Sigo en mi cuarto viviendo ese momento una y otra vez. Cuando el teléfono suena. Me da pereza ir por él, quería seguir echando el carro, pero era sumamente molesto.
Es Yamilet. Acepto la llamada. Dejando atrás mis pensamientos.
-Hola, ¿Dime que no te desperté?
-No tranquila, habla.
-Yaniet está aquí conmigo y quiere saber si podemos hacerte la visita.
-Claro vengan, aun es temprano, podemos chismear un poco- Yamilet ríe
-Esas mismas palabras me dijo Yaniet.- No me queda de otra que reír con ella, cuelga y me pongo a organizar un poco el cuarto para esperarlas. Se abre la puerta y me giro asustada porqué era imposible que fueran las chicas, a no ser que quisieran sorprenderme.
-Hola. ¿Puedo pasar?
-Pues creo que ya estas dentro
-Solo quería ser educado
-¿Desde cuándo?
-De veras no se qué quieres de mi
-Pregúntalo
- ¿Así de fácil?’
- Así de fácil
-Mariana Luna ¿Qué es lo que quieres de mi? Me quedo mirando al rubio, me enorgullezco de ser cada más natural y dejar de quedar de palo.
- ¿Alguna vez dejarás de tener tan mala leche?
-¿Esa es tu respuesta a mi pregunta?
-No, solo que contigo suelo pasarme tres pueblos, madre del verbo- me quejo
-Sí, estoy consciente
-¿Qué haces aquí?
-Además de intentar hacer las paces, saber que quieres de mi
-¿Quieres hacer las paces? ¿Por qué? Yo ni siquiera se que te he hecho
- No mes has hecho nada, y tal vez ese sea el problema
-¿Quieres que te haga algo?- le pregunto totalmente confundida. El se acerca amenazando con invadir mi espacio personal.
-Si- dice tan frío y seguro de sí, me da miedito. Tartamudeo un poco pero me sacudo mentalmente y decido tomar riendas, no puedo retroceder el poco avance que había logrado. Pero rayos, ese demonio rubio quita el aliento.
-No soy tan cruel como tú, yo si tengo corazón.- Se acerca más a mí, me pone una mano en mi pecho donde imagino que va el corazón, el cual latía y luchaba por salir de mí al sentir su tacto.
-¿Este Corazón?- le dije que sí con la cabeza mientras tragaba grueso y seco. Me tomó una mano con la que le quedaba libre y la llevó a hasta su pecho.
-Siente y dime que no tengo corazón.- No pude decirle eso. Porque su corazón latía a la par del mío. El tiempo empezaba a bailar lentamente a nuestro alrededor.
Me quedé ahí perdida entre sus ojos cafés y el latido de su corazón. Cuando miré sus labios estaban semis abiertos, el deseo se podía respirar, mis labios secos se abrieron, ya sabía lo que era un beso y quería más.
A pesar de eso, el deseo seguía dentro de mí, si tan solo el pudiera, sentir lo que yo, pero era posible su loco corazón latía tanto como el mío, entonces ¿Por qué no me besaba? Quería que lo hiciera peros solo estaba ahí parado mirándome.
No sabía que tiempo llevábamos allí, de pie, uno frente al otro, tocando nuestros corazones, su mano abarcaba casi todo mi pecho, movíamos nuestras miradas de los ojos a los labios.
Hasta que por fin vi un destello de los que sería un movimiento hacia lo que tanto deseaba ya no solo, con mi cerebro, sino con todo mi ser.
Se abre la puerta.
Lo había olvidado.
Las chicas, los dos nos separamos instintivamente. Mis amigas alcanzaron a ver algo porque se quedaron tiesas en la puerta sin saber qué hacer y nosotros sonrojados los dos en la misma posición.
Al fin Mario, rompe el hielo en lo que parecía una eternidad.
- Hola chicas. Las dejo. Me voy a lo mío- y se dirigió a la puerta, pero no lo dejaron pasar.
- No. Quédate. Serías de mucha ayuda- Yaniet lo invita a tomar el sofá de la esquina. Yamilet cierra la puerta mientras que Yaniet la acompaña y ambas se sientan en la cama. Olvidaron por completo que yo existía o aquello era su plan.
