían que hubiera sido así. Al entrar por una ventana abierta y encender las luces de la entrada, descubrieron a toda la familia parados aterradoramente ahí, fulminándolos con la mirada.

—¡Hola, familia! — saludó con una alegría fingida, soltando a Knuckles.

Estaban muertos.

Varias cosas habían pasado desde que se fueron, cosas de las que no se había enterado hasta ese momento, en el que los obligaron a sentarse en el sofá de la sala para poder ser reprendidos

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Varias cosas habían pasado desde que se fueron, cosas de las que no se había enterado hasta ese momento, en el que los obligaron a sentarse en el sofá de la sala para poder ser reprendidos.

Primero: Tom había vuelto de su viaje, siendo recibido con la desagradable sorpresa de que sus dos hijos equidnas habían huido.

Segundo: Tails había intentado usar sus inventos para rastrearlos, sin éxito ya que ella no se había llevado su teléfono.

Tercero: Sonic se puso realmente paranoico al no saber dónde estaban.

Y por último, pero no menos importante: la confianza que antes les tenían ya no era la misma.

—¡Wade nos llamó la noche anterior explicándonos lo que pasó! — Maddie caminaba de un lado a otro, Sonic y Tails miraban todo desde la esquina derecha de la sala con una mueca. — ¡Knuckles, estabas castigado! Y ____, si lo sabías, ¿por qué lo acompañaste?

Sabía que serían bombardeados por ese tipo de regaños, pero nada como eso. Bajó la mirada, avergonzada consigo misma.

—¡Exacto! ¡El mundo puede ser un lugar muy peligroso! ¿Acaso tendré que cantárselo para que lo entiendan?

—Sonic, apenas tocas una nota y se desarma la guitarra.

—¿Con quién hablas, Tails?

—Contigo.

—Sonic, como si tú no hubieras desobedecido a Tom y Maddie solo por querer tener aventuras. — alegó. Se sintió victoriosa por haber dado una respuesta ingeniosa por primera vez.

—Estuvo bien fuera de comentario tu lugar. ¡Digo...! ¡¿Qué?!

—No estamos hablando de Sonic, estamos hablando de ustedes dos y su desobediencia. — Tom intervino, cruzado de brazos.

—¿Wade les contó todo lo que pasó? ¡Lo salvamos a él y a su familia! ¡Están resaltando solo lo negativo!

Sabía que era típico de los padres, pero era injusto. Knuckles la miró vacilante.

—Podrán haber salvado al mundo pero siguen bajo nuestra tutela, es obvio que estemos preocupados por ustedes.

Touché.

—Estamos bien. — murmuró, evitando sus miradas.

Todos los observaban tan preocupados y decepcionados, que casi no podía aguantarse las ganas de tomar la mano de Knuckles para embriagarse con esa seguridad que solo él podía darle.

Ambos padres notaron su vergüenza y suspiraron en conjunto. Algún día esa suavidad que tenían con sus hijos les costaría caro.

—Vayan a su cuarto. Ambos están castigados por tiempo indefinido.

Asintieron en silencio, obedeciendo. Se levantaron del sofá y subieron las escaleras, sintiéndose derrotados. Aunque más que una derrota, era una victoria, ya que seguían vivos.

¿Qué habría hecho si ella no despertaba? Knuckles no lo sabía y no quería averiguarlo.

____ se recostó en su cama, suspirando. No se había dado cuenta de que inconscientemente había estado reteniendo el aliento.

—Bueno, te extendieron el castigo y a mí me lo acaban de poner, las cosas no podrían estar peor con la familia... pero al menos te tengo a ti.

Knuckles le dedicó una mirada significativa, congelado. Jaló de su brazo, parándola a la fuerza, y luego besándola cariñosamente. Ella sí que era una poeta en el arte de las palabras, capaz de expresar lo que él no, lo que podía únicamente con contacto físico.

MASTER EMERALD, knuckles the echidna.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora