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Helado.

Comía una de esas deliciosas gomitas de colores, específicamente una verde. Masticaba tranquila hasta que se dio cuenta de que el juego ya iba a empezar. Dejó la bolsita de plástico rápidamente en la banca y volvió a posicionarse en su lugar.

La reparación de Green Hills había tardado más tiempo de lo normal, muchas casas —la suya también.— quedaron en ruinas pero afortunadamente nadie murió o algo por el estilo. Todos contribuyeron caritativamente para que su pueblo volviera a ser lo que era, incluyéndolos a ellos, las extrañas pero encantadoras criaturas intergalácticas, por lo que realmente no habían tenido tiempo de ser infantiles o de juguetear. Pero hoy se cumplía una semana desde que todo volvió a la normalidad —o lo más parecido a lo que era su normalidad de antes.—, así que lo celebraron jugando béisbol. Y servía que introducían a Knuckles al maravilloso mundo del deporte.

—¡Es un día hermoso para el béisbol aquí en Green Hills! Gran alineación la de hoy, con el debut de nuestros nuevos dos jugadores. — anunció Sonic como si de verdad fuera el verdadero anotador oficial. — En el montículo, el novato sensación del otro lado de la galaxia, ¡Miles "Tails" Prower! Hoy enfrenta al fortachón Knuckles, el equidna.

—No entiendo, ¿por qué me enojo con la bola enemiga? — preguntó el susodicho mientras miraba el bate con confusión.

—No estás enojado. Solo dale lo más fuerte que puedas y recorre las bases. — explicó.

—Pero si mi misión termina donde estoy parado, ¿para qué correr?

Sonic suspiró pesadamente. — No puedo con él. ¿Para qué me esfuerzo? — se preguntó a sí mismo restregándose la cara.

—¡Es un juego, nada más! Vinimos a divertirnos. — recordó Maddie.

—Es por diversión. — apoyó su padre.

—«Diversión»... — Knuckles repitió sus palabras, pensativo.

—¡A jugar! ¡Acaba con él, Tails!

—¿Preparado para mi bola rápida? — preguntó antes de lanzarla.

—Tu bola rápida sufrirá deshonra. — alzó el bate, apuntándole. — Y tú también, zorro. — gruñó mientras se posicionaba.

—¡Ey, relájense! — alzó la voz divertida.

—Oye, no lo pienses demasiado. Solo sube el codo, mira la bola y mándala a volar.

—¿"A volar"? ¿A dónde? — preguntó confundido, reincorporándose un poco. Pero al ver la bola acercarse, Knuckles se decidió rápidamente a mejor darle con su puño. — ¡Superpuñito! — eso ocasionó que volara la pelota y casi decapitara a Tails y a ____. Si no fuera porque se apartaron, habrían terminado como el marcador del juego: roto por el impacto. — ¡La victoria es mía! — celebró bastante feliz, empezando a dar saltitos por el campo.

—¡Oigan, no se vale! ¡Esa no cuenta! — se quejó el zorro frunciendo el ceño.

—La primera base es mía también. ¡He conquistado la segunda de las bases!

—Era nuestra única pelota...

—Pues ni hablar. — se resignó sonriendo un poco, reacción ocasionada por el equidna.

Había ternura en su inocencia, en su confusión por conocer cosas nuevas que le cautivaba por completo.

—¿Quién quiere helado? — preguntó Maddie alzando la voz alegremente.

MASTER EMERALD, knuckles the echidna.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora