Al verla así, algo dentro de mí se quebró. El dolor en mi pecho se intensificó al recordar los momentos compartidos con Nadia. Recordé el primer día en que nos conocimos, cuando éramos niños y todo parecía más simple. Recuerdo cómo nos reíamos jugando juntos, cómo Nadia siempre destacaba por su arrogancia, hablando de sus notas perfectas y su vida impecable. Parecía una chica invulnerable, alguien que jamás podría estar rota. Pero allí, frente a mí, estaba su cuerpo inerte, prueba de que todo lo que había construido había sido una fachada.
Una chica como Nadia nunca haría algo así. Ella no podría haberse quitado la vida, ¿verdad? Esa era la pregunta que no dejaba de martillar en mi cabeza. ¿Por qué? ¿Qué la había llevado a este punto? ¿Qué estaba sucediendo en su vida que ninguno de nosotros había notado? Me atormentaba pensar que no había visto las señales, que no había estado ahí cuando más lo necesitaba. De alguna manera, me sentí culpable, como si hubiera fallado.
De repente, sentí una mano en mi hombro. Era el padre de Nadia, su rostro marcado por el dolor y la tristeza. No podía entender cómo estaba tan calmado, pero al mismo tiempo sabía que el dolor lo devoraba por dentro. Con voz baja y temblorosa, me entregó una nota. Dijo que Nadia había dejado algo para mí: su diario. Me explicó que en él encontraría las respuestas que buscaba, pero que ahora no podía entenderlas, no en este estado de shock. Me pidió que lo leyera cuando estuviera más relajado, cuando el golpe de la realidad ya no fuera tan aplastante.
Tomé el diario en mis manos, pero no lo abrí de inmediato. Estaba completamente desorientado, sumido en el caos de mis pensamientos. Pasaron los días, y me dejé llevar por la marea de mi vida. Había tomado un nuevo rumbo, y la verdad es que el diario de Nadia pasó a un segundo plano. Con el paso del tiempo, las preguntas quedaron en el aire, suspendidas en un limbo que ya no me parecía tan urgente.
En cuanto a Alba, la relación con ella tampoco estaba funcionando. No podía seguir ocultando lo que realmente sentía. A veces me preguntaba si alguna vez había estado realmente interesado en ella, o si solo estaba buscando algo que llenar, algo que me distrajera de los recuerdos. Ella no era el tipo de persona que buscaba, pero no quería admitirlo. No quería lastimarla, pero sabía que no podía seguir viviendo una mentira. Me cansaba de tenerla a mi lado, y ni siquiera quería besarla. Había algo dentro de mí que gritaba por liberarme, por ser honesto, por decir la verdad.
En 2014, decidí cambiar mi rutina, así que me mudé al turno mañana en el colegio. Pensé que era una buena forma de dejar atrás lo que había sido. Pero incluso con el tiempo que pasaba con Alba, la sensación de aburrimiento solo crecía. Ella no lo entendía. Un día, después de mucho silencio, tuvimos una discusión que terminó colmando mi paciencia.
• Deberías dejar de leer ese estúpido diario, no conseguirás nada —dijo Alba, claramente irritada. El tono de su voz no me ayudaba a mantener la calma. Estaba molesto, pero intentaba mantener la compostura. Al principio no respondí, pero la tensión crecía cada vez más.
• Este estúpido diario podría darme la respuesta a la muerte de una de las tres personas más importantes de mi vida, así que cállate —le respondí, mi voz más dura de lo que quería, mientras la rabia comenzaba a tomar control. No podía soportar que alguien me dijera qué hacer con algo que aún no entendía por completo.
• Que sepas por qué murió no traerla de vuelta —dijo ella con tono triste, casi como si quisiera consolarme, pero las palabras caían como piedras. Y por un momento, casi me lo creí, casi sentí que lo que decía tenía algo de razón.
Pero mi mente no podía procesarlo. La angustia que sentía no podía ser calada por palabras vacías. Así que, sin pensarlo mucho, respondí con lo único que podía decir en ese momento.
• ¡Al carajo, déjame en paz! —grité, las lágrimas amenazando con salir, pero me las tragué rápidamente. Me sentía impotente, incapaz de manejar lo que estaba ocurriendo dentro de mí.
Esa noche, la discusión continuó. Y, al final, me di cuenta de que la relación había llegado a su fin. Sin más palabras, sin más explicaciones, simplemente se terminó. Fue tan fácil como un cierre abrupto de una puerta que no quería abrir. Después de casi seis meses, todo lo que habíamos sido se desmoronó en unos pocos minutos. Sin muchas palabras, sin ningún tipo de despedida emotiva, solo el vacío que quedaba entre nosotros.
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Distancias.
Teen Fiction"Distancias" es un viaje íntimo a través de los recuerdos, los encuentros y los silencios que marcan a fuego el alma. Dan, un joven atrapado entre la nostalgia del pasado y el vértigo del presente, nos guía con voz sincera y vulnerable por los momen...