- Busca tu móvil Mariana, aprovechemos a Mario para postear las fotos que querías.- Yaniet me hace señas para que haga lo que acaba de decirme y despierto, corro a buscar el móvil y él se nos une en la cama.
Fue una noche divina, se nos fueron las horas entres risas bromas y cuentos, Mario tenía un no sé qué mágico para las redes que cada vez que subía una foto arreglada por él las vistas y los like llovían, las tres estábamos eclipsadas por ese ogro Rubio que ya no se me antojaba ogro.
Reía tan natural y tan lindo. Era hipnotizador su risa. Y su forma de explicar y enseñarnos wow era wow. Tendría que aprender palabras nuevas porque este chico hacía que olvidara como expresarme con decencia.
Llegó la triste hora de despedirnos. El se brindó para acompañarlas pero decidimos que era mejor que se quedaran, llamamos a sus padres y aceptaron. Y el muy malvado se despidió con dos besos en cada mejilla, yo aún no me adaptaba a esa costumbre por lo que casi chocamos los labios en mi confusión.
Reímos los dos y se fue, me dejó una mirada profunda que llevaría por siempre conmigo. Me habían raptado al ogro y al que dejaron por él, era especial y me gustaba, me gustaba mucho.
Las chicas se dieron cuenta o ya lo sabían porque explotaron cuando se fue.
-Te gusta, y no es gusto de gusto, te gusta mogollón- aseguró Yaniet, yo solo me sonrojé, no podía negarlo era obvio, mi cara me delataba. Casi no pegamos ojo esa noche.
Sobre todo cuando propusieron mirar por la ventana a ver si Mario dormía. Y el chico rubio y listo nos regaló toda una escena. Quedaría para la historia. Y la compartiría con esas chicas increíbles que ya se habían convertido en mis mejores amigas, ellas eran, una brisa fresca.
A lo que iba…
Abrimos apenas las persianas para que no se diera cuenta, pero lo suficiente para poder verlo. En eso entró a su cuarto quitándose la playera, nosotras no lo podíamos creer, se paseó un rato, no perdíamos ni un segundo de sus movimientos, cuando se puso a hacer abdominales, nos arrebatamos, entre chillidos y susurros de chicas en situaciones embarazosa pero excitantes, ver como se contraían sus músculos era alucinante, pero su rostro tenía una picardía, de quien sabe lo que hace y porqué.
Se levantó y nos quedamos en silencio a la espera. Entonces lo perdimos de vista. Casi nos damos por vencida, susurrando las mil cosas que podía estar haciendo, morimos de la risa y no podíamos hacer ruidos, para que no nos descubrieran, estábamos medio chifladas, pero la estábamos pasando de puta madre. aquel momento con las chicas, la complicidad que reinaba, la forma en que ya nos íbamos conociendo, era el punto de partida a una mistad eterna.
Nadie podía asegurar, lo que la vida tenia planificado para nosotras. Pero le daba las gracias de haberlas puesto en mi camino. Ellas serian mi sostén, yo el de ellas, en lo bueno y en lo malo.
Mis hermanas, mis mejores amigas.
En ese momento éramos como pequeñas espias. Sensurado seguramente, pero joder, salado de emocionante. Nos rendiriamos a la corta porque el cansancio nos estaba pasando factura.
Cuando hace acto de presencia nuevamente, esta vez, en toalla y con gotas de agua en algunas partes de su cuerpo, no tenía ni idea que las gotas de agua eran así de sexys.
Estaba de espaldas a las persianas cuando deja caer la toalla, dejando al descubierto su lindo y perfecto trasero, ya le espalda era embriagadora, imaginen el cuadro completo.
Dejamos de respirar las tres al mismo tiempo porque aquel loco atrevido se empezaba a girar para darnos el frente, le veríamos todo sin dejar nada a la imaginación.
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Mariana
RandomUna chica en un entorno y barrio totalmente nuevo, cinco chicos que invadirán su vida. Malas elecciones, promesas incumplidas? preguntas sin respuestas. Primeras veces, esto y más es la tormenta que acaba de iniciar en la vida de Mariana #11 entre...
