Capítulo 22 - REGRESO

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— No se desespere los pequeños cambios harán la gran diferencia.

—Gracias por sus palabras doctora, es solo que a veces no entiendo cómo pueden ser así de mal agradecidos los hijos.

—¿Qué le parece si continuamos platicando sobre eso la próxima semana?.— dijo Flavia  levantándose de su silla.

— Sí doctora, como usted diga.— contesto la mujer que secándose las lágrimas empezóa recoger su bolso.

—Bueno, que tenga una excelente semana. — se despidió abriendo la puerta.

—Igualmente doctora.— finalizo la mujer y despidiéndose de beso en la mejilla, salió del consultorio.

Flavia pudo volver a respirar. No le molestaba tener consultas de público en general, pero que la obligaran a escuchar los problemas de las esposas ricas de los trabajadores del departamento de policías no era su actividad favorita. Mucho menos cuando se alargaban de más y ella tenía que ir por Miranda a la guardería.

Miró el reloj, 'Estoy a tiempo' pensó y empezó a guardar sus cosas.

— ¡No me despido porque voy súper tarde! .— gritó Flavia  mientras pasaba por la recepción.

— No se valeeeeeee.— fue lo que alcanzo a escuchar de su amiga.

Metió la bolsa y su bata a la cajuela y agarró camino rumbo a donde la esperaba su hija.

—Buenas tardes Doctora.— dijo la vigilante de la entrada al ver a Flavia llegar.

— Ya sabe que puede llamarme Flavia.

— Lo siento. — contestó apenada.— En seguida llamó a Miranda .

La guardería a la que asiste Miranda era de alto renombre, su educación abarcaba todos los niveles hasta incluso llegar a posgrados, todos los edificios se encontraban esparcidos por la ciudad. Estaba muy enfocada a las artes y los deportes en sus clases extras. Miranda gustaba de ambas, por lo tanto, agradeció infinitamente que la guardería se encontrara a unas cuantas cuadras del consultorio.

—Maestra encargada favor de traer a la entrada a la alumna Miranda Betancourt. -Se escucho por el altavoz.

Flavia, que estaba atenta mirando el patio lleno de niños jugando, alcanzo a ver como a la maestra de Miranda la venía trayendo, era su pequeña.

—Mamiiiiiiiiii.— dijo Miranda  mientras soltaba de la mano a su maestra y se iba corriendo derechita a los brazos de la pelirroja .

— ¡Mi amor, que gusto verte!.— expreso Flavia al agacharse para poder corresponder el abrazode su hija.— ¡Te extrañe mucho!

— Yo también te extrañe mami. — dijo la pequeña ejerciendo más de sus fuerzas en el abrazo.

— Sra. de Covarrubias. — alcanzó a decir la maestra mientras recuperaba la respiración, era joven aún pero se notaba que no tenía condición física.

— Flavia.—fue todo lo que contestó la pelirroja mientras cargaba en brazos a su hija.
— Si, Flavia , disculpe es sólo el protocolo.

— No se preocupe maestra.— dijo la doctora restándole importancia.— ¿Cómo se portó esta pequeñita hoy?

La maestra volteó a ver a Miranda  sonriendo.

— Miranda es un amor, aquí todos la adoramos.—contestó la maestra y le acercó a la pelirroja  la mochila y lonchera de su hija.— Aunque como siempre, sale corriendo de la emoción y olvida sus cosas.

La niña rápidamente se movió para que Flavia  la bajará y con la ayuda de la maestra se colocó su mochila en la espalda.

— ¿Nos vamos mami?.— pregunto sonriendo.

La teniente [ Flaviera]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora