25 de abril.
Era uno de esos días grises que parecían reflejar mi estado emocional, pero no lo sabía aún. La lluvia estaba al caer, como si el cielo quisiera acompañarme en mi incertidumbre. Mañana era el concierto de Demi Lovato, y aunque todos en casa estaban emocionados por el evento, yo solo pensaba en una cosa: Ale.
Mi hermana, Dahiana, era la primera en mostrar su entusiasmo por el concierto, mientras yo, por dentro, estaba igual de emocionado, pero no por la razón que todos pensaban. Para mí, el día siguiente representaba mucho más que un simple espectáculo. Era la oportunidad de que Ale finalmente conociera a mis padres, el paso que marcaría el inicio de una nueva etapa, al menos eso esperaba.
Después de clases, nos reunimos con Nelson y Nadia en el parque como siempre. La tarde se desarrolló con la normalidad de esos días. Pero algo cambió cuando Nadia, con esa mezcla de timidez y emoción, nos reveló que estaba saliendo con Mihael, un ex compañero mío. En ese momento, me sorprendió que ella, tan reservada, decidiera compartir algo tan personal. A pesar de que Mihael siempre había sido un chico superficial, me sentí obligado a apoyar a Nadia. Ale, en cambio, no ocultó su incomodidad. Vi la sombra del celos en sus ojos, una emoción que, de alguna forma, entendía, pero que no podía evitar. A Nelson, por su parte, parecía no importarle nada, lo que solía ser su respuesta ante todo: su actitud relajada era su manera de evitar enfrentarse a las emociones de los demás. Su broma de morir solo con 50 unicornios fue una tentativa de desviar la atención de una tensión palpable.
26 de abril. El día del concierto.
La mañana de aquel jueves fue caótica desde el principio. La lluvia torrencial que cayó durante la mañana me dejó sin aliento. Decidí no ir a clases, lo que no podía imaginar era lo que me esperaba más tarde. Sabía que Ale iba a ir al concierto, y lo último que quería era que su día se viera opacado por un error mío.
Me arreglé en cuanto pude, tratando de concentrarme en algo que no fuera el miedo que se apoderaba de mí. A las 5:30 pm, la lluvia comenzó a intensificarse, y con ella, mi ansiedad. Tenía que encontrar a Ale antes de la cena, tenía que hacer todo lo posible para que esa noche fuera especial. Pero el destino, como siempre, tenía otros planes.
Cuando el reloj marcó las 6:20 pm, empecé a preocuparme. No la había visto llegar, y mi teléfono permaneció en silencio. Sin poder esperar más, traté de llamarla. Pero el celular de Ale estaba apagado. Un nudo en el estómago se formó al instante.
De repente, la llamada entrante que jamás había querido recibir. El número que apareció era el de su padre.
"Hola?" la voz de su padre sonaba apagada, como si estuviera luchando por mantener la calma. Pero algo en su tono me heló la sangre.
"¿Pasa algo? Está Ale en su casa?" pregunté, mi voz temblando, ya presentía lo peor.
"Alejandra tuvo un accidente. Estamos en la ambulancia, llegando a sala de emergencias", respondió su padre, y las palabras se quedaron flotando en el aire, como un peso que no podía levantar.
Me caí al suelo, el celular resbaló de mis manos. Mi corazón dejó de latir. En un instante, todo lo que había significado algo se derrumbó. Las lágrimas no tardaron en salir. Mi mente se perdió en una espiral de pensamientos oscuros y aterradores. ¿Cómo había dejado que esto pasara? ¿Por qué no la había buscado antes, como había prometido?
Me ahogaba en la culpa. Recordé nuestras peleas, nuestras risas, esos momentos que ahora se sentían tan lejanos. Cada palabra, cada gesto, parecía irremediablemente tonto ahora, cuando lo único que importaba era ella. El mundo parecía haberse detenido, y todo lo que deseaba era que ella estuviera bien.
"¿Qué pasará ahora?" pensaba sin cesar. No podía dejar de repetir esa pregunta, atrapado en la angustia de lo desconocido.
No llamé a sus padres, no podía hacer nada que no fuera sentirme impotente. La noche llegó, pero mi mente permaneció atrapada en la imagen de Ale, desvaneciéndose en la oscuridad mientras yo me hundía en la culpa. No sabía si ella iba a despertar, ni cómo podría seguir adelante si algo le pasaba.
Solo me quedé allí, sin fuerzas para moverme, sin respuesta alguna. El sueño finalmente me alcanzó, pero no tenía paz. Mi mente seguía siendo un caos. Todo había cambiado en un segundo. Y ahora, no sabía cómo enfrentarlo.
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Distancias.
Teen Fiction"Distancias" es un viaje íntimo a través de los recuerdos, los encuentros y los silencios que marcan a fuego el alma. Dan, un joven atrapado entre la nostalgia del pasado y el vértigo del presente, nos guía con voz sincera y vulnerable por los momen...
