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Sadie había chillado de la emoción cuando le dije lo que había sucedido con Aidan. Aunque yo aún seguía ausente, pasando mi cabeza una y otra vez sus labios junto a los míos y la extraña sensación de que a él no le había gustado y se había arrepentido.

Hasta había llegado a pensar que cuando él me respondió el beso. Yo al menos, le atraía. Pero eso cambió cuando él me dijo que me veía divertida. Claramente esa no era la respuesta que yo necesitaba.

Ningún chico se quedaba mirando a una mujer porque se veía divertida y menos como él lo había hecho ese momento. Mirándome como si fuera una preciosa piedra a la cual cuidar y proteger cada una de sus partes y extremidades. Pero como siempre, tenía una idea equivocada de cada cosa.

—Metió la pata hasta el fondo. ― Ella se aguantó la risa al ver como la mataba con mi mirada. Otras veces me habría reído junto a ella, pero esta no era la ocasión. Me sentía dolida.

El primer hombre, el cual me gustaba realmente desde hace mucho, no sentía absolutamente nada por mí. Y eso era realmente triste.

—¿Por qué esa cara? — Preguntó preocupada, la sonrisa que tenía en la cara se evaporó al instante.

—Él... — Suspiré, era difícil, aún más para mí, reconocer una cosa así y más cuando en un principio le había dicho que él ni siquiera me importaba y quería desesperadamente que todo esto terminara para dejar de verlo. — Me gusta. — Terminé. Y su sonrisa se ensanchó cuando su mente procesó las palabras.

—¡Lo sabía! — Exclamó extasiada.

—¿Lo sabías? — Pregunté confundida. Es que acaso ¿Era tan obvia?

—Se te nota, bueno, yo lo noto porque te conozco y soy tu mejor amiga. —

—¿Se me nota? — Pregunté atemorizada.

—No mucho, tranquila. Ya te dije que yo lo noto porque soy tu mejor amiga y te conozco. — Repitió lentamente sus palabras anteriores. Las cuales no escuché. — Y, no veo el problema del porque esa cara. ¿Qué sucede? — Suspiré antes de contestar, aliviada.

—Pues, cuando nos besamos, él se separó de mí tan rápido que ni siquiera me dio tiempo de saborear por última vez sus labios. — Me interrumpió, con una mueca de asco antes mis palabras y reí. — Déjame continuar. —

—Claro, sigue. — Me alentó.

—Y bueno, me estaba mirando como yo lo miro algunas veces y eso me esperanzó. Pero, cuando le pregunté por qué y espero que sea la respuesta que estoy buscando, él me responde como te conté hace un rato. "Te ves divertida". ― Cito sus palabras con indiferencia. Cruzándome de brazos y recostándome en el asiento, como una niña pequeña que no consigue lo que quiere.

—Y sacaste tu conclusión sola. ― Me dice, luego de un rato.

—¿Qué otra respuesta hay para aquello? —

—Que quizá no quiere admitir que le gustas porque no debe hacerlo. Si mal no recuerdas eres su paciente. Nada puede existir entre ustedes. Y él lo sabe muy bien. —

—Pero... — Me quedo sin palabras. Aunque eso no es la respuesta que pueda ayudarme en esta situación. Es coherente.

𝐕𝐢́𝐫𝐠𝐞𝐧 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐕𝐞𝐢𝐧𝐭𝐢𝐜𝐢𝐧𝐜𝐨 [ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏ́ɴ] (𝓐.𝓖.) [✔︎]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora